Cometer errores

florentino-perez-600-interiorDAVID PALOMO | Philipp Lahm, en un extracto de su libro, hablando del papel de su Mannschaft en el Mundial de Alemania de 2006, confiesa que cuando todo iba mal, en la primera fase, los jugadores y el cuerpo técnico se citaron en una mesa redonda, reconocieron sus fallos, se echaron en cara los errores cometidos y después consiguieron remontar el vuelo. Es decir, se conjuraron —hay que usar la palabra de moda— y acabaron terceros en su propia Copa del Mundo. Y, obviamente, si se tiene en cuenta de donde venía la Selección teutona —de caer en la fase de grupos de la Eurocopa de Portugal—, está claro que optaron por la mejor solución.

Thomas Tuchel, hoy entrenador del Borussia Dortmund y ex del Mainz, gusta de decir que los errores son la materia prima del progreso. Pero, apostilla, hay jugadores que fallan más que otros y personas que no aprenden jamás. En ambos casos, todo depende de la condición humana y de la intención de cada uno. Pero para enterrar lo malo y hacer florecer lo bueno, normalmente, es necesario reconocer los errores, actuar sobre ellos y tenerlos presentes. Sólo así se puede avanzar.

No es casualidad que las dos tesis anteriores sean de alemanes, aunque Jorge Bucay ya esté intentando patentarlas. Desde pequeños, ellos aprenden que el error es parte del proceso y no una consecuencia. En España, en cambio, eso parece penado por algún Decreto Ley. Lo normal es que nadie reconozca sus fallos y la tendencia es siempre culpar a otro. En cualquier caso, no es común encontrar a alguien dispuesto a asumir todo lo que ha hecho mal. Si quieren una muestra de ello, pueden ponerse la campaña electoral en bucle —con alguna honrosa excepción—.

El ‘pecado’ no es ajeno al fútbol español. El Real Madrid, por ejemplo, está dando todo un cursillo sobre cómo escurrir el bulto en este final de 2015. Pueden estar o no de acuerdo, pero la tesis es fácil de mantener merced a las decisiones de las últimas temporadas. La primera de ellas, despedir a Ancelotti. Y pueden seguir: el fichaje frustrado de De Gea por problemas del fax, la alineación indebida de Chéryshev… Poco importa, la culpa, Florentino dixit, es de la prensa. Y el resultado, obviamente, será acabar con la cabeza del entrenador, responsable máximo de todo. ¿Y los jugadores? No se preocupen, ellos no han hecho nada.

Sin entrar en debates, pueden buscar cualquier otro club: todos han actuado de la misma manera ante determinadas crisis. En cualquiera de los casos, no son fechas para estar hablando de errores. Cierto es que agradeceríamos que alguien en este país —además del Rey emérito— saliera ante los micrófonos y dijera: ‘Me he equivocado y voy a intentar poner los medios para resolver el problema’. Pero eso, ya saben, es un imposible. Total, ya intentaremos solucionarlo todo en 2016. Eso sí, no olviden, hay muchos que caen —unos más que otros—, pero sólo sobreviven los que  aprenden  el camino y merced a ello consiguen levantarse.

Dicho lo anterior: ¡Feliz Navidad!

26/12/2015

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