‘La grande-gueule’

SergeAurierSERGIO MENÉNDEZ | “Jugar en el Paris Saint-Germain, con la cantidad de jugadores excepcionales que hay en este vestuario, es un sueño de la infancia hecho realidad. Me entregaré al máximo para ayudar al equipo a alcanzar la cima. Después de participar en un Mundial por primera vez en mi vida, está siendo un verano fantástico. Me gustaría agradecer a los directivos del club la confianza que han demostrado en mí”. Parece que fue ayer cuando Serge Aurier recogía de manos de Nasser El-Khelaïfi, presidente del PSG, su nueva camiseta como jugador del club francés. Corría el 23 de julio de 2014 y el futbolista posaba ante las cámaras con el dorsal ’19’ con una sonrisa de oreja a oreja, que en el caso del lateral costa marfileño vendría a significar algo así como el paroxismo de la amplitud.

Lo hacía después de tres temporadas militando en el Toulouse, club al que llegó a principios de 2012 procedente del Lens, su primer equipo como futbolista profesional, que el verano anterior había consumado su descenso a la segunda división francesa. Fuerte, ágil y rápido, este portento físico y maxilar llegaba a la ciudad de la luz tras finalizar una campaña en la que había disputado un total de 34 partidos y firmado seis goles y otras tantas asistencias, lo que, además, le confirmaba como un lateral de largo recorrido y una pegada extraordinaria. En lo que a su participación en el Mundial se refiere, si bien Costa de Marfil protagonizó junto con España, Italia, Inglaterra o Portugal uno de las papeles más decepcionantes de Brasil 2014 tras su eliminación en la fase de grupos, donde incluso se vio superada por Grecia, lo cierto es que Aurier fue de las honrosas excepciones que dejó el combinado de Sabri Lamouchi en el plano individual.

No se trataba de un traspaso, en realidad, sino de una cesión con opción de compra a final de temporada por la que el PSG abonó al Toulousse una cifra cercana a los 10 millones de euros. A juzgar, de hecho, por los elogios que el jugador y el máximo mandatario del PSG se dedicaron entre sí el día de la presentación, bastante mal lo tenía que hacer el bueno de Aurier para no quedarse. “Serge Aurier, una grandísima promesa del fútbol mundial por la que pujaban los clubes más importantes del mundo, ha elegido el Paris Saint-Germain para consolidarse. Estamos especialmente contentos de dar la bienvenida a este joven futbolista a nuestro equipo”, declaraba en su momento el multimillonario catarí sobre la contratación del joven talento de Ouragahio. Entonces todo eran buenas palabras.

Llegó el mes de abril y, efectivamente, sólo a falta de unas semanas para que concluyera la temporada, el PSG decidió ejercer la opción de compra de Aurier. Jugador y club, como es lógico y habitual, se volvieron a recrear en lo felices que estaban con el acuerdo. “El proyecto del PSG es excepcional. Estoy disfrutando de esta temporada, tanto a nivel individual como colectivo. Estoy muy orgulloso de que el club muestre esta confianza en mí. Voy a seguir progresando para ayudar al equipo a llegar a lo más alto, tanto en Francia como en Europa”, comentó el futbolista. Nasser Al-Khelaïfi, por su parte, se mostró también muy satisfecho con la incorporación. “Aurier es un jugador con un enorme potencial. Al igual que sus jóvenes compañeros de equipo, representa el futuro del PSG. Era lógico ejercer la opción de compra. El proyecto del club continúa, en especial en nuestra política de conservar a nuestros mejores jóvenes. Serge se convertirá en una pieza fundamental en el equipo en un futuro”, dijo. ¿Quién se iba a imaginar, ante semejante despliegue de muestras de afecto y admiración, el giro que iba a dar la relación entre las dos partes cuando ni siquiera se ha cumplido un año de esas declaraciones?

El detonante de la crisis se produjo, irónicamente, el 14 de febrero, San Valentín. ‘Día de los enamorados’, al parecer. Impostadas o no, quiso la casualidad, mira por dónde, que en una fecha especialmente concebida para las exhibiciones de amor, Serge Aurier decidiera cambiar las flores por mierda y echársela por encima a su actual club. ¿Cómo? A través de un vídeo que salió a luz, precisamente, el pasado domingo, en la red social Periscope, en que Serge Aurier, en una escena al más puro estilo Snoop Dogg, aparecía contestando a las preguntas de un amigo sobre el momento que atravesaba el equipo cuando el defensa aprovechó para dedicar unas palabras a su entrenador y varios compañeros de vestuario. A Laurent Blanc, por ejemplo, le llama maricón, mientras que de Di María dice que es un ‘payaso’. “¿Trapp o Sirigu?”, le pregunta su humoso interlocutor, a lo que Aurier contesta sin titubear que se quedaría con el meta alemán, que el italiano “está quemado”. Sin embargo, no queda ahí la cosa, pues se atreve incluso con Zlatan Ibrahimović. No se sabe si en una muestra de temeridad o de desconocimiento hacia sus magníficas dotes en artes marciales, después de dejar caer que es niño mimado de Blanc y que tiene al técnico galo “cogido por los huevos”, el insensato de Aurier llega a decir del sueco, no sólo que no le intimida, sino que debería ser el zíngaro quien se ande con cuidado. “¿Has visto mi cara? No me importa de dónde viene él, pero nosotros somos de Sevran, comentaba en el vídeo, haciendo alusión a este suburbio parisino, núcleo principal de los disturbios que la capital francesa vivió en noviembre de 2005 a raíz de la muerte de dos ciudadanos de origen africano durante una persecución con la policía.

De momento, la gracia le ha costado al jugador, no sólo una multa de 180.000 euros, sino también una sanción disciplinaria por parte del club, que le ha apartado del primer equipo, obligándole a entrenarse con el filial lo que resta de temporada, además de la indignación de su técnico y compañeros. En especial de Laurent Blanc, que en la rueda de prensa previa a la ida de octavos de final de la Champions League contra el Chelsea se lamentaba de los esfuerzos que hizo en su día ante la directiva del club para retener a Aurier, a quien considera un desagradecido. No es la primera vez, sin embargo, que al africano le pierde la boca. El año pasado, sin ir más lejos, fue suspendido por la UEFA por tres partidos después de calificar de ‘hijo de puta’ al árbitro que dirigió, precisamente, el Chelsea-PSG de la pasada edición de la Liga de Campeones. Antecedente que, unido a sus últimos excesos verbales, ponen en evidencia que Aurier —un muchacho que, si acudiera al programa de Los Simpsons de ‘Personas que se parecen a cosas’, le colocarían al lado de una caja registradora— no es sólo un joven de mandíbula prominente, sino un verdadero bocazas. En francés, una ‘grand-gueule’.

19/02/2016

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