Maceda y los ‘tuercebotas’

maceda-euro84MARIO BECEDAS | Somos prolijos en nuestra tierra a no recordar las viejas hazañas, los grandes momentos. Nos enloquece abrir el cajón de mierda y sacar aquellos episodios oscuros, las reyertas con las que provocar al otro, al de enfrente. También nos desvive glosar el dato extravagante, elevar la anécdota a categoría, a escritura en piedra. Tras del grito único, ya nos acordamos más de la reyertas de 2011 entre Barça y Madrid que del gol de Iniesta. Eso mismo ocurre con los 80 de la Selección. Todos, hasta los más pequeños del lugar, habrán oído hablar del fracaso de España en el Mundial casero con Naranjito delante. Nadie habrá dejado de oír constantes referencias al 12-1 a Malta. O, incluso, a alguno le sonará que en el lejano 84 un tal Platini destrozó a Arconada en París. Pero… ¿qué pasó entre medias?

Me contaba mi padre, y yo me lo creo, que tras el fiasco del 82 la Selección volvió a su carta de naturaleza, el desahucio deportivo. El jarro de agua fría provocó un cierto relevo generacional en el combinado. Serían el puente hasta que entró, apuntando al Mundial del 86, la ‘Quinta del Buitre’. El trozo de Real Madrid llamado Miguel Muñoz sustituyó a José Emilio Santamaría tras la humillación nacional. Se había construido el Pirulí para nada y en la horrenda fase de clasificación para la Euro del 84 nadie daba un duro por nosotros. Se llegó al último partido fuera de todo, teniendo que ganar a Malta por once goles para poder disputar el torneo. No huelga contar lo que pasó en el Pizjuán: 12-1 y almanaque.

Pero de aquel partido y de aquella variopinta clasificación ‘in extremis’ sí quedaron una sospecha sobre Malta, Bonello y su candidez; así como una sensación de desastre, de reacción a última a hora y a trompicones, de furia barata, sobre la doliente España. Con esa vitola llegamos a una Eurocopa disputada en Francia en la que los dos primeros de los dos grupos en liza disputarían las semifinales. En la primera fase empatamos con un paupérrimo penalti materializado por el ‘Lobo’ Carrasco ante Rumanía y otro tanto sucedió ante el vecino Portugal, siendo esta vez Santillana el autor de la igualada. Llegamos al tercer y decisivo partido contra Alemania más fuera que dentro. Nos llamaban los ‘tuercebotas’, recordaba mi padre, y se echaba mala fama sobre jugadores duros como Camacho o Goikoechea para colmar un poco de desprestigio. Todo se resolvería en el Parque de los Príncipes.

España salió con Arconada; Señor, Maceda, Goikoechea, Camacho; Julio Alberto, Víctor Muñoz, Gallego, GordilloSantillana y Carrasco. Entrarían después Salva, Francisco y Sarabia. Por Alemania, poca broma, iban SchumacherB. Förster, Stielike, K. Foerster, BriegelMatthäus, Meier, Allofs, Brehme; Völler y Rummenigge. Saldrían después Littbarski y Rolff. Puestas las cartas en el tapete, la ‘Mannschaft’ arrasó en tromba a los nuestros. Dieron dos veces, al menos, con la madera y un Arconada mágico les sacó absolutamente todo. De lejos, de cerca, a bocajarro y del revés. Al verlo casi 30 años después en Informe Robinson ni pestañeó. España, a la que sólo le valía la victoria, porque si no pasaba Alemania, aguantó el 0-0 como pudo hasta que tuvo ese ‘baraka’ que no conocía y que tardaría en volver. Al filo del pitido final, cuando José Ángel de la Casa hablaba de cómo iba a afectar el calor a los alemanes en semifinales, Señor, siempre Señor en la boca, centró por el pico diestro del área para que un Maceda salido de la nada, auténtico replicante de ‘Blade Runner’, estrenada sólo un par de años antes, cabeceara a gol con la nariz casi en el césped. Aquel melenitas, hito defensivo del Sporting, había conseguido la machada: echar a la bestia negra y unas semifinales 20 años después de la Eurocopa ganada en el Bernabéu.

También iba a ser héroe Maceda cuando, ya en semifinales, vino Dinamarca, cuya bestia negra  empezábamos a ser antes de Butragueño, y el espigado y rubio central que acabaría en el Madrid, como recién salido de un libro de Proust, sacó el reloj de cadena de su bolsillo, miró la hora y marcó para otro empate que confirmó el prodigioso promedio de un gol por partido para el equipo. La agónica tarde llegó a los penaltis. Santillana, Señor, Urquiaga, Víctor Muñoz y Sarabia no fallaron. Michael Laudrup y tres de sus compañeros tampoco, pero Elkjær Larsen sí. España estaba en la final. En el gigante París esperaba Francia, la anfitriona máquina de ganar de Platini, pero esa ya es otra historia. Maceda se había elevado como héroe patrio y los ‘tuercebotas’ habían hecho leyenda. 24 años después, la venganza habría culminado.

14/12/2015

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One thought on “Maceda y los ‘tuercebotas’

  1. Me gusta, pero el 12 a 1 a la selección de Malta no fue en mi querido Ramón Sánchez Pizjuan, sino en la caja de herramientas de Heliopolis, lease el Benito Villamarín)

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