Poseidón y Apolo

RoqueMesaFIRMA DE SHARK GUTIÉRREZ | Las similitudes entre Grecia y Gran Canaria son más de las que puedan parecer en un principio. Una de ellos son sus orígenes, pese al lógico anacronismo temporal que soporta tal comparación. Ambos creían en los dioses: mientras que los griegos destinaban sus oraciones dirigidas hacia el Oráculo de Delfos, las primeras tribus aborígenes de origen bereber que poblaban las islas antes de la conquista castellana lo hacían en el interior de cualquier monumento de la naturaleza. Unos usaban templos y otros aprovechaban las cuevas de cada rincón que encontraban en la volcánica isla. Pero ahí acaba toda comparación histórica, pues las evoluciones de unos y otros poco tienen que ver más allá del espectro político-social que envuelve a ambas realidades.

Sin embargo, y volviendo a la época de los antiguos dioses, helenos y canarios están vinculados por la creencia en Apolo y Poseidón, un dúo mitológico que habitaba en un templo llamado Oráculo de Delfos. En Gran Canaria bien podrían llamarse Roque Mesa y Tanausú Domínguez, centrocampistas de la tan cacareada Unión Deportiva Las Palmas. Salvaguardando el ostensible paso del tiempo, sus características les unen más que les separan.

Antes de convertirse en Poseidón, Roque Mesa fue tan mortal que no dio el verdadero salto al fútbol profesional hasta los 24 años. Con 15 llamó la atención de un agente que le consiguió unas pruebas con el Levante. Allí estuvo casi cuatro años, trabajando codo con codo junto a futbolistas de la talla del sevillista Vicente Iborra. Con 19 se marchó al Tenerife, donde no duró sino seis meses antes de que regresara a Gran Canaria, su casa. Aunque la Unión Deportiva, siempre atenta a los jóvenes jugadores que crecen en la isla, no pasaba por los mejores momentos institucionales cuando Roque fichó por los valencianos. Se le volvía a escapar, como en su día pasó con David Silva, otro futuro talento. Así que cuando el equipo de su isla le llamó a filas él no dudó un instante. Como pasa con las deidades en ciernes, Roque no bullió las olas hasta que subió al primer equipo, en 2011, para ser un revulsivo agitador de encuentros. Jugaba 15, 20 o incluso cinco minutos, pero ya se sentía parte de la primera plantilla. Esa experiencia adquirida le hizo ayudar al filial grancanario a ascender de categoría en la 2013/14. Así, hasta 2014 Roque no formó parte de la primera plantilla amarilla como miembro de pleno derecho. Fue en noviembre de ese año cuando inició su despegue hacia las alturas de la iconoclasia de los aficionados amarillos. Extremo, volante e interior por el costado derecho, la capacidad de ser omnipresente, estar en todas partes y de exhalar ese penúltimo aliento cuando todos ya han agotado sus energías, es lo que siempre caracterizó al jugador amarillo. Su potente tren inferior le da estabilidad y su corta estatura no le impide infundir temor en los rivales. Tanto es así que, cuando la UD empezó a sentir el cansancio, tras una primera vuelta vertiginosa y efectiva, Roque salió a contracorriente y a tirar él solo de un colectivo que no respondía. Fue así que la Unión Deportiva Las Palmas se recuperó en la parte final, casi lo justo para clasificarse para unos play-offs tildados de agónicos ante Valladolid y Zaragoza. Por supuesto, como buen aprendiz de Poseidón, volvió a agitar las aguas en contra de sus más fieros rivales al estar involucrado en la batalla final por el ascenso. El equipo ganó 2-0 y Roque había puesto la penúltima piedra que haría levitar a los amarillos hasta la cima deseada. No sorprende pues, como el dios grancanario que es, que Roque esté ofreciendo su mejor versión. Su lucha contra la adversidad, el pundonor, son sólo accesorios a su carácter, algo que completa con una gran lectura de juego, unas conducciones casi definitivas y que ayudan a asentar a la Unión Deportiva Las Palmas en campo contrario. Y todo ello gracias a Quique Setién, quien le ha dado potestad para suplir a Javi Castellano o Vicente y así dotar de un mayor pragmatismo a un equipo plagado de lesionados y lagunas defensivas a partes iguales.

Tana

Poseidón no se entiende sin Apolo, como ‘Tana’ no se entiende sin Roque Mesa. Son diferentes, aparecieron de distinta manera y en diferente tiempo, estableciendo sólo su nexo en su punto final, pero parece que, únicamente por el camino y el resultado de su unión, merecía la pena la adversidad. Mientras Apolo era, después de Zeus, el dios más laureado de toda la mitología griega, Tanausú Domínguez es la otra deidad de Setién, quien se maneja como Zeus en las huestes canarias. El técnico cántabro ha sabido ver en ‘Tana’ algo que parecía perdido en algún universo paralelo: su confianza. Porque, entre otras cosas, a ‘Tana’ sí que se le esperaba desde hacía tiempo. En el Torneo de Brunete de 2002 aparecía, entre todos los niños grancanarios que portaban la camiseta amarilla, como uno de los más destacados. Siempre pareció diferente, distinto, pero con un patrón similar al de todos los jugadores que salen del fútbol base canario: corta estatura, gran finura en el gesto técnico y una brillante capacidad asociativa. Más que una deidad a la que someterse, él parecía ser de los que creían en los dioses más que en sí mismo.

Una auténtica Ilíada personal la vivida por el menudo futbolista que, aun peregrinando por equipos de categorías inferiores a su calidad, veía su estrella apagarse desde 2013. Entre lesiones y falta de confianza, ‘Tana’ estaba abocado a buscar un nuevo peregrinaje… Hasta que su Zeus particular le rescató al Olimpo de Delfos en la isla redonda. Empezó a tener lo que siempre le había faltado y siguió demostrando, pese a la mirada escéptica de algunos, que podía brillar con luz propia. Influyente y venerado como cualquier canterano que salta al Estadio de Gran Canaria, como si todo el pueblo creyera en que un Dios pudiera ser mortal, ‘Tana’ es un elemento fundamental para el entrenador. Su finta más heroica, su capacidad para retener la pelota, su cuota de apariciones para que Willian José y Viera se lleven los aplausos, hacen de este Apolo capitalino alguien imprescindible en la resurrección amarilla. Ha dejado de ser humano para ser mitológico, un héroe a recordar con cariño cuando se hable del 10 del pueblo.

No sé si es porque el Estadio Gran Canaria vive, per sé, un drama griego cada dos fines de semana; si es porque recurrimos a lo divino cuando lo terrenal no funciona; o si es que, simplemente, presenciamos a nuestros verdaderos ídolos sobre el verde, pero lo cierto es que hoy veremos la batalla de dos dioses locales contra una constelación de galaxia blanca rimbombante en brillo pero oscurecida por los resultados. Eso sí, si algo tenemos claro los que vivimos en este pequeño paraíso es que el Real Madrid tendrá que emplearse muy a fondo para derrotar a un equipo que tiene a Apolo y Poseidón consigo, casi como en la 2001/02.

Shark Gutiérrez es especialista en fútbol alemán.

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