Boabdil de ébano

isaac_successSERGIO MENÉNDEZ |“Ser un jugador joven no le da derecho a nadie a mentir sobre mí. Sólo Dios conoce mi dolor. Buena suerte, equipo. Nadie conoce mi dolor ni lo que de verdad está pasando. Buena suerte, Granada. Dejad que la gracia de Dios os ilumine hoy, chicos”.

Este es el insólito mensaje con el que Isaac Success, delantero nigeriano del Granada, sorprendía en noviembre del año pasado a sus seguidores en Instagram. Resultaba extraño, al menos, si lo comparamos con el tipo de contenido al que sus compañeros de profesión nos tienen acostumbrados a la hora de actualizar sus perfiles en redes sociales. No tanto por el texto como por la imagen que lo ilustraba.

Si bien es cierto que las alusiones a su enigmático ‘dolor’ sonaban un tanto alarmistas, no dejaba de ser el típico mensaje con el que el ariete deseaba suerte a sus compañeros de equipo en el partido que ese fin de semana les enfrentaba al Rayo Vallecano. Las referencias a Dios tampoco es que aportaran una dosis de originalidad a sus palabras. No sería la primera ni la última vez que un jugador de fútbol solicitaba públicamente ayuda divina para facilitarse una victoria. En este sentido, pasando por encima el tono de su última frase, que bien podría haberla suscrito un telepredicador o la hermana Lucía Caram, el componente religioso es algo que figuras como Kaká o Juan Ramón López Caro elevaron a la categoría de clásico-básico en el discurso futbolístico.

La novedad residía, como decíamos, en la imagen, pues no es normal que los futbolistas muestren al mundo su fragilidad emocional. Todo lo contrario. Independientemente de que se circunscriban a su ámbito personal o estrictamente deportivo, las actitudes de suficiencia son la tónica en las imágenes que estos ídolos contemporáneos filtran de su día a día. De ahí lo excepcional del caso de Isaac Success, un valiente a quien el peso que supone llevar escrita la palabra ‘éxito’ en su partida de nacimiento no le impidió salir del armario de la impostura fotográfica cuando decidió bajar los pulgares, cambiar la sonrisa por los pucheros y dejarse ver a sí mismo llorando desconsoladamente en el asiento de su coche después de que el club decidiera apartarle del equipo y abrirle expediente después de que el africano se negara a viajar a Vallecas con el resto de la expedición nazarí alegando unos problemas en los isquiotibiales que ni su técnico, José Ramón Sandoval, ni el cuerpo médico del club consideraban lo suficientemente graves como para dejarle fuera de la convocatoria. Hasta semejante punto resultaba insólita la imagen que incluso hubo gente que pensó que Yisucrist, en lo que hubiera significado una deliciosa ironía bíblica, le había hackeado la cuenta de Instagram al bueno de Isaac.

Así de compungido se mostró Isaac Success en su cuenta de Instagram después de ser apartado del equipo por Sandoval.

Hace ya, como quien dice, un par de meses de aquéllo. Días después, en medio de rumores que anticipaban la posibilidad de que fuera traspasado al Betis en el mercado de invierno, el delantero se disculpó por su conducta ante entrenador, galenos y compañeros de vestuario, pagó el precio de su indisciplina y se reincorporó al día a día del equipo. Y lo cierto es que Success, cuyo inicio de temporada había inspirado alguna que otra duda sobre su rendimiento, parece haber madurado definitivamente. A su buen estado de forma ha contribuido en gran medida la colaboración de Peñaranda, un venezolano en el que Isaac ha encontrado la pareja de baile perfecta. Rápidos, talentosos y, sobre todo, jóvenes (la suma de las edades de ambos no llega a los 40 años), si no fuera por el enorme revulsivo que su sociedad ha supuesto en la dinámica de una plantilla con graves carencias defensivas, el equipo se habría precipitado en lo más hondo de la clasificación. En particular, en el caso de Success, que con 20 años recién cumplidos se ha echado un escudo y una ciudad a las espaldas, demostrando que, parafraseando a Boabdil, último rey de Granada, ha aprendido a defender como hombre lo que en su día lloraba como un niño pequeño.

20/01/2016

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