Una bola extra para Rossi

rossi-levanteSERGIO DE LA CRUZ | El mundo del tenis aporta una máxima que tiene por expresión ‘una más’. Alude a la perseverancia para buscar siempre el último raquetazo, aun en situaciones claramente desfavorables. Se trata, en definitiva, de obligar al rival a aniquilarte, si no queda más remedio. Que, en todo caso, la pérdida del punto no se produzca por bajar los brazos. Obligar al verdugo a ahorcarte con varias sogas porque puede llegar el momento en el que titubee. Y por ahí llega la victoria.

No hace falta ser tenista para ejercer esta defensa numantina a pequeña escala. Tampoco es indispensable tener que proteger un punto. Se trata de una norma de comportamiento transferible a cualquier deporte y, por supuesto, a cualquier instante de nuestras vidas. Que se lo digan a Giuseppe Rossi.

En el anodino mercado de fichajes de este invierno, el italiano agitó brevemente las aguas de la actualidad futbolera española con su sorprendente regreso al Levante. Más de cuatro años después de esa maldita noche de octubre de 2011 en la que se hizo trizas los ligamentos de la rodilla derecha en un choque con Xabi Alonso en el Santiago Bernabéu, convirtió un Levante-Las Palmas en un acontecimiento. Y consiguió que no pocos se hicieran ‘granotas’ durante 90 minutos y esperaran con ilusión su salida desde el banquillo. El trabajo y el talento bien lo merecían.

Para el aficionado español, ‘Il Bambino’ es un viejo y agradable conocido, un ejemplo de profesionalidad y saber hacer, de buen gusto por el fútbol. Otro éxito de esa Dirección Deportiva, la del Villarreal, que sería capaz de encontrar hielo en el Sol. Con su llegada al equipo que por aquel entonces dirigía Manuel Pellegrini el italiano daba un salto al vacío. No era el primero: con 14 años, dejó Nueva York para aterrizar en el país de sus padres y triunfar en su fútbol. A los 17, llamó suficientemente la atención de un tal Alex Ferguson, que se lo llevó a Manchester sin dudarlo. Superado por la entidad de Old Trafford, probó suerte sin éxito en Newcastle y Parma. Buscó ‘una más’ y el matrimonio con Castellón de la Plana fue perfecto.

Anotó 47 goles en sus primeras tres temporadas y en la cuarta rompió la banca con 32 tantos en una memorable delantera formada con Nilmar. Asomaba el curso 2011/12 y, después de no jugar el Mundial, la Eurocopa aparecía en su horizonte, justo cuando alcanzaba el mejor momento de su carrera. Y la fatalidad se cebó con él en forma de ligamentos rotos. Hasta tres veces —octubre de 2011, abril de 2012 y enero de 2014— se vio fuera del césped, con el agravante de una recaída en la última lesión.

La Fiorentina asumió el riesgo de ficharle en el transcurso de su segunda lesión y Rossi tuvo tiempo de agradecérselo en el comienzo del curso 2013/14 con un ritmo goleador frenado, otra vez, por su maldita rodilla derecha. Hasta las Navidades, Rossi había metido 14 goles y era el ‘capocannoniere’ de la Serie A. Pero, sin lugar a dudas, el peor golpe se lo dio después la lista de Italia para el Mundial de Brasil, del que quedaba fuera. Su reacción, llena de rabia, la plasmaba a través de Twitter: “No me hagáis reír”. Meses después volvería a pasar por el quirófano para olvidarse —al menos eso espera— definitivamente de él.

También a través de la citada red social anunciaba la buena nueva: “¡Que bonito es jugar!”. Era julio de 2015, y tras un bagaje de cuatro grandes operaciones regresaba a los terrenos de juego. Pero el día a día fue bastante más amargo y cerró la primera vuelta con un papel secundario. Con casi 29 años, no se lo pensó dos veces cuando surgió la opción del Levante. Atrás quedaban tres años en los que sólo había podido jugar 41 partidos.

Mil seguidores se congregaron en Orriols para su presentación, y un anciano destacó por encima del resto, fundiéndose en un emocionante abrazo con el jugador. Era su peculiar manera de agradecer al italiano que les escogiera a ellos, de que les eligiera para darse a sí mismo una nueva oportunidad. Ésta llegó en el minuto 75 del partido ante Las Palmas, y a punto estuvo de venir con premio, en una cabalgada que le dejó solo ante Javi Varas. En el momento de la verdad, la falta de forma le jugó una mala pasada. “Llegué al final muerto, vi tres porteros”, diría después a los medios. Eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja puesta. Porque después de aguantar el peloteo hasta traspasar los límites de su cuerpo, ‘Pepito’ siente que esta vez el contrario ha estrellado la pelota en la red.

29/01/2016

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