Y Beckham falló tres veces

beckham-falloMARIO BECEDAS | Corría octubre de 2003. El Bernabéu aún escrutaba despacio el desembarco de David Beckham en sus filas y éste volvía a protagonizar la anécdota negativa con su Selección. No escocían tanto los fiascos de Inglaterra en la Eurocopa de 2000 y en el Mundial de 2002 como la pifia de su ‘7’ en la Copa del Mundo de 1998, celebrada en Francia. Su estúpida expulsión contra Argentina en cuartos siempre le seguía con los ‘pross’.

La ‘Pérfida Albión’ se enfrentaba a Turquía en la fase de clasificación para la Euro de 2004 y a nuestro hombre le tocaba lanzar un penalti que encarrilaba bastante la presencia de su equipo en Portugal. Lejos de pasadas maravillas con su mágico empeine derecho, Beckham le dio una buena patada a la tierra y mandó el balón a las nubes para pasmo de un repintado Rüştü, que tras el fallo corrió a abrazarle con fuerza.

La mofa nacional no fue poca y hasta Mr. Bean se descojonó. Pese a todo, la vida siguió su curso, Inglaterra se clasificó para el torneo y el capitán de los ‘Three Lions’ emplazó esta afrenta con sus compatriotas a lo que pasara en el verano de 2004. En la fase de grupos esperarían la inefable Francia de Zidane —en ese momento compañero de vestuario—, Croacia y Suiza.

La veda se abriría contra los galos. Inglaterra iba ganando el partido con gol de Lampard hasta que en el descuento ‘Zizou’ lo puso todo perdido de sangre. Tanto agónico del empate en el minuto 91 y victoria de penalti en el 93. Todo perfecto de no ser por un pequeño detalle: Beckham había vuelto a fallar un penalti. Cuando su equipo podía ponerse 2-0, Barthez le detuvo la pena máxima. Londres preparaba la picota.

Aún con todo, los ingleses se rehicieron del rejonazo y dejaron dos buenos encuentros ante Suiza (3-0) y frente a Croacia (4-2). Pasarían a cuartos de final —donde aguardaba la anfitriona Portugal— y su maltrecho capitán esperaba poder vengarse llevando a su equipo hasta una gloria desconocida: la europea. Ni qué decir tiene lo fatídico de esta previsión en el momento en el que el cuero echó a rodar en el Estádio da Luz.

Tres minutos y un clamoroso fallo de Costinha permitió a Owen abrir la lata: el sueño estaba más cerca. Portugal se mordía las uñas y Scolari retiraba a Figo y Miguel: protesta nacional. Sin embargo, como con Francia, a Inglaterra el partido se le hizo demasiado largo y un centro de Simão, que entonces no la ponía a la entrepierna, como hizo en el Atlético, le dejó el cabezazo franco a un Postiga que no falló. Se abría la puerta a una prórroga fatídica en la que Rui Costa y Lampard sólo hicieron más épica la igualada: aún existía ese engendro que llamaron gol de plata.

Cayeron los penaltis y los de Sven-Göran Eriksson abrían la tanda con su experto capitán. Beckham tenía la responsabilidad de marcar el camino a sus compañeros y romper el hielo. De una patada podía romper el maleficio con su Selección, apagar las burlas de los tabloides. Pero algo volvió a fallar, la bota tocó césped y el Roteiro salió volando hasta las manos de un gallego que andaba en la grada y que subastó el preciado balón en eBay: llegaron a ofrecer diez millones de euros, pero se vendió por cinco, de pesetas.

Sobra decir que la tanda acabó con el portero luso Ricardo parando a Vassell y metiendo el suyo, evitando heroicamente que la cara de Beckham dejara de estar pintada. El mediático Sir había marrado tres veces y nunca se recuperaría. No obstante, había vuelto a obrar el milagro de la mercadotecnia: nunca un penalti fallado costó tanto dinero.

25/01/2016

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