Zidane, entre dos siglos

zidane2000MARIO BECEDAS | Ahora que es el hombre de moda por haber aceptado entrenar al Real Madrid, la fiebre por Zinedine Zidane se ha vuelto a desatar en todas partes. Las tiendas del club blanco registran un repunte en las ventas de camisetas con el número ‘5’ y el nombre del francés. Casi nadie quiere hablar ya de su sombrío paso como preparador del Castilla. El aficionado se queda con la leyenda que fue. Y no hace mal el aficionado. Logre lo que logre como entrenador —no ha empezado mal, goleando al Depor—, ‘Zizou’ tiene de sobra ganado su trono en el Olimpo de los dioses del fútbol. Aunque algún avezado ratón de videoteca futbolística sabía de sus quiebros y ruletas marsellesas en el Cannes, el Girondins o la Juventus, su frailuna coronilla dio la vuelta al mundo con los dos goles de cabeza que metió a Brasil en la final del Mundial de 1998.

Ese Zidane pleno, artista y arquitecto en la Juventus, tocaba el cielo de su palmarés y se disponía a cambiar de siglo en el estrellato. Por si alguno tuvo dudas del 98 y se pensaba que Francia arrasó por estar en casa, la Eurocopa de 2000 despejó todas aunque se jugase, en parte, en su vecina Bélgica. ‘Les bleus’ no dejaron títere con cabeza y la machada de Platini en 1984 quedó en anécdota frente a la varita de Zidane. El mago marsellés creó todo espacio imposible para que el balón llegara entre mares y mares de piernas a unos Henry y Trezeguet en estado de gracia. En una primera fase con altibajos, la Francia de Roger Lemerre golpeó fuerte (3-0) a Dinamarca y sacó una victoria vital (1-2) ante República Checa. Fallaron los franceses en el epílogo: perdieron (2-3) ante la poderosa anfitriona Holanda, sueño de todo aquel que jugara al FIFA, donde entonces la ponían.

La hincada de rodilla ante los ‘oranje’ hizo a Francia estrenarse en la segunda fase con unos cuartos calientes contra España. La excusa perfecta para un Zidane que, como se vio en 2006, crece en los cruces directos. Ante los nuestros y Collina, ‘Zizou’ se sacó una falta a la escuadra que el pobre Cañizares aún está buscando. Al cabo, dio una asistencia a Djorkaeff que supuso el 2-1 final para los galos. Por si esto fuera poco, animó a Raúl cuando éste marró el histórico penalti ante Barthez que pudo cambiar nuestro fútbol. Aquella tarde en Brujas Zidane desquició de mil maneras a Guardiola, quien durante ese partido terminó de aprender todo lo que necesitaba saber para llegar a ser el mejor entrenador del siglo XXI —y yo metería el XX—. También de siglos iba lo de Zidane, que para dejar atrás su Mundial y estrenar el nuevo siguió haciéndose gigante y en las semifinales contra Portugal homenajeó a la Francia de Platini ante el mismo rival que aquélla y en la misma fase del torneo.

Con sus largas patas de ave zancuda y su rostro serio, concentrado, siempre a punto de la caída, Zidane toreó a la generación de oro portuguesa. Le escondió el balón al entonces gran Figo, miccionó de taconazo a Conceição y en un escorzo sin inmutarse dejó sentados a Costinha y Bento. Aun así, los lusos se adelantaron mediante Nuno Gomes. Francia sufrió pero, traspasado el descanso, empató gracias a Henry. Al igual que en el 84 ambos combinados llegarían a la prórroga, donde el nombre de Zidane volvería a ser de oro. Se frisaba el final de la misma y un tiro casi sin ángulo de Wiltord, con Vitor Baía en otro parte, se topaba con una mezcla del poste y la mano de Abel Xabier. Penalti que incendiaba el partido y Estado de sitio en Portugal. Zidane amarró el balón y, sereno, se responsabilizó de lanzamiento. Lemerre todavía lo cuenta ojiplático: quién aceptaba algo así. Era el minuto 117 y aquel penalti de oro mandó a Baía a mil kilómetros del hueco de la red a donde lo mandó ‘Zizou’.

Siempre fanfarrones, los italianos de Dino Zoff esperaban a Francia en la final. Totti quería vérselas con otro ‘10’ de altura, recado que recaía sobre Zidane. En un partido trepidante, Italia se adelantó mediante Delvecchio. Cuando Italia celebraba el título, un fallo en defensa y una mano blanda de Toldo permitieron a Wiltord empatar para Francia. Los italianos ya sabían que habían perdido y sólo pudieron esperar al gol de oro de Trezeguet en la prórroga. Menos mal que quitaron esa guarrería infartante de los torneos. No brilló tanto como otras veces, pero el trabajo estaba hecho. Zidane cambiaba de siglo como mejor jugador de esa Eurocopa y como exponente del inigualable paso de Francia a la siguiente centuria. Después llegarían el Real Madrid, la volea de la ‘Novena’ ante el Leverkusen, el fiasco de 2004 en Portugal o el cabezazo a Materazzi tras aquel épico Mundial de 2006. Pero todo eso… Es otra historia.

11/01/2016

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