Hasta que el cuerpo aguante

TiagoFIRMA DE IMANOL ECHEGARAY | Hubo un tiempo, quizá hace ya bastantes años, en el que el muro más conocido de, al menos, Europa, era el de Berlín. Una pared de hormigón que separaba la zona bajo control de la República Federal Alemana —Oeste—, de la capital de la RDA. Pero ese bloque, esa separación, ese muro, ahora mismo ya es historia. Simple zona de paso y turismo de la capital alemana que sirve para rememorar años peores mediante un cutre ‘selfie’. Ahora existe otro muro, más consistente y que, como el buen vino, parece que mejora con los años.

Cayó el de Berlín en 1989, una fría noche de noviembre. Un año después, en 1990, un rubio con bigote, de ascendencia germana, aterrizaba en la ribera del Manzanares. Él, Bernd Schuster, fue el último gran centrocampista que vistió la camiseta a rayas rojas y blancas —con la salvedad del oasis Vizcaíno—. Él, que estuvo tres años, fue el último futbolista con denominación de origen que hizo lo que quiso con la pelota cada domingo en el Vicente Calderón. Él, calidad y metrónomo, era ya una pieza olvidada por los colchoneros en sus más de 110 años de historia. Quedaba tan lejano aquello que en la casa ‘india’ se llegaron a pensar que el centrocampismo había muerto.

Eran tiempos de ‘Maniches’, ‘Luccines’, ‘Assunçãos’ y ‘Constinhas’. Tiempos de puentes áereos. No entre Madrid y Barcelona, no. Entre defensa y ataque del Atlético de Madrid. Momentos de balones a la intemperie; de carreras a la nada de un jovencísimo Fernando Torres; de pelotazos para que un argentino o un uruguayo se las apañaran para buscar la victoria —ojo, que así llego una Europa League—. Tiempos de salir al campo con once y jugar sólo con seis: cuatro defensas y dos delanteros. Tiempos, por qué no decirlo también, de defender con la mirada y presionar con la camiseta, manchada de vergüenza pero nunca de sudor.

Entonces llegó él, en 2010. Un portugués experimentado que no tuvo suerte en Turín. Un hombre con un peinado que a mí me encantaría tener. Rizadito, largo, voluminoso. Un jugador que se empezó a ganar titularidades sin ruido, pero del que poco se recuerda en aquel primer año más allá de sus lágrimas en el Camp Nou. Perdiendo una final de Copa del Rey. Con sólo cinco meses en el equipo. Preludio de lo que viviría cuatro años después.

El Atlético de Madrid, entonces, empezó a tener un mediocentro. Alguien sensato con el balón e inteligente sin él. Una pieza clave que parecía olvidada. Un hombre clave al que le faltaba algo primordial para lucir más: ayuda. Se dibujaba un Atlético más equilibrado en defensa, pero fiel a su presente más continuo. El centrocampista seguía sin existir. La creación no era posible. Pero llegó él: Simeone. Un hombre que, precisamente, fue centrocampista en el ‘Atleti’ de la excepción de Vizcaíno. Un futbolista impulsivo, inquieto y con sangre por bandera. Le supo dar la importancia que tenía y rescató para la causa aquello que pedía a gritos un Tiago que ya entraba en la treintena. Su ayuda.

Gabriel Fernández, el ‘Gabi’ que salió de la cantera rojiblanca en busca de oportunidades, volvía a casa. Y lo hacía para ser el fiel reflejo de Simeone dentro del terreno de juego, para unir su mano junto a la de Tiago y formar un cerrojo inexpugnable; para ser el comandante que con el dedo índice señalaba cuándo ir y cuándo retroceder; el primero en correr hacia delante y el primero en llegar a las coberturas; el pulmón, el oxígeno y, hablando de puro fútbol, el pegamento en el que se sustentaba un Tiago que, desde la presencia del español, empezó a crecer.

A partir de 2012 se vio al Tiago más llegador, más centrocampista y más ‘jugón’. Con Gabi abarcando todo el centro del campo, el portugués se dedicó a repartir balones, a hacer siempre lo fácil: dársela siempre al compañero mejor situado. A ser él. Si bien, entre los dos sumaban más de 60 años y las dudas de ciertos sectores se cernían sobre ellos. ‘La temporada que viene no podemos aguantar con dos mediocentros con esta edad’. Y, entonces, el Atlético ganó la Liga 18 años después y estuvo a tres minutos de hacerse con su primera Liga de Campeones. Con Gabi multiplicándose y Tiago haciendo fácil lo difícil. La mejor temporada de la historia del ‘Atleti’ llegaba con dos centrocampistas. No era tan difícil.

Tras esto, el bajón. Con un Tiago sin contrato, coqueteando con otros equipos, y un Gabi con la cabeza fuera del terreno de juego, se antojaba un 2014/15 angustioso. Simeone se comió su orgullo y obligó a toda la hinchada rojiblanca a hacer lo mismo. Tiago debía volver y ser su hombre. Eran 33 los años que tenía. La decisión era extraña, pero funcionó.

Y dio resultado porque en este nuevo Atlético, con más toque que nunca, Gabi está volviendo a ser Gabi, y Tiago, que dice tener 34 años, aparenta 22. Lo juega todo, lo toca todo y está en todas partes. El portugués vive el momento más dulce de su carrera, justo cuando ésta se encuentra en el ocaso. Como si de Benjamin Button se tratara, cada año se encuentra mejor, mientras que en cada partido se gana un hueco más importante en la historia del Atlético. Leía a Juan Esteban Rodríguez que es el mejor centrocampista que ha tenido el ‘Atleti’ en las últimas dos décadas. Coincido. Y me arriesgo a algo más. Tiago está entre los cinco mejores mediocentros y Gabriel Fernández es el mejor capitán de la historia del Atlético de Madrid. Porque, pudiendo dejar caer sus últimas gotas de fútbol en cualquier paraíso multimillonario, han decidido alistarse al ejército de Simeone sin miramientos. Hasta que el cuerpo aguante. Y un poquito más.

Imanol Etxegaray es periodista colaborador de Perarnau Magazine y estoesatleti.es

01/11/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s