El Real Madrid se mece sobre el oscuro abismo

1448132571_extras_noticia_foton_7_1FIRMA DE RAFAEL AZNAR | El Madrid-Barça de ayer fue la crónica de un tropezón anunciado. Casi desde que empezara la Liga, se venía insistiendo en la idea de que el equipo blanco no jugaba ni a las cartas. Sacaba los partidos adelante con el maquillaje defensivo aplicado por dos estilistas inesperados como Keylor Navas y Casemiro, pero, por debajo de eso, subyacía una tendencia preocupante. Sí, había ramalazos de clase de genios como Marcelo o James Rodríguez, pero lo cierto es que, desde que Rafa Benítez se hizo cargo del banquillo, el equipo no ha convencido a nadie. Decepcionó contra el PSG en el partido disputado en el Bernabéu, se cayó con todo el equipo contra el Sevilla en el Sánchez Pizjuán y, directamente, caminó hacia un abismo sin red contra el Barcelona.

El 0-4 del derbi se podría considerar hasta benigno, visto lo visto sobre el césped, si no fuera porque deja una herida de siete puntos para el Madrid. Se suele decir que estos partidos que enfrentan a dos rivales directos son de seis puntos —los tres que gana el vencedor y los tres que pierde el derrotado—, pero el de ayer fue, prácticamente, de siete, pues el ‘golaverage’ será casi imposible de remontar en el partido de la segunda vuelta. El Real Madrid lo hizo casi todo mal ayer. El Barça le dio un repaso de época, y sin necesidad de disponer a Leo Messi en el once titular. Luis Suárez, Neymar, Iniesta y Sergi Roberto dirigieron una sinfonía histórica. Es impresionante la capacidad que ha tenido el club azulgrana para actualizar su plantilla y su banquillo en los últimos años —sin contar la ocurrencia de fichar al ‘Tata’ Martino— y, aun así, seguir jugando a casi lo mismo que cuando los nombres propios eran Guardiola, XaviEto’o, Yaya Touré o Villa. ¿Se acuerdan de aquello del ‘fin de ciclo’ que se vaticinaba en algunas de esas borracheras televisivas que se hacen llamar tertulias?

Está por ver cuál es el alcance de lo acontecido ayer en el Bernabéu, pero hacía tiempo que el público del lugar no experimentaba un trago tan duro de pasar. Fue una tarde de pitos. Empezaron siendo todos para Gerard Piqué, pero, conforme pasaban los minutos, acabaron por ser todos para los de la casa, con pañuelos al viento en el descanso y en el final, momento en que se optó por hacer sonar el himno a todo trapo para disimular la brutal regañina. La sinfonía de viento fue tal que una minoría hasta se olvidó de pararla momentáneamente cuando Iniesta fue sustituido, aunque hubo infinidad de aplausos para él que recordaron a otro momento icónico de la historia del Bernabéu: aquellas palmas para Ronaldinho. En todo caso, muchos de los pitos fueron para Florentino Pérez, que tiene buena parte de culpa de la situación del equipo. Cuando se le ocurrió la genial idea de echar a Carlo Ancelotti para poner en su lugar a Rafa Benítez, seguro que no era éste el resultado que esperaba.

En todo caso, la de ayer fue una derrota colectiva. No se puede salvar a casi nadie de la quema, ni siquiera a Keylor Navas, menos acertado que en otras ocasiones. El tridente formado por Benzema, Bale y Cristiano —eso que los periódicos acuñaron como la ‘BBC’ para ahorrarse caracteres y poder titular sin cortapisas— estuvo desaparecido en combate. Pese a lo mal que estuvieron, los tres parecen tener carta blanca para jugar los 90 minutos, llueva, truene o nieve, así que ninguno fue sustituido. Desde que Benítez llegó al banquillo, resulta todo un misterio averiguar en qué posición juega Bale. Por su parte, Benzema parece tener mejores asuntos de los que preocuparse, en forma de líos con la justicia. Mientras, Ronaldo da la sensación de tener un pie fuera del club, más pendiente de grabar documentales y coquetear con potenciales novias. Incluso se permitió el lujo de hacer unas bicicletas de esas suyas que no van a ninguna parte, lo que le valió los abucheos del público en la segunda mitad. Florentino Pérez haría bien en ir telefoneando al jeque Nasser Al-Khelaifi para facturarlo con destino a París. Con lo loco que está el fútbol y las cifras absurdas que se pagan por cualquier ‘mindundi’ hoy en día, aún está a tiempo de sacar 90 millones de euros por un futbolista que parece haber dado ya todo lo que tenía que dar en España.

Hasta los secundarios más esforzados estuvieron mal. Sergio Ramos, pese a su encomiable esfuerzo por ayudar al equipo, lleva meses arrastrándose con su lesión en el hombro, agravada hace dos semanas por su ocurrencia de ejecutar una chilena contra el Sevilla —que acabó en golazo, eso sí, pero a qué precio—. Los tres centrocampistas tampoco tuvieron su mejor noche: James Rodríguez tuvo algún destello, pero Modrić y Kroos fueron sombras de lo que suelen ser. Sin embargo, la palma se la llevó Isco, que, desquiciado por el rumbo del partido, se fue al vestuario antes de tiempo, tras darle una feísima patada a Neymar sin la más mínima posibilidad de disputar el balón. Aunque la tarjeta roja no admitía discusión, hubo quien jaleó el gesto, en medio de una nube de pitidos que, en ese momento, no estaba claro si estaban dirigidos al equipo o a la decisión del árbitro. Lo que sí está claro es que el Barça le pintó la cara a su eterno rival en su casa y que el look va a quedar para la historia. El Madrid, como cantaba Manolo García, se mece sobre el oscuro abismo.

26/04/2015

Rafael Aznar es periodista de Hobby Consolas y ex del diario MARCA 

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