La serendipia Bakambu

Bakambu during the match between Villarreal CF against RCD Espanyol, week 2 of La Liga 2015/16 in Madrigal stadium, Vila-real, SPAIN - 2015 August 28. (Photo: Jose Breton) PUBLICATIONxINxGERxSUIxAUTxHUNxONLY Bakambu during The Match between Villarreal CF Against RCD Espanyol Week 2 of La League 2015 16 in Madrigal Stage Vila Real Spain 2015 August 28 Photo Jose Breton PUBLICATIONxINxGERxSUIxAUTxHUNxONLYSERGIO DE LA CRUZ | Cuando usted rebusca en los bolsillos de su americana y encuentra de manera involuntaria un milagroso billete con el que no contaba, cuando el domingo amanece —o atardece— sin dolor de cabeza o cuando una noche sin mayor motivación que la de evitar daños innecesarios a su cartera encuentra a la mujer —u hombre— de sus sueños, tiene ante sí una serendipia. Un fenómeno inesperado, de naturaleza diversa, que le alegra la existencia, que le provoca una sabrosa felicidad. Es imposible comprender estos sucesos sin el componente de la suerte, pero no es menos cierto que este azar también se trabaja —que alguien tenga los redaños de rebatir esto al ‘Cholo’ Simeone—.

El Villarreal sabe mejor que nadie lo que significa trabajarse la suerte. De ello depende poder encadenar hazañas con ese regusto tan difícil de olvidar que deja su buen fútbol. En La Plana podrían rellenar un álbum con serendipias futbolísticas. La última de ellas se llama Cédric Bakambu, un completo desconocido para nosotros hasta que dejó de ser serlo. Hasta que irrumpió en la Liga con goles, velocidad y atrevimiento. Con acento congoleño, ha llegado desde la lejana y otomana Bursa para convertirse en el máximo goleador del ‘Submarino Amarillo’.

Poco se sabía de este amante del rap hasta que él mismo se encargó de romper el hielo de la ignorancia. Lo hizo a base de puntapiés, perforando redes, callando bocas imprudentes. Su perfil bajo y los 7’5 millones de euros que desembolsó el Villarreal elevaron las suspicacias, pero Bakambu no se tomó demasiado tiempo en depositarlas en el glorioso cajón de las cosas que a todos nos importan un pimiento.

Tardó exactamente 52 minutos, los que necesitó para estrenarse como goleador amarillo en competición oficial, y entró en casa derribando la puerta: con un doblete en tres minutos para convertir el 1-1 ante el Espanyol en una victoria y una carta de presentación contundente.  Y para celebrarlo, comida rápida, porque Cédric es un amante de las calorías. Cualquiera lo diría.

Desde esa noche brillante de finales de agosto, Bakambu ha pasado a ser un pilar importante en el equipo de Marcelino. Cuentan las lesiones, sí, pero por encima de todo el despliegue del que parecía un actor secundario y al que solo le ha parado un esguince de tobillo. Las cifras dicen el resto: ha metido el doble de tantos que Soldado y anota un gol cada poco más de 90 minutos. Cifras de ‘killer’ para un punta que se quedó sin puesto en Francia y que busca calor al amparo de la selección del país que vio nacer a sus padres.

Porque tras años y años en las categorías inferiores de Francia decidió formar parte de la República Democrática del Congo. Sin hueco con los ‘bleus’, optó por una vuelta a la sangre, a los orígenes. El debut fue este verano, el primer cambio de un estío que ha dado con sus huesos en una ciudad en la que ya se siente como pez en el agua. Y es que las mudanzas ya no son un misterio para Bakambu.

De ir acompañado a los Mundiales juveniles con su padre pasó a abandonar la Francia en la que estuvo 23 años para probar en el Bursaspor. Dejaba atrás el Sochaux con el que creció y al que no pudo salvar del descenso a la Ligue 2, cambiaba la cercana frontera de Suiza por el mar de Mármara. Y la apuesta le salió bien: 21 goles en 39 partidos y un pasaporte con destino al Mediterráneo.

Ése fue el aval con el que llegó al Villarreal y una meta accesible a la que llegar este curso.  Por lo que nos va enseñando, hay potencial de sobra para superarse, y está de dulce. Ha participado en cuatro de los últimos ocho goles del equipo. Antonio Cordón, Director Deportivo del ‘Submarino’, sonríe en su despacho, juntando las yemas de los dedos. No descarten que incluso acaricie un gato. Una nueva muesca en el revólver, un nuevo acierto. Una serendipia más.

18/12/2015

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