El señor del gol

Euro72JULIÁN CARPINTERO | A Herbert siempre le llamaron ‘Hacki’. Jugaba de centrocampista y el único escudo que defendió durante sus más de diez años de carrera fue el del fantástico Borussia Mönchengladbach de la década de los 70, con el que hipnotizó a media Europa y ganó cinco veces la Bundesliga. Lucía unas grandes patillas y llevaba el pelo ondulado, al estilo de los Beatles. Y, además de todo eso, fue el único jugador de la RFA capaz de hacer un gol en la Eurocopa que los teutones levantaron en 1972. El único a excepción de Gerd Müller, que en aquellos días de junio fagocitó a todos y a todos los que se cruzaron en su camino. Por eso era necesario hablar del olvidado tanto de ‘Hacki’ Wimmer en la final de Heysel frente a la URSS, porque de Müller está (casi) todo dicho.

A diferencia de su compañero de selección Wimmer, el apodo que recibió Müller nunca tuvo nada que ver con un ridículo diminutivo de su nombre de pila. ‘Torpedo’, le llamaron, un sobrenombre que, sin duda, reflejaba a la perfección las virtudes de aquel delantero tan carente de elegancia como certero en la definición. Un mote capaz de infundir pánico entre los defensas rivales con su simple susurro, convirtiendo en un misterio cómo ese delantero rechoncho y de piernas cortas podía ser capaz de encontrar el hueco preciso en el momento exacto. Sin embargo, el pasado mes de octubre se supo que ‘Der Bomber’ padece Alzheimer y ya no recuerda que su sociedad con Franz y Sepp convirtió al Bayern en el mejor equipo del mundo, que Europa se rindió a sus pies cuando France Football le galardonó con el Balón de Oro, que aún hoy nadie ha sido capaz de marcar más goles que él en la Bundesliga y que sin sus goles la RFA probablemente nunca hubiera podido ganar la primera Eurocopa de su historia.

Hasta aquel verano de 1972 la historia de Alemania Federal en el torneo continental se resumía en una única participación, cuatro años antes, en la que ni siquiera habían sido capaces de clasificarse para la fase final. Por aquel entonces, el bombardero de Nördlingen ya había hecho su debut con el combinado que dirigía Helmut Schön, quien confió en él después de que la RFA perdiera ante Inglaterra la final del Mundial de 1966 con el objetivo de que cogiera el relevo de un mito como Uwe Seeler. Así las cosas, cuando arrancó la fase de clasificación del torneo que se celebraría en Bélgica en el verano de 1972 Müller ya estaba totalmente asentado como el ‘9’ de la Mannschaft, más aún tras su gran actuación en la Copa del Mundo de México, cuando se hizo con la Bota de Oro de la competición anotando diez goles. Por lo tanto, toda la parte occidental de Alemania esperaba mucho de él en esas fechas.

Un moderado optimismo, como no podía ser de otra forma conociendo el carácter alemán, envolvió a la RFA cuando quedó encuadrada en el Grupo 8 junto a Polonia, Turquía y Albania. Y, aunque las cosas no empezaron todo lo bien que ellos hubieran querido a causa de un inesperado empate frente a los otomanos en Colonia, los cinco goles de Müller en seis partidos enderezaron la situación hasta el punto de que los de Schön acabaron primeros con cuatro victorias y dos empates —y apenas dos tantos en contra—. Ni siquiera la gran Polonia que se estaba gestando en torno a Lato, Gadocha y Deyna pudo hacerle doblar la rodilla en el doble enfrentamiento debido, principalmente, a la inspiración de un Müller que, como el Rey Midas, convertía en oro todo aquello que sus botas tocaban.

GerdMüller

Müller convierte el 3-2 con el que la RFA eliminaba a Inglaterra en el Mundial de México. Dos años después, los ‘pross’ volverían a sufrirle en sus carnes.

No obstante, el destino le tenía reservada a la RFA la posibilidad de ejecutar su dulce venganza ante Inglaterra, un choque que se había convertido en el duelo sin fin del fútbol europeo desde el armisticio que supuso la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, una enemistad que se había recrudecido en la citada final del Mundial de 1966 por culpa del gol fantasma de Hurst en el tiempo extra de la misma. Alemania todavía se sentía ultrajada, a pesar de que en México ya había privado a los ‘Three Lions’ de jugar las semifinales, precisamente gracias a un gol de Müller en la prórroga. Pero, como si de un guión de cine se tratara, la verdadera ‘vendetta’ de los hombres de Helmut Schön tuvo lugar en el mismo escenario en que seis años atrás habían tenido que ver cómo Bobby Moore recibía de manos de la Reina Isabel una Copa Jules Rimet que creían que les pertenecía. Así, casi 97.000 espectadores ingleses presenciaron en Wembley el modo en que la RFA ponía fin a su sueño de conquistar Europa con un 1-3 incontestable —Lee; Hoeneß, Netzer y, cómo no, Müller— que convirtió en un mero trámite al choque de vuelta que se jugó en el Olímpico de Berlín dos semanas después (0-0). La Mannschaft caminaba firme hacia Bélgica.

En este contexto, el ‘Torpedo’ Müller aterrizó en tierras belgas unas semanas después de haberse proclamado campeón de la Bundesliga con el Bayern de Múnich habiendo marcado la increíble cifra de 40 goles. Es decir, nadie se atrevía a poner en duda que las esperanzas alemanas descansaban en su instinto voraz. Así, para despejar hasta la última incógnita que pudiera existir sobre su figura, Müller —que formó dupla atacante junto a Jupp Heynckes— anotó un doblete para acabar con la anfitriona Bélgica en semifinales (1-2) cuatro días antes de endosarle otros dos tantos a Rudakov, el portero titular de la URSS en la final de Bruselas, la misma del gol de Wimmer: el primero, gracias a un control sublime con la puntera, un recorte dentro del área y un punterazo sutil a la cepa del poste; el segundo, todo un ejercicio de fe al buscar un rechace dentro del área que ni siquiera las cámaras captaron. Y siempre la misma celebración. Un breve trote que precede a un salto con la mano derecha al viento mientras sonríe satisfecho por el trabajo realizado.

Como era de esperar, Müller fue incluido en el once ideal del torneo al lado de compañeros como Beckenbauer, Breitner o Netzer. Había comenzado la leyenda del ‘Torpedo’, el hombre que durante décadas fue el máximo goleador de la historia de los Mundiales, la del punta capaz de marcar en todas las finales que jugaba, la del ariete al que se le caían los goles de las medias. La del chico que se desvirgó en Heysel y, sin embargo, ya no se acuerda de eso.

25/12/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s