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michu_3_recortadaSERGIO MENÉNDEZ |“Ha sufrido terriblemente. Mucha gente en su lugar habría tirado la toalla. Posiblemente tengamos que trabajar también en lo psicológico. No es que esté mal, pero es cierto que ha pasado de ser un futbolista profesional a ver su carrera interrumpida durante casi dos años. Tiene que volver a conectar, a sentirse deportista, útil y sano”.

No ha pasado tanto tiempo desde que Miguel Pérez Cuesta, más conocido como Michu, llenara con su nombre titulares y columnas de prensa de gente pidiendo su convocatoria para la Selección española. Llegó un punto, de hecho, en que la injusticia que Vicente del Bosque estaba cometiendo con el jugador asturiano se volvió tan flagrante que se constituyó una especie de lobby en torno al futbolista que dejó de pedírselo para empezar a exigírselo. ‘¡Michu, Selección!’ fue el grito de guerra de este grupo de presión en su campaña para derrotar el inmovilismo que desde la Eurocopa de 2008 se había instalado en la nómina de delanteros del equipo nacional.

Y es que los años no pasan en balde. La pareja Villa-Torres había empezado a mostrar señales de agotamiento en su habitual eficacia de cara a portería. El caso es que seguíamos jugando bien. Sin embargo, por unas razones o por otras, ya no generábamos tantas ocasiones de gol como antes. Quizá la culpa estuviera, precisamente, en el sistema. La horizontalidad se había adueñado de nuestro juego y los balones no llegaban arriba con la misma frecuencia. Fuera como fuera, cada vez eran más las personas que pedían una renovación en la propuesta atacante de Vicente del Bosque, bien a través de la introducción en las convocatorias de nombres que aportaran frescura de piernas y posibilidad de nuevas asociaciones en la delantera, bien con un cambio de esquema que favoreciera ofensivas más vertiginosas. En este sentido, ‘Michu’, que atravesaba un momento dulce en su carrera, ya fuera para ubicarle de delantero o media punta, se antojaba como un candidato de garantías a la hora de interpretar un papel idóneo en ambos escenarios.

No le quedó otro remedio al técnico salmantino que rendirse a la evidencia y pedir a la operadora que le pusiera con Swansea. Corría el mes de octubre de 2013 cuando, por fin, sonó el teléfono del futbolista asturiano. Efectivamente, había pasado el casting. Lo hizo imponiéndose a los Soldado, Llorente, Diego Costa —aún sin nacionalizar— y compañía. Seguramente también tuvo algo que ver el hecho de que Villa y Torres estuvieran descartados para la lista por las lesiones que uno y otro atravesaban en ese momento. Negredo, Mata y Pedro le acompañarían en la lista de delanteros de España para enfrentarse a Bielorrusia y Georgia en la fase de clasificación para el Mundial de Brasil. La oportunidad le llegaba meses después de proclamarse campeón de la Copa de la Liga de Inglaterra junto a Chico Flores, Ángel Rangel, Pablo Hernández y el resto del ‘Spanish Swansea’ y erigirse en el principal referente anotador del equipo. No en vano, al término de la temporada anterior su registro fue de un total de 22 goles en todas las competiciones, superando incluso los 17 tantos obtenidos en la reveladora campaña que había protagonizado el curso anterior con el Rayo Vallecano. La suerte, definitivamente, le sonreía.

La tendencia, sin embargo, no tardó en invertirse. Justo cuando mejor se encontraba de forma, un esguince de tobillo en un partido contra el Cardiff frenó en seco su espectacular progresión. A ello se le unieron los malos resultados del equipo a lo largo la primera mitad de la temporada, que llevaron al club a tomar la decisión, en febrero de 2014, de prescindir de Michael Laudrup, el gran valedor del fichaje de ‘Michu’ por el club galés, y dar la alternativa en el banquillo a Garry Monk, que no le tenía, precisamente, entre los santos de su devoción. Tanto fue así que, pese a estar ya recuperado, no le tuvo en cuenta a la hora de planificar la temporada siguiente y prefirió que el club le cediera al Nápoles, a ver si Rafa Benítez lograba rescatar su mejor versión con algo de minutos y un poco de confianza.

Lejos de mejorar, la situación de ‘Michu’ no hizo más que ir a peor. Las recaídas y nuevas lesiones fueron lastrando su rendimiento hasta llevarle incluso a pensar en la retirada, pese a contar con ofertas de equipos interesados en su contratación. Su profesionalidad, no obstante, le ha impedido contemplarlas, al menos, hasta volver a recobrar las condiciones necesarias para cumplir con sus obligaciones como futbolista de élite. De ahí que haya optado por rescindir lo que le quedaba de contrato con el Swansea, hacer las maletas y volver a casa. No como jugador retirado, sino para sumarse a la disciplina de la Unión Popular de Langreo, un modesto club asturiano dirigido por Hernán Pérez Cuesta, hermano de ‘Michu’, quien ve “anecdótico” el hecho de que su flamante adquisición haya pasado en, prácticamente, un par de años de ir convocado con la Selección española a jugar en un club de Tercera división y se mantiene firme en la esperanza de verle de nuevo corriendo por la banda y girando la muñeca a la altura de la oreja mientras la grada entona otra vez aquello de “¡Michu, Selección!”.

23/12/2015

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