La primera vez de Westermann

westermann-betisSERGIO DE LA CRUZ | Los defensas son una especie digna del estudio más detallado. Las tesis que desarrollen los principios más ocultos de los zagueros dirán que nos encontramos ante personas malhumoradas, que gesticulan con el ceño fruncido, que perciben la belleza de la rudeza y lo expeditivo, que ven poesía en la guerra y la patada al tobillo. Un gremio que vive instalado en las trincheras a tiempo completo, con los codos fuera en los saltos y en el que hay excepciones como la de Heiko Westermann.

Porque a sus 32 años, este bávaro fruto de la cadena de montaje de centrales alemana, tuvo su primera vez. No fue en la sórdida habitación de un hotel ni en el asiento trasero de un coche ni en su casa aprovechando un viaje de los padres: ocurrió en un campo de fútbol. Los 13.950 espectadores que vieron el encuentro entre el Levante y el Betis en el Ciutat de València pudieron ver en directo cómo Westermann se desvirgaba… Con las expulsiones.

Después de 524 partidos y más de 14 años de carrera profesional, el momento llegó encarnado en la corpulenta figura de Ghilas, al que derribó para cortar una contra. Era el minuto 79 de partido y los astros se alinearon: el colegiado Sánchez Martínez mostró la cartulina roja y Westermann reaccionó con increduliad. ¿Era eso lo que todos sus compañeros de zaga durante todos estos años le decían que era una expulsión?

Con cara de andar más confundido que la persona que se entera de que hay seres humanos que consumen voluntariamente cervezas sin alcohol, cerró su bautismo de fuego con el iniciático camino a la ducha. Rabo y dos orejas para el caballero de verde y blanco.

Para añadir un despiadado giro de tuerca extra, a los días el Betis recurrió y Competición decidió anular la sanción. Un final inesperado para un jugador inesperado que se ha hecho un hueco en Heliópolis. Tras toda una vida en Alemania, saboreando la presencia en la Champions y la Mannschaft, del Greuther Furth al Hamburgo previo paso por el Arminia Bielefeld y el Schalke 04, agotó su trayectoria en el país que le vio nacer con dos temporadas salvándose de la quema de la 2. Bundesliga.

Al fin de su contrato, hastiado mentalmente de dos años agotadores, vio cómo su compañero Rafa van der Vaart se iba a la calurosa Sevilla. El siguiente en recibir la oferta fue él, y no se lo pensó. Nada más llegar, Pepe Mel le impuso la tarea de aprender español y, aunque más tarde confesaría que las primeras semanas fueron difíciles, ahora Westermann es un elemento más de la ciudad. Triana, la Torre del Oro, La Giralda y un tío de 1’90 metros que ya ha dejado una escena para el recuerdo de los béticos.

Westermann, que se precia de no tener ídolos —lo mismo llegó a decir Ayrton Senna—, funcionó en Vallecas como si le poseyese la esencia del mejor delantero centro. Comenzó la jugada en su campo, abrió a la banda y recibió en el área contraria para definir como los ángeles tras una carrera de 80 metros. Un atrevimiento que fue demasiado para un Pepe Mel que tras el partido reconocía que terminó pidiéndole que no subiera más.

Cuatro meses después de su llegada a la ciudad del Guadalquivir, el ’17’ es un pilar para el Betis y junto a Bruno forma una de las parejas de centrales más destacadas de este primer tercio de Liga. El siguiente reto es pararle los pies al Celta de Nolito. Que se ande con ojo el gaditano: el Villamarín ya es de Westermann.

04/12/2015

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