Las bestias de Berizzo

DanielWassJULIÁN CARPINTERO | Cuando a principios del pasado mes de junio Krohn-Dehli llegaba a un acuerdo para jugar en el Sevilla durante esta temporada y la siguiente, el Celta perdía al que, seguramente, había sido su jugador más regular en las últimas campañas. Un interior versátil, capaz de jugar por cualquiera de las dos bandas o en la media punta, imaginativo, técnico y con una tremenda facilidad para hacer mejores a Nolito, Orellana y compañía. No en vano, si la marcha del danés iba a ser difícil de cubrir, en enero abandonaba la nave celeste Augusto Fernández, otro de los puntales del equipo de Berizzo, que escuchó la llamada de Simeone para apuntalar la medular rojiblanca dejando al Celta huérfano de su sentido táctico, su despliegue físico y su capacidad de liderar a un vestuario que estaba cuajando una primera vuelta fantástica. Sin embargo, y a pesar de que ambos parecían insustituibles, el buen ojo de Miguel Torrecilla le brindó al ‘Toto’ dos alternativas de un perfil similar que amenazan con superar el rendimiento de sus predecesores.

Que el Celta es un equipo distinto es una realidad innegable. Únicamente Villarreal y Eibar podrían discutirle a los vigueses el honor de ser la plantilla más irreverente y atrevida de una Liga que vive a caballo entre el virtuosismo del Barça, el estajanovismo del Atlético y la insoportable levedad del Real Madrid. Los de Berizzo, que se mantuvieron invictos durante las ocho primeras jornadas y han llegado hasta las semifinales de la Copa del Rey, llevan varios años mostrando unas señas de identidad muy definidas basadas en la capacidad de improvisación de sus extremos, la mentalidad ofensiva de Hugo Mallo y la variedad de recursos de los puntas. No obstante, la vistosidad de estos planteamientos no tendría cabida sin la labor que realizan los hombres que pueblan el centro del campo ‘celtiña’, un trivote formado por Marcelo Díaz, Wass y Pablo Hernández que, en una escuadra tan visceral, hace las veces de corazón, pues su función no es otra que bombear, equilibrar y marcar el ritmo hasta el punto de que en el momento en que falla todo se viene abajo.

Ha sido el último en llegar, pero un par de choques le han bastado para dejar claro que va a ser indispensable en Balaídos en las próximas temporadas. Marcelo Díaz (Santiago de Chile, 1986) apenas rebasa los 165 centímetros, pero es el ancla que necesitaba Berizzo. Forjado en el vivero de talentos de la Universidad de Chile, el internacional con La Roja —la auténtica, no la impostada— es mucho más que un perro de presa que se dedique a recuperar balones y marcar al hombre. Lejos de esa percepción, Díaz ha dejado huella allá por donde ha pisado, empezando por la propia U hasta terminar en el HSV pasando por Basilea. “Es uno de esos jugadores de los que más se habla cuando no están. Porque cuando aparece sobre el césped las cosas suelen ir bien. Entonces Vargas y Alexis hacen goles decisivos y Vidal asume protagonismo y gana en libertad y llegada. Incluso la defensa parece más segura”, escribía de él el diario MARCA en octubre de 2013. Figurar en el equipo ideal de la Copa de América que su selección ganó ante Argentina el pasado verano no parece una simple casualidad para un trabajador valiente, consciente de sus limitaciones y con una precisa pierna derecha que le permite buscar los desplazamientos en largo e incluso botar las jugadas a balón parado. Emery y Mendilibar pueden dar buena cuenta de ello.

MarceloDíaz

En este contexto, tampoco ha hecho falta mucho tiempo para darse cuenta de que Marcelo Díaz iba a tener en Wass (Gladsaxe, 1989) a un socio de excepción. Porque el danés nunca tuvo reparos en tirar a cabezazos la puerta de la titularidad en el conjunto gallego. Primo del que fuera delantero de Elche y Rayo Nickie Billie, este todoterreno criado en el Brøndby saboreó en el Evian francés las mieles de un éxito que se le resistió en el Benfica, donde ni siquiera llegó a debutar. No obstante, en el cuadro alpino —en el que coincidió con un buen número de compatriotas (Andersen, Poulsen, Kahlenberg) — demostró estar capacitado para llevar las riendas del juego haciendo gala de una polivalencia y un físico que en una misma jugada le permiten despejar un balón en su propia área para, segundos después, finalizar la jugada en la meta contraria. Estas características, unidas a una gran calidad en el golpeo del balón, hacen de Wass uno de los centrocampistas más completos de Primera división. Cinco asistencias y dos goles en 24 partidos —sólo se perdió el 3-0 contra el Rayo, cuando Berizzo reservó a varios titulares para la vuelta de la Copa— dan fe de ello.

La zona nuclear del equipo de Berizzo, con Radoja y Borja Iglesias en la recámara, la completa ‘El Tucu’ Hernández (Tucumán, 1986) que, del mismo modo que Marcelo Díaz, fue una petición expresa de Berizzo, con el que coincidió en su etapa en O’Higgins. En este sentido, aunque llevan poco tiempo jugando juntos y aún tienen que acoplarse entre ellos, lo cierto es que los tres tienen muy interiorizado lo que el preparador argentino espera de ellos: brega y garra, calidad y clase, físico y potencia. De este modo, el Celta se convierte en un equipo muy difícil de batir cuando ellos tienen el día, ya que no sólo abarcan muchos metros del campo, sino que se suman al ataque con peligro y saben bien lo que se hacen cuando el balón cae en sus botas. Y, lo que era más difícil, han conseguido que en Balaídos nadie eche de menos la figura imperial de Augusto ni el genio de Krohn-Dehli.

26/02/2016

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