Dani Ruiz-Bazán: “Un entrenador puede hacer a un equipo campeón o hundirlo en la miseria”

Dani Ruiz BazánENTREVISTA A DANI RUIZ-BAZÁN | Dani Ruiz-Bazán —Sopuerta, 1951— ha perdido el toque de hace años y esa forma tan peculiar de moverse dentro del área. Pero conserva el número de goles (199) y las ganas de hablar de fútbol. Como futbolista y como aficionado; como seguidor del Athletic y como hincha que acude a San Mamés; como leyenda y como ídolo. El célebre delantero vizcaíno atiende a Falso 9 para recodar aquellos días gloriosos y para soñar con los que están por venir. Sin fallar en el diagnóstico: agarra el cuero, regatea y contesta. Todo sea por disfrutar y para que no se borre la memoria. Con eso es y será suficiente. 

PREGUNTA: Dice Eduardo Rodrigálvarez que uno no elige al Athletic, sino que el Athletic le elige a uno. ¿Estás de acuerdo? ¿Qué es para ti el Athletic?

RESPUESTA: Una referencia. El Athletic es lo máximo a lo que puede aspirar cualquier niño del País Vasco que tiene toda la ilusión por jugar en el equipo de sus amores. Conseguirlo es, por tanto, lo más grande que le puede pasar.

P: Siendo empleado de una sucursal bancaria por entonces, ¿cómo te enteraste de que el Athletic te quería reclutar para sus filas?

R: Pues la verdad es que es un poco anecdótico. Había un directivo del equipo de Sodupe, mi pueblo, en Vizcaya, donde yo jugaba en Regional, que trabajaba en una compañía de seguros de Zaragoza. Algún comentario hizo de que conocía a un chaval, un extremo, que jugaba muy bien y destacaba mucho, porque Hierro, un periódico de Bilbao de aquella época que ya no existe, publicó un buen día que el Real Zaragoza estaba interesado en mí. Esa noticia fue la que levantó un poco la polvareda en el Athletic, que en el momento en que se enteraba de que había por los alrededores algún futbolista que destacaba iba a buscarle. Efectivamente, a la semana siguiente vino la gente del Athletic a verme por si estaba interesado en fichar por ellos. No dudé ni un segundo. En aquellos tiempos tampoco se miraba igual que se puede mirar hoy lo de fichar por un club grande, sino que prevalecía la ilusión de pasar a formar parte de tu equipo de toda la vida sobre cualquier otra cosa, incluido el tema económico.

P: Rozaste con los dedos levantar el primer título europeo de la historia del Athletic. ¿Qué recuerdas de aquella final de Copa de la UEFA ante la Juventus?

R: Aunque, como es lógico, lo de quedar segundos no fue lo mejor, se trata de un recuerdo muy bonito. Para mí fue una gran ilusión. Si no recuerdo mal, esa final se juega en el año 1977. Entonces yo llevaba tres o cuatro temporadas en el Athletic, así que no era, precisamente, de los jugadores más veteranos. Por encima de mí estaban José Ángel Iribar, ‘Txetxu’ Rojo, Ángel María Villar, Javier Irureta… Una serie de jugadores muy importantes frente a los que quizá yo no era todavía más que un joven. Además, el hecho de enfrentarnos a todos los equipos europeos a los que nos medimos antes de llegar a la final [nota: Újpest, Basilea, Milan, Barcelona y Molenbeek] fue también un experiencia maravillosa. Desgraciadamente, por culpa del valor de los goles fuera de casa, nos eliminó la Juventus, que entonces la formaban el 90 por ciento de la Selección italiana. Pese a que, desafortunadamente, no pudimos ganar, fue un enfrentamiento bonito y, desde el punto de vista deportivo, muy bueno.

P: Fuiste convocado, jugaste y marcaste con la Selección tanto en el Mundial de 1978 como en la Eurocopa de 1980, aunque eso no sirvió para que España pasara después de ronda. ¿Cómo te sentiste?

R: Tremendamente ilusionado. Ser convocado para un campeonato del mundo es lo máximo a lo que puede aspirar todo deportista. Luego sí que es cierto que la experiencia no fue demasiado agradable. Y eso que no hicimos un mal papel. Si no recuerdo mal, de los tres partidos que jugamos ganamos uno, perdimos otro y empatamos el restante. En realidad nos vinimos para casa porque los resultados del resto de encuentros no nos favorecieron. Fue un poco triste porque, lógicamente, cuando eres convocado para un Mundial tienes la idea de pasar de ronda. Al menos, de vivir una experiencia más larga. Pese a todo, fue un orgullo.

Dani

P: De hecho, durante los seis partidos que disputó España entre los dos torneos, la Selección anotó solamente cuatro goles. La mitad, de hecho, fueron tuyos. Al margen del acierto de cara a portería, ¿qué le faltó a vuestra generación para triunfar?

R: No lo sé. En el fútbol, como en todas las vicisitudes de la vida, hay momentos de más o menos acierto, de mejor o peor fortuna. En mi opinión llevábamos un plantel de jugadores muy importante. Futbolistas con gol, de los que no había duda, como Carlos Santillana, Quini, Juanito o yo mismo, que en aquellos momentos pasaba por un momento bastante goleador en mi equipo. Sin embargo, por una razón o por otra, no tuvimos el acierto necesario para anotar más tantos.

Me acuerdo, de hecho, que en el Brasil-España hubo una ocasión clamorosa de Cardeñosa sobre la línea de gol. Él sólo fue a darle, pero el balón le botó mal y se marchó por encima. Y esa misma jugada, de haberla transformado en gol, nos hubiera dado la clasificación. Lo que pretendo decir es que el fútbol, como el resto de deportes, consiste en rachas. Es el caso, por ejemplo, de nuestro jugador Aduriz: un hombre de 34-35 años que está en un momento dulce y convierte todas las ocasiones que tiene. En cambio, ha tenido momentos en el pasado en que la gente dudaba de él. Que si estaba mayor, que si no metía un gol… Una serie de cosas que no eran ciertas y simplemente vienen a demostrar que todo consiste en la suerte que tengas en cada momento.

P: Aparte de la camiseta de la Selección, también vestiste la de Euskadi en 1978, en plena Transición. ¿Hubo tanta controversia como se podría pensar ahora?

R: Yo nunca he vivido la controversia de la mezcla entre fútbol y política. Para mí el fútbol no es más que un deporte. Siempre he sido competitivo y me ha gustado representar a todos los sitios desde los que me han llamado. Cuando me ha convocado la selección de Euskadi he ido con el mayor orgullo del mundo. Exactamente igual que cuando lo ha hecho Selección española. Nunca he querido mezclar una cosa con la otra. En mi opinión, los deportistas representamos a tantas posiciones políticas dentro de una misma afición que no debemos pronunciarnos hacia ningún lado. De alguna forma, siempre va a haber alguien al que no le va a gustar, por lo que no me parece buena idea. Es mejor no meterse en esos fregados.

P: Volviendo al Athletic, ¿cómo recuerdas esos dos años consecutivos en los que conquistáis la Liga? ¿Esperabais algo así en las temporadas previas o fue una sorpresa?

R: Pues, sinceramente, no esperábamos algo así. El desgaste y el problema que tiene el Athletic siempre que compite con el resto de equipos, sobre todo contra los cuatro o cinco más potentes de la Liga —económicamente hablando y con posibilidades superiores a las suyas en cuanto a poder coger jugadores de todo el mundo, de todas las provincias y de todos los sitios— es un hándicap que tenemos en contra. Éste no es un aspecto que nosotros hayamos asumido, sino que es una cosa que el club y la afición la quiere desde toda su historia. También sabemos los que somos profesionales que esto conlleva una dificultad grandísima para poder conseguir un título o los varios que conseguimos en aquellos momentos.

Por lo tanto, en el inicio de la temporada nosotros no pensábamos que pudiéramos ganar la Liga. Lo que sí puedo decir es que a medida que transcurrió la competición, poco a poco, a partir de la segunda mitad de la temporada en adelante, el equipo se lo fue creyendo y estuvimos excelentemente mentalizados por nuestro entrenador, Javier Clemente. Se fue haciendo una piña impresionante en el equipo, en el que todo era armonía y buen rollo. Había buen ambiente con la afición, con la prensa de Bilbao y con la Directiva.

Este tipo de cosas influyen mucho en un equipo como el nuestro, y en realidad en todos. Cada vez que hay un problema en un conjunto grande existen discrepancias con el Presidente, con la Directiva o con los periodistas. Este tipo de situaciones malas no existieron y fuimos caminando hasta que al final conseguimos los dos títulos. Para mí fue una gran sorpresa ya que estaba prácticamente en el ocaso de mi carrera deportiva y en mi vida pensé, ni se me había pasado por la cabeza, que en mis últimos años iba a conseguir dos títulos de Liga y Copa. Pero bueno, afortunadamente he tenido ese premio a mi carrera deportiva y es un orgullo el haberlo podido conseguido.

Athletic

P: Hablabas antes de Javier Clemente y de cómo os mentalizó de cara a conseguir esos dos títulos. ¿Hasta qué punto se podría hacerle responsable de aquellos éxitos?

R: En cuanto a su responsabilidad, si tenemos que dar una cifra, es muy difícil. Porque nosotros éramos 25 jugadores y, por lo tanto, el éxito se dividiría en 25 partes. Meter a Javi como la vigésimo sexta porción sería algo insignificante, ya que él —o cualquier otro entrenador, pero sobre todo él— era un hombre integrado con la plantilla al 100 por cien. Sólo tiene un año más que yo, de manera que era uno más, con sus calidades, primero deportivas y técnicas, ya que es una persona muy lista, y después era alguien muy agradable en el sentido de que su integración era absoluta. Estaba en nuestras comidas, en nuestras bromas, en todas las partidas que jugábamos. En general, en todo. Teníamos una amistad tremenda con él y que perdura hasta hoy en día con todos los jugadores. Yo creo que fue muy importante. Un entrenador puede hacer a un equipo campeón o lo puede hundir en la miseria.

P: Siguiendo con el tema de Clemente, ¿cómo se las ingenia un jugador para ganarse una confianza prácticamente ciega por parte de alguien que de alguna forma es tan visceral?

R: Pues mira, a cada persona hay que conocerla. Javi es un individuo al que mucha gente desconoce y la primera sensación que se puede tener de él es esa mismo: alguien visceral o agrio, al que le gusta la contestación, prepotente. Son adjetivos que se le asignan y que muchas veces no tienen que ver, para nada, con la realidad. Javi es un hombre contestatario, ya que muchas veces se ha de contestar a determinadas personas como se merecen que las contesten. No se puede criticar a un hombre que repele cuando le han maltratado y le han asignado una serie de frases de todo tipo y condición, aunque no quiero entrar en ese tema. Él es un hombre valiente en ese sentido, porque no tiene nada que perder y contesta a todo el que le ha hecho daño y le ha atacado duramente. En cambio, los que le conocemos de cerca, como yo, podemos dar fe y poner la mano en el fuego de que es un hombre cariñoso, amigo de sus amigos, que hace favores a todo el mundo que puede, que está predispuesto a cualquier cosa… Luego defectos pues tiene alguno. Pero el que no los tenga que levante la mano.

P: En tu caso, aunque te retiraste en 1986 siendo capitán del equipo, estuviste presente en las rencillas que surgieron entre él y Sarabia. ¿Fue un síntoma de agotamiento? ¿Te viste involucrado en tu papel de capitán?

R: Hubo muchas facetas y cosas que son largas de explicar. En principio se puede decir que chocaron dos caracteres muy fuertes, como son los de Manolo Sarabia y Javi Clemente. Luego hubo ciertas crónicas de la prensa que tampoco favorecieron para solucionar el entuerto y aquí ocurrió lo mismo que pasó con el tema de la Liga, donde la creencia de que la íbamos a ganar se iba haciendo cada vez más grande. En este caso pasó igual, pues cada vez se fue enconando más un problema que podía haberse resuelto perfectamente en la caseta, al igual que pasa con otro tipo de situaciones, de las cuáles no se entera nadie y se arreglan. Y llegó un momento en el que la Junta Directiva decidió echar a Clemente. Nosotros decidimos estar con el entrenador, y al ser el capitán yo todo me salpicó de rebote.

P: Hasta el año 1986 fuiste el último capitán en levantar un trofeo con la camiseta rojiblanca. ¿Qué sentiste cuando viste que una nueva generación de leones lograba doblegar al Barcelona hace tan solo unos meses?

R: Una gran alegría, porque soy fan del Athletic y voy a San Mamés cada fin de semana. Todos estamos esperando que el equipo consiga títulos y cada vez lo tiene más difícil. Y es normal. En nuestra época, los equipos tenían sólo dos extranjeros y ahora tienen seis, ocho o diez. Es más difícil conseguir un título. Pero yo creo que lo importante es que sigamos estando ahí y que el resto tengan envidia de que nuestra filosofía funcione. Demuestra que no hace falta hacer grande cosas, sino trabajar bien.

P: En esas referencias que has hecho a los equipos grandes, mencionabas a Cruyff y a Maradona, dos jugadores que pasaron por el Barcelona. Podría decirse que en aquella época eran vuestros grandes rivales. ¿Cómo se vivían aquellos choques en esos años de tanta tensión?

R: Muy parecidos a los de ahora. BarcelonaReal Madrid y Atlético son  los equipos a batir. Aquí siempre tenía mucho interés el derbi vasco, pero la gente en realidad esperaba los otros choques para poder ganarles a los equipos con más poderío. Se vivían con nerviosismo. Pero fue un honor poder jugar contra dos ídolos como Cruyff o Maradona.

Dani

P: Pudiste fichar por el Barcelona, pero se frustró el pase porque quizá la afición no lo hubiera entendido. ¿Crees que fuiste el último gran referente del Athletic? 

R: Las circunstancias son diferentes. Tuve la posibilidad, pero al no irme yo, lo hizo Alexanco. Yo era el hombre gol y era difícil que el Athletic me diera la autorización. Entonces, si el Barcelona o cualquier otro club iba a por ti, existía el derecho de retención, por el cual el club te podía retener durante dos años. ¿Qué pasaba? Que como te ibas a ir ni jugabas ni nada. Y yo le dije a la Directiva que me quería quedar. Había empezado mi carrera en el Athletic y allí la quería terminar.

P: Y en esa alusión que has realizado a la afición, ¿crees que la del Athletic se ha resignado, de alguna forma, a sobrevivir pese a la marcha de sus ídolos?

R: Pues, hombre, se ha resignado porque no le queda otra solución (risas). En mi época, el diario Hierro, que tengo el recorte guardado, tituló del siguiente modo con una declaración del Presidente del Athletic: “Si traspaso a Dani me queman la General”. Fíjate qué titular… Ya era muy difícil que pudiese hacer una cosa de ese tipo. Hoy en día, el propio socio y el propio aficionado asume que no hay ninguna posibilidad. No voy a decir que los sentimientos de los de ahora sean diferentes a los sentimientos que teníamos nosotros. Nosotros quizá estábamos más arraigados en aquellos momentos, pero las diferencias económicas no eran tan grandes como existen hoy.

Hoy en día, por ejemplo, un jugador en el Athletic no tiene nada que ver con uno de un Manchester o de un equipo inglés, donde igual te dan diez veces más de lo que ganas en tu equipo, ¿no? Entonces, bueno, a un jugador siempre le cabe la duda de pensar: ‘Si yo me voy a un equipo como el Manchester, como el Bayern o uno de éstos, lógicamente es mi solución para toda la vida’. Es muy difícil poder hacer una valoración de los años 80 al año 2015.

P: Antes has mencionado a Maradona y a Johan Cruyff —y a Messi, de manera actual— como grandes ídolos. ¿A qué jugador le gustaría parecerse a Daniel Ruiz-Bazán si comenzara a jugar al fútbol en estos momentos?

R: Hombre, indudablemente al que es la gran figura mundial: me gustaría parecerme a Messi. Pero también a Aduriz. Porque son dos jugadores que poseen las cualidades que creo debe tener un buen delantero. El regate que tiene Messi y la facilidad goleadora que tiene Aduriz. Me gustaría ser una mezcla, un Aduriz-Messi (risas). Así se llamaría.

P: ¿Cuál dirías que fue tu mejor cualidad como futbolista? ¿Hay algún jugador en la actualidad que te recuerde a ti en la forma de jugar?

R: Mi mejor cualidad ha sido siempre la humildad en el sentido de no creerme nunca que era un jugador titular, porque siempre estaba pensando cuando iban a dar la alineación pensando a ver si el entrenador me iba a poner. Siempre estaba con esa incertidumbre. Y era jugador titular y era jugador internacional, pero siempre he tenido ese nerviosismo. Y luego yo creo que otra de las cualidades que he tenido ha sido el trabajo en el campo, que yo creo que he sido un hombre que ha dado el cien por cien siempre.

Y también diría que he sido un futbolista con un algo especial de cara al gol. Dentro de mi carrera deportiva, y de la historia del Athletic, ser el segundo máximo goleador del club significa algo. Cuando muchas veces me decían: ‘Es que a Quini le va el balón y coge todos’... No, no, no. No es que le va el balón, es que el jugador tiene algo y está en el sitio al que va el balón, o el rebote. Y eso lo han tenido jugadores importantes como han sido Quini, Santillana y muchos hombres de ese tipo. Mis cualidades han sido tener ese instinto y esa lucha, esa batalla sobre el campo, sin dejar nada por hacer.

Athletic Bilbao's forward Aritz Aduriz (L) celebrates his goal next to Barcelona's defender from Brazil Dani Alves during the Spanish Supercup second-leg football match FC Barcelona vs Athletic club Bilbao at the Camp Nou stadium in Barcelona on August 17, 2015. AFP PHOTO / JOSEP LAGO

P: Y de verte reflejado en alguien, ¿en Aduriz?

R: Pues sí, quizá en Aduriz. Pero tampoco me gusta verme reflejado en nadie porque es muy diferente cómo se jugaba a cómo se juega. Nosotros en San Mamés toda la vida lo hemos hecho con tres delanteros: Dani, Sarabia y Argote; Dani, Carlos y Rojo; Dani, Noriega y Argote… Jugábamos prácticamente con tres hombres en punta y no como hoy en día, que se juega con un hombre en punta y en todos los córners en contra ese jugador está defendiendo debajo del poste, con los once abajo… O sea, es totalmente diferente el juego.

Nosotros en San Mamés era difícil que en un partido no hiciéramos diez o doce ocasiones de gol, con remates y tal y cual. Hoy hay partidos en San Mamés que se pasa todo el primer tiempo y han chutado una vez. ¿Por qué? Porque el equipo contrario ha formado tal tela de araña, con once tíos ahí, que es muy difícil llegar. Ha cambiado, entonces es muy difícil hacer una comparación entre hoy y hace 20 o 30 años.

P: Solamente Zarra te supera como máximo goleador en la historia del Athletic. ¿Crees que llegará un día en que alguien logre rebasaros a ambos o hablamos de un imposible?

R: Hablamos de un imposible. Ojalá alguien llegara, como llegó el título de la Supercopa, pero lo veo muy muy difícil. Primero, porque los sistemas de juego han cambiado totalmente y hoy en día es muy complicado hacer ocasiones. Y lo que da los goles son las ocasiones. Si no tienes ocasiones es muy difícil hacer gol y ahora mismo se crean menos. Si vuelves hacia atrás, a la época de Zarra, había muchas más ocasiones porque también había mucha más diferencia entre el Athletic y otros equipos, que eran muy inferiores. Hoy en día no se trata de la inferioridad de un equipo con otro, sino de que los sistemas de juego han variado de tal forma que todo ha cambiado.

Por ejemplo, el partido que nosotros hemos jugado este año en San Mamés contra el Málaga. Se te presenta prácticamente el último de la tabla y te planta un sistema de juego con tres centrales, con cinco en el mediocampo, con cuatro en otra función y dices: ‘¡Joder! Salvo en una falta o en un balón parado es casi imposible hacer una ocasión’. Por eso, para que un jugador, a día de hoy, alcance ese nivel de goles tendría que ser un Aduriz. Y, desgraciadamente, Aduriz tiene ya 35 años. Lo suyo sería coger a un Aduriz con 20 años y que tenga una racha de seis u ocho años de dulce. Aunque también es muy difícil que un jugador mantenga esa dinámica que tiene ahora Aduriz, porque, por desgracia, todos hemos pasado en una misma temporada por momentos buenos, por un bajonazo que te viene después o por rachas de cuatro o cinco partidos en los que no metes ningún gol. Es complicado llegar a esas cifras ahora.

P: Tú que fuiste delantero, lo pudiste apreciar de una manera especial. ¿Qué tenía Iribar que le hacía ser tan bueno?

R: Una de las cualidades que he dicho antes, la humildad. El ‘Chopo’ ha sido y es uno de los hombres que ha marcado una época en el Athletic, en el fútbol, en la Selección y en muchos sitios, precisamente por eso, por ser muy sencillo. Ha sido un hombre con unas cualidades innatas y grandiosas. El mejor portero, con diferencia, de los que he tenido y con los que me he tropezado en contra. Yo le he visto hacer a José Ángel Iribar las paradas más difíciles, porque las convertía en una parada inverosímil que decías: ‘¡Joder, si parece que no ha hecho nada!’. Y resulta que había cogido en la escuadra un balón que le habían tirado a medio metro. Pero, aparte de estas cualidades, ha sido humilde, trabajador en el fútbol y siempre un hombre de caseta, dispuesto a ayudar a todos los que llegábamos. Muchas cualidades las suyas que son importantes.

P: ¿Conserva el nuevo San Mamés la mística y el encanto de la vieja ‘Catedral’?

R: Sí, afortunadamente, sí. Hemos tenido la suerte de mantener el estadio prácticamente en la misma ubicación, lo cual hace que los aledaños y las cercanías del campo sean las mismas. Y luego, lo que es el propio estadio, es una gozada, porque tiene las comodidades de un campo propio de 2050. Es un campo extraordinario, precioso y que desde todas sus localidades se ve de maravilla. Un estadio del que nadie puede quejarse. Es verdad que en este momento hay algún problema de estructura y de goteras, pero son cosas que se supone se van a solucionar.

P: Pero ese aura de misticismo, esa energía que da jugar en ese particular terreno de juego… ¿Eso se sigue manteniendo?

R: Sí, sí, eso sigue igual. Y la afición también está igual. Luego se da la circunstancia de que es un estadio que se ha hecho un poco al estilo inglés, muy parecido al anterior, con la gente encima del campo haciendo que se note cuando apoya a los jugadores. Creo que ha sido un acierto y hay que felicitar a todos, no sólo a los que están ahora, sino también a los que iniciaron el proyecto hace muchos años. De hecho, cuando aún estaba yo, fuimos incluso a Alemania y a Holanda a ver estadios para coger detalles y aspectos que luego se pudieran aplicar aquí. Por eso hay que felicitar a toda la saga de personas que desde hace ya 15 o 20 años llevaban mirando cosas para poderlo hacer.

P: ¿Qué le ha enseñado el fútbol a Dani Ruiz-Bazán a lo largo de su vida?

R: Me ha enseñado que en la vida hay que dar las gracias a algo. Y yo se las tengo que dar al fútbol y al deporte. Es algo que he valorado mucho siempre. Para mí ha sido una profesión que nunca ha sido tal, sino más bien una afición. Me he divertido jugando al fútbol porque hacía lo que más me gustaba. Este deporte me ha dado cosas importantes en la vida, como poder formar una familia, tener una estabilidad y mantener una relación de amigos en todos los sitios en los que he estado, que es lo que más me agrada del mundo. Hace poco estuve en el homenaje a Curro Sanjosé, un jugador del Sevilla con el que me di mil patadas en el fútbol. Me llamaron para que fuera y estuve allí emocionado, nos abrazamos después de tantísimos años y la afición del Sevilla me felicitó. Todo ese tipo de cosas es lo que me ha dado el fútbol y se lo tengo que agradecer. He tenido suerte de poder ejercer esta profesión.

20/12/2015

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