El Renacido

ClaudioRanieriSERGIO MENÉNDEZ | Se conoce como ‘frontiersman’ a los miembros de las expediciones que, a lo largo del siglo XIX,  cuando Estados Unidos reunía en su mapa de coordenadas un sinfín de territorios sin explorar, se dedicaban a recorrer las zonas montañosas del norte del país en busca de lugares donde establecer nuevos asentamientos. En su mayoría de origen caucásico, armados de cuchillos y rifles, cubiertos de pieles para protegerse de la nieve, el hielo y las bajas temperaturas, solía tratarse de cazadores con alma de colonos que habitaron, fundamentalmente, a lo largo de la cuenca del río Misuri, en los estados de Montana, las dos Dakota y Nebraska.

Hugh Glass es, seguramente, el ‘frontiersman’ más famoso de todos los tiempos, gracias a un extraordinario ejemplo de supervivencia que le convirtió en leyenda. Su historia tuvo lugar en agosto de 1823 y comenzó con el brutal ataque de un oso que le dejó malherido. Abandonado a su suerte por el resto de miembros la expedición, que huyeron al ser sorprendidos por un grupo de nativos mientras esperaban a que muriera para enterrarlo, Glass desafió todos los pronósticos, se repuso de sus heridas y completó el viaje de vuelta a la civilización. Y, pese a que no pudo vengarse de los compañeros que le dejaron tirado, su hazaña ha servido de inspiración a escritores como Mark Twain o, en ultima instancia, a Alejandro González Iñárritu, el director de cine mexicano que hoy, viernes 5 de febrero, víspera de los Goya, casi 200 años después de aquel episodio, estrena “The Revenant” —en castellano, El Renacido”, su esperada nueva película, basada en la experiencia del mencionado Glass, en lo que constituye el enésimo intento de Leonardo Di Caprio por conseguir el Oscar y, por qué no, ilustra el dulce momento que Claudio Ranieri, actual entrenador de Leicester City, está viviendo en la Premier League.

Hace ya más de diez temporadas que el técnico romano se despidió de Valencia. Lo hizo, como suele ser habitual en Mestalla, entre silbidos y peticiones de salida a cargo de su propia afición. Corría el mes de febrero de 2005 y el equipo acababa de ser eliminado de la extinta Copa de la UEFA, competición en la que habían recalado después de quedar terceros en la fase de grupos de la Champions League, sin opciones de clasificarse para octavos de final. La derrota en los penaltis frente al Steaua de Bucarest fue la gota que colmó un vaso que se empezó a llenar en el momento en que cayeron ante el Zaragoza en la Supercopa de España, un golpe que la plantilla aliviaría a los pocos días ganando al Porto en la final de la otra Supercopa, la de Europa. A ello se le sumaron la eliminación en Copa del Rey frente al Lleida a partido único y el fiasco en la competición continental. Fracasos difíciles de asumir para una institución que venía de conquistar Liga y UEFA de la mano de Rafa Benítez y que supusieron la destitución de Ranieri, que en su primera etapa dirigiendo al Valencia, entre 1997 y 1999, procedente de la Fiorentina, hizo al club campeón de la Intertoto y de la Copa. Inmediatamente después, se precipitó a la Segunda división con el Atlético de Madrid y condujo al Chelsea a las semifinales de la Liga de Campeones. Eran los primeros compases de la montaña rusa de éxitos y fracasos que definen su carrera como técnico.

Puede que fuera la sucesión de alegrías y decepciones lo que llevó a Ranieri a adoptar ese gesto tan adusto y mostrar esa actitud tan poco dada a las celebraciones que le define. Quizá temeroso ante la posibilidad de que un nuevo traspiés le haga caer en desgracia otra vez, el hecho es que, tras disfrutar de suerte dispar en Parma, Juventus, Roma, Inter, Mónaco o la selección nacional de Grecia, a la que fue incapaz de clasificar para la próxima Euro, el destino le reservaba un respiro en Leicester. Superada la primera mitad del campeonato, sólo una temporada más tarde de ascender a la máxima categoría de la liga inglesa, con Jamie Vardy y Riyad Mahrez en estado de gracia y líderes en la tabla, Ranieri ha despejado las dudas de Gary Lineker, Harry Redknapp y otras voces autorizadas de la profesión arrojaron a principios de temporada sobre su contratación. Incluso, el italiano ha comenzado a ironizar con la posibilidad no tan remota de guiar a la expedición del Leicester hacia los confines de la Premier League y terminar campeones, algo tan impensable hace unos meses como que un técnico al que la mayoría daba por muerto pudiera volver a renacer de la forma en que Ranieri lo ha hecho.

05/02/2016

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