Ricchi e poveri

MarioBalotelliJULIÁN CARPINTERO | Corría el año 1990 cuando el trío italiano Ricchi e Poveri lanzaba al mercado su enésimo álbum, un trabajo que titularon ‘Buona giornata’, con cuyo single, además, participaron en el Festival de Sanremo. Apenas unas semanas después nacía en Palermo el tercer hijo de Thomas y Rose Barwuah, una pareja de inmigrantes ghaneses que tuvieron que trasladarse a Brescia y que, debido a una malformación en el intestino del pequeño y las dificultades para sacarle adelante, decidieron entregarle a los servicios sociales. Lo que por entonces nadie podía imaginar es que aquel niño que tanto había luchado para seguir con vida acabaría dando a Italia una de las noches más gloriosas que se recuerdan en la ‘Nazionale’.

El chico en cuestión, al que Francesco y Silvia Balotelli acogieron en su hogar, es hoy conocido a lo largo y ancho del planeta, tanto por sus destellos de magia sobre el césped como por las polémicas en las que siempre se acaba viendo envuelto: un incendio en su casa, una bronca con Mourinho, un accidente de tráfico, denuncias por racismo… ‘Why always me?’, se preguntó una vez a través de una camiseta azul celeste tras marcarle un tanto al United en el derbi de Manchester. Hasta ahora nadie, ni siquiera él mismo, ha sido capaz de hallar una respuesta. Sea como fuere, sus condiciones físicas y su depurada técnica parecían predestinarle a hacer grandes cosas dentro de un terreno de juego. Siendo apenas un adolescente, el precoz Mario recibió la llamada de Claude Le Roy para formar parte de la Selección ghanesa, el combinado del país de origen de sus padres biológicos, un ofrecimiento que el entonces delantero del Inter de Milán declinó con elegancia. Y es que el motivo no era otro que aquel chico negro tenía entre ceja y ceja convertirse en un referente de la ‘Azzurra’, un reto para el que tuvo que esperar a ser mayor de edad, pues la legislación italiana no le concedió la nacionalidad hasta que cumplió los 18 años. A causa de esa arista legal, Balotelli no había podido formar parte de las inferiores italianas. No obstante, su espera iba a merecer la pena.

2010 fue el año en que cambió todo. Durante esa campaña, el delantero ya fue una pieza habitual en las alineaciones del Inter que, con puño de hierro, dominó el continente con un triplete histórico, aunque en ese verano Mancini —el técnico que le había hecho debutar en la élite— pidió su fichaje para el Manchester City. En la otra perspectiva, se dio la circunstancia de que el fracaso de Lippi en el Mundial de Sudáfrica, donde la ‘Nazionale’ defendía su corona, precipitó la llegada al banquillo de Cesare Prandelli, que sería el gran valedor de ‘Super Mario’ en la Selección. De este modo, una de las primeras decisiones del que fuera entrenador de la Fiorentina fue convocar a Balotelli en su primera lista: cuatro días después, el punta se desvirgaba como internacional y se convertía en el tercer futbolista de ascendencia africana en jugar para Italia —después de Liverani y Ferrari—.

Spain v Italy - UEFA EURO 2012 Final

En este contexto, la anécdota de su debut ante Costa de Marfil dio paso a su asentamiento como pieza básica en los planes de Prandelli. Y eso a pesar de que la rutilante estrella del Man City fue incapaz de hacer un sólo gol en la fase de clasificación para la Eurocopa que se celebraría en Polonia y Ucrania en el verano de 2012. Aun así, Prandelli tuvo la perspicacia suficiente como para mimar y motivar a partes iguales a un carácter pirotécnico como el de Balotelli, que portaría el ‘9’ de Italia en la cita continental. Y sería entonces cuando éste, que llegaba a la Eurocopa en el mejor momento de su carrera después de haberse proclamado campeón de una agónica Premier League, daría lo mejor de sí mismo. No en la fase de grupos, en la que fue titular en los duelos contra España y Croacia formando pareja con Cassano, dos choques en los que tampoco vio puerta; en cambio, en el decisivo Italia-Irlanda de la última jornada, ‘Super Mario’ salió desde el banquillo sustituyendo a Di Natale y en apenas 15 minutos marcó el 2-0 con el que la ‘Azzurra’ sellaba su pase a cuartos como segunda de grupo. Allí esperaría Inglaterra, que planteó un partido tan intenso como bello en el que Balotelli recuperó la titularidad y que el destino quiso que se decidiera desde los once metros. Con todos los ojos de Europa puestos sobre su nuca, el ‘9’ italiano asumió la responsabilidad de lanzar el primer penalti batiendo a su compañero de equipo Hart. El resto —es decir, un penalti a lo Panenka de Pirlo— es historia.

De este modo tan pragmático, tan italiano y, curiosamente, tan contracultural con lo que Prandelli y su Selección plantearon aquel mes de junio, la ‘Nazionale’ se plantó en semifinales de una Eurocopa casi tres lustros después. El rival no era otro que Alemania, la gran favorita en las apuestas, una orquesta capaz de armonizar a violinistas de la talla de Özil, Kroos o Reus con rockeros del estilo de Schwensteiger, Klose o Mario Gómez. Así, sin nada que temer y con el orgullo de haber levantado cuatro veces la Copa del Mundo, Italia saltó al césped del Estadio Nacional de Varsovia dispuesta a dejar boquiabierto a todo el continente. Y guiada por un brillante Cassano lo consiguió. Sobre el minuto 20, ‘Fantantonio’ bailó con Boateng y Hummels en la frontal del área germana y sacó un centro que Balotelli remató de cabeza anticipándose a Badstuber para batir a Neuer. Diez minutos después, el punta de raíces ghanesas aprovechó un pase de Montolivo a la espalda de la defensa alemana para fusilar con violencia al arquero del Bayern gracias a un disparo que sacudió las redes y dejó una estampa para el recuerdo, pues Balotelli sólo acertó a quitarse la camiseta e hinchar su trapecio con el rictus más serio que su mente pudo imaginar. Apenas unos segundos en los que, con su pecho al descubierto mientras sus compañeros corrían para abrazarle, inconscientemente envió al mundo el mensaje de que él no era como los demás, que podía reír cuando los demás lloraban y callar en el momento en que todos celebraban.

La montaña rusa que es su vida le devolvería a la parte de abajo sólo unos días después cuando en la final de Kiev España pasó por encima de los de Prandelli con un incontestable 4-0 que terminó con las lágrimas de un desconsolado Balotelli que, por fin, exteriorizaba unos sentimientos irrefrenables. Perdió la final y ni siquiera sus tres tantos le sirvieron para alzarse con la Bota de Oro, pero en Polonia y Ucrania todos descubrieron que detrás de ese ego indomable se escondía un niño capaz de poner el mundo a sus pies. Y es que, como en las letras de Ricchi e poveri, en Balotelli lo alegre puede ser triste y lo triste alegre.

18/01/2016

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