Único en su especie

ZhangSERGIO DE LA CRUZ | Nos invaden violentamente las Navidades, pero un grupo de seres humanos en el mundo reaccionan con indiferencia a una época en la que lo único positivo son los polvorones de chocolate, la permisividad con la comida y la indulgencia para traspasar los límites de lo socialmente aceptable en la bebida. Refugiados en esta Santísima Trinidad etílico-gastronómica, asisten asombrados a la proliferación de cariño embotellado, horribles jerseys de renos y reuniones artificiales. Se encuentran extraños, fuera de lugar. Un sentimiento que debe entender a las mil maravillas alguien en cuyo país, China, la Navidad no es un acontecimiento que precisamente subordine la vida de sus habitantes: Zhang Chengdong.

En una Liga BBVA en la que la anécdota es rutina, este polivalente jugador se convirtió en una absoluta excentricidad. Todo lo que rodea al de Baoding —en otros tiempos ciudad protectora de la todopoderosa Pekín— le hace convertirse en el perfecto adalid de lo insólito. Sólo con la premisa de estar ante un caso excepcional podemos entender la peculiar carrera de un futbolista que estaba destinado a hacer historia y que, en cierta medida, la hizo, aunque de momento no del modo que ni él ni su país esperaban.

Fue apurando el 2015 cuando Zhang saltó al césped de Vallecas por primera vez en la Liga. Asistió a la sufrida victoria del Atlético, y lo que le abrió un hueco en los periódicos, pasó a ser el primer futbolista chino en jugar en la liga española. A pesar del apodo, ‘Dudú’, no apareció ningún personaje venido a menos de una serie de televisión española, sino un trotamundos con un curioso bagaje en la mochila.

De joven promesa con el aliento del Milan en el cogote a bajarse día tras día en Portazgo, muchos años han pasado para forjar las diferentes aristas de un futbolista que se paseó por la segunda portuguesa y alemana, regresó a China para ponerse a las órdenes de Gregorio Manzano y ser soldado del ‘Ejército Popular’ de José Antonio Camacho en la absoluta, y fue el protagonista de un fichaje sólo a la altura de su propio personaje. Si en ‘Vallekanfield’ hay un primer mandamiento, ése es sin duda no enfadar a Paco Jémez. Zhang lo hizo sin intentarlo siquiera.

Merced al acuerdo económico con el  patrocinador chino Qbao, el Rayo Vallecano debía incorporar a un jugador fichado por decreto. El técnico consiguió frenar la incorporación el primer verano, pero en 2015 ya no fue capaz de parar lo inevitable. El grito debió de escucharse en todas las oficinas del Estadio de Vallecas. “Me ha sentado como un tiro”, decía, meridiano como siempre, el entrenador. El Director Deportivo, Felipe Miñambres, trataba de enfriar los ánimos y sacar lo positivo: “Nosotros elegíamos al jugador”. Diferentes puntos de vista para la llegada de un futbolista al que la Península no le era desconocida.

Al cobijo de la Gran Muralla, Zhang dio sus primeros pasos como jugador en el lateral derecho, aunque no fueron demasiados. No tardó en comenzar a cumplir con las expectativas y debutó con tan solo 17 años… Pero quiso correr antes de andar. Insatisfecho con la oferta económica que le brindaba un país que veía en él a un posible jugador de futuro, se echó la manta a la cabeza y puso pies en polvorosa a miles de kilómetros. La portuguesa Mafra apareció en su camino y ahí comenzó la vida de Erasmus: solo, en un país totalmente ajeno a sus costumbres, comenzó a labrarse un camino. No el camino perfecto, pero sí su camino.

Mafra, Leiria, Beira Mar y Eintracht de Braunschweig tuvieron entre sus filas a un jugador que apenas destacaba, pero que dispuso de un momento de gloria al anotarle un ‘hat-trick’ al Sporting de Portugal en la Taça lusa. Ante un papel no demasiado importante, y habiéndose llevado el premio de ser el primer chino en debutar en la competición portuguesa, deshizo sus pasos y volvió a casa. A los dos años de estar en el Beijing Guoan —fue Manzano el que le apodó como ‘Dudú’— surgió la opción vallecana. No se lo pensó.

Paco Jémez no se lo ha puesto fácil: no fue hasta diciembre cuando se estrenó en el equipo, jugando en Copa. En la última jornada del año pudo disputar los primeros 10 minutos en la Liga. Mientras tanto, trata de convertirse en uno más. Toma todos los días café en el bar de debajo de su casa, se refugia en Manucho, Bebé y Zé Castro y es pertinaz en su propósito de tener más minutos, ganar en importancia y despojarse del estigma de su fichaje. “Sí, me molestó”, afirma cuando se le pregunta por la etiqueta de jugador impuesto por un patrocinador. Por el momento, ya se ha llevado su primer regalo en España: ser único en su especie. “Soy el primero”, decía tras estrenarse en Copa. De él depende que la extrañeza se convierta en normalidad.

01/01/2016

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