La estrella del caos

FIRMA DE SHARK GUTIÉRREZ | Lejos de ser un astrofísico famoso, alguien dijo una vez que “hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas”. ¿Su nombre? Charles Chaplin. El genial actor de cine mudo enseñó al mundo que no hace falta el sonido para hacer sonreír al mundo bajo la influencia inimitable de ‘Charlot’.

La cita de Chaplin bien se puede aplicar al hecho de que cada cierto tiempo surge un personaje inolvidable e irrepetible, tanto como él lo fue para la historia contemporánea. Muy pocos se pueden imaginar que ese ‘choque de planetas’ pudiera tener lugar en un sitio tan deseable por los terrenales como São Paulo. Allí, en Mogí des Cruzes, Neymar da Silva y Nadine Santos tuvieron un niño que, sin duda, haría que cualquier constelación suspirara por llevar su nombre. Neymar Júnior nació en plena efervescencia del São Paulo de Telê Santana y la consagración del ‘Dream Team’ liderado por Cruyff. El destino se cuestiona a sí mismo si esto pudo ser casual, viendo el desempeño del futbolista paulista en la capital catalana.

Su traslado a Santos —cuando tenía 10 años— hizo que pronto ingresara en el mítico club paulista. Allí, de donde salieron figuras como Diego o Robinho, intentando emular al gran Pelé, fue donde se hizo famoso. Su desparpajo por los campos brasileños y con las selecciones inferiores pronto le dieron un nombre en Brasil y, por extensión, en toda Sudamérica. Su peso en el ‘Peixe’ cada vez fue mayor, llevándolo a conquistar, no solo la Serie A brasileña, sino también la Copa Libertadores. En verano de 2013, Neymar firmó por el Fútbol Club Barcelona. Ese futbolista aún era incompleto, le faltaba rendir cuentas en Europa, en España, en el Barça y, por supuesto, a Leo Messi. Pese a todo, el actual ’11’ culé había mostrado unas condiciones casi innatas para poder ser de los mejores del mundo: además de haber ganado títulos con el Santos fue el responsable de portar la bandera de la magia en una oscura y pragmática Selección brasileña. Neymar aún no entendía el fútbol culé, sino el balompié que se juega en la calle, ese en el que el vaivén de cinturas rivales iba cayendo paso a paso, poco a poco y a bastante velocidad por los estadios brasileños y sudamericanos. Ser el centro de atención demasiado pronto le hizo pasar por problemas de carácter y capítulos de indisciplina, más propios del rebelde e inconformista que era en la post-adolescencia que de un futbolista profesional. En definitiva: era una individualidad asombrosa y desequilibrante por sí misma, pero le faltaban una orquesta y los tambores para poder bailar samba en Barcelona.

El futbolista fue altamente esperado por los medios de comunicación, del mismo modo que éstos se apresuraron en hacer juicios sobre su figura y persona. Desde que se supo que Neymar iba a vestir de azulgrana, las primeras portadas no dejaban de señalar lo ‘rebelde’ y ‘malo’ que parecía. La prensa y, gran parte de los aficionados, esperaban un Robinho 2.0. Pero se equivocaban. A pesar de que al extremo paulista le costó adaptarse a Can Barça. Por un lado, el contexto no le ayudó nada: el Barça vivía un escenario de inestabilidad en los banquillos, donde el ‘Tata’ Martino era el entrenador de un equipo sin una idea clara y concisa de juego más allá de Leo Messi. Alexis y Pedro eran titulares habituales, con lo que el técnico argentino prefirió el vértigo antes que el famoso juego de posición que había abanderado Guardiola. Los culés flaquearon en esa temporada en la que únicamente ganaron la Supercopa, al tiempo que la Liga se la llevó Simeone y la Champions el Real Madrid. Una situación crítica para su primer año, que a nivel individual había sido bastante bueno, pese a las lesiones: en 41 partidos jugados hizo 15 goles y dio 14 asistencias. Este último dato es el más relevante, dado que en el Santos tenía no sólo la labor de anotar, sino también dar algún que otro pase de gol —una media de diez por temporada—.

MessiNeymar

Su primer año fue bueno, sí, pero no suficiente. A pesar de todo, Neymar empezó a formar una gran sociedad con Messi, algo que todavía sigue vigente. El Barcelona 2014/15 es el del triplete y el gran dominador del fútbol mundial, un hecho en el que gran parte de culpa la tiene el ’10’ argentino. Sin embargo, para que el capitán de la Albiceleste brillara, Neymar tuvo que adaptarse a su realidad: ser un complemento determinante, jugar más y mejor. En definitiva, ser más completo pero sin perder el ápice de espectacularidad que ya había dejado la temporada anterior en el coliseo blaugrana. Y todo esto, inexplicablemente, no le alcanza para ganar el Balón de Oro. En el año que acaba de terminar, la lesión de Leo Messi parecía ser la sempiterna hecatombe que el Barça vivía. Las circunstancias hicieron que Neymar tomara los mandos y, junto con la ayuda inestimable de los Bravo, Piqué, Busquets, Iniesta y Suárez, el extremo del Barça se ha erigido como una referencia indiscutible del ataque blaugrana.

Luis Enrique ha hecho de él una figura algo indefinida dentro del fútbol actual: un extremo muy líquido, lejos de los estándares clásicos de los que ocupan la línea de cal. El brasileño sólo la pisa cuando no le queda más remedio —uno contra uno, aperturas cuando el Barça domina—, pero su zona de influencia, donde más daño hace, es en la ubicación entre el central y el lateral derecho rivales. No sólo es un constante apoyo al Messi que ocupa su carril central, sino que encuentra en Suárez la figura perfecta para que el ’11’ destaque, pues atacan el espacio de manera distinta. Mientras Suárez va más en busca del gol, Neymar lo hace como acompañante, como un segundo punta escorado, parecido al rol de Henry en el Arsenal, que está en permanente contacto con el balón. Alguien que, a través de su conducción, genera juego. Ha dejado de ser egoísta sin olvidarse del gol. Finta, atrae atenciones, apoya constantemente la jugada en zona interior o hace ensanchar la misma cuando tiene la oportunidad. Pasa, hace paredes y asiste. Ya no toma la decisión más complicada y opta por la más pragmática y lúcida. Ha entendido que él no es el más importante, y eso es lo que le hace aún mejor futbolista que cuando llegó.

Este último trimestre futbolístico ha servido para poner de manifiesto que su ego y su falta de capacitación a la hora de adaptarse al complejo entramado —el entorno, las exigencias— blaugrana eran historias para no dormir. Su liderazgo sobre el terreno de juego no se puso en duda y el Barça afrontó compromisos que, a priori, parecían complicados. Con Neymar al mando no sólo se aprobaron, sino que se sacaron con nota. El colectivo apenas sintió la baja de Messi, lo que en términos blaugranas significa bastante. El carioca ya brilla con luz propia en Barcelona y tan solo tiene 24 años. Todo parece indicar que, cuando Messi y Cristiano —el de este último cada vez es más notorio— inicien su declive, Neymar estará ahí para recoger el testigo. De momento, sólo puede vivir a la sombra. Es posible que Chaplin tuviera razón en eso de que de vez en cuando chocan los planetas y salen algunas estrellas a partir del caos. Aunque es más bien intuición: de ese encontronazo entre los planetas Barça y Brasil nació Neymar, la estrella del caos.

10/01/2016

Shark Gutiérrez es especialista en fútbol alemán.

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