Títere y ‘traître’

image

SERGIO MENÉNDEZ | “Los verdaderos marselleses sólo juegan en el Olympique de Marsella. Tú no eres más que un traidor”. He aquí el mensaje con el que la grada del Vélodrome recibió el pasado 20 de septiembre a un futbolista que hace no mucho tiempo constituía el buque insignia del club que hoy dirige desde el banquillo Míchel. Un futbolista que gozaba del favor de la afición, pero también de sus directivos, cosa que no siempre resulta fácil. Es común que este tipo de jugadores que se acaban convirtiendo en icono, en virtud de su prolongada estancia en el mismo club y gracias al progresivo incremento que sufre su peso específico tanto en los compañeros de vestuario como en la hinchada a medida que transcurren las temporadas y suman galones, adquieran una influencia que les otorga una posición de poder en los despachos y la capacidad de ejercer presión a la hora de negociar la renovación de su contrato o solicitar una subida de sueldo que no suele ser, precisamente, del agrado de presidentes ni directores generales. Prueben (no sin antes haberle ofrecido garantías suficientes de que no hay ni micrófonos ni cámaras grabando en varios kilómetros a la redonda) a preguntarle a Florentino por Sergio Ramos. Igual hasta se ponía a maldecir la hora en que el sevillano empezó a hacer de La Décima una realidad.

El hecho es que Mathieu Valbuena, en cualquier caso, era un futbolista muy especial para la institución. No en vano, el máximo mandatario del club, Vincent Labrune, un hombre que si resulta de por sí poco dado a las ruedas de prensa, lo es todavía en menor medida a muestras de amor eterno susceptibles de comprometerle en el futuro, ordenó la retirada del dorsal 28 (el mismo que el mediapunta lució desde el inicio de las ocho temporadas que pasó a orillas de la Costa Azul) después de que se formalizara el fichaje del francés por el Dinamo de Moscú en agosto de 2014. Valbuena es un jugador emblemático que nos ha marcado enormemente, sobre todo durante estos primeros años del siglo XXI. Es, además, una de los contrataciones más largas que jamás ha realizado el OM. Gracias por tu amor a estos colores y por tu rendimiento sobre el terreno de juego. Hoy pasamos una página importante para la historia del club”, llegó a declarar el máximo mandatario en un acto donde el jugador, además de asegurarse que nadie volvería a lucir el ’28’ a la espalda, entraba en el hall de la fama del conjunto galo, en un gesto que hasta entonces solo se había tenido con el senegalés Souleymane Diawara. Un gesto que a la larga le ha pasado factura, obligándole incluso a recular.

Las razones de tan hostil atmósfera (no sólo por parte del CU84, el principal grupo radical del OM, comandado en el pasado reciente por Santos Mirasierra, un viejo conocido de la afición del Atlético de Madrid, sino también del resto de la grada) a su vuelta a la que fue su casa residen en los movimientos recientes del futbolista, que durante el último mercado de fichajes selló su traspaso al Olympique de Lyon. Dicho de otro modo: sólo una temporada después de su salida de Marsella hacia la capital rusa, Valbuena hacía nuevamente las maletas y fichaba por un club con el que ‘les phocéens’ comparten (además de su titularidad olímpica) una rivalidad histórica, al igual que le ocurre con el París Saint-Germain o el Saint-Étienne. Un movimiento que la afición y el organigrama del OM, como no podía ser de otra manera, interpretaron como una traición. El propio Vicent Labrune, que meses atrás se había deshecho en elogios hacia su ‘petit vélo’ (equivalente en castellano a ‘pequeña bicicleta’, apodo cariñoso con que se conocía popularmente a Valbuena, tanto por lo pequeño de sus dimensiones como por su velocidad), se apresuró a poner su antiguo dorsal a disposición de quien lo solicitase cuando se confirmó su alistamiento en el bando enemigo. Así las cosas, resulta hasta cierto punto lógico que su antigua hinchada se afanase tanto en enrarecer el ambiente en torno al futbolista en su primera visita al Vélodrome tras su salida. Entre los preparativos se incluyeron, además de pancartas o los tradicionales cánticos donde se pone a la víctima de Judas para arriba y toda una sinfonía de viento cada vez que el centrocampista rozase el balón, muestras con un componente de odio bastante más exacerbado, como pueden ser la quema de camisetas al más puro estilo Lebron James o la exhibición de un títere vestido con los colores del OL y cubierto en el rostro por una careta con la foto de Valbuena que su antigua hinchada colgó de la valla del Virage Sud colocándole una soga al cuello.

image2_recortada

Pancarta con que la afición de Marsella recibió a Valbuena en su visita al Vélodrome con el Olympique de Lyon.

Esta muestras de rencor, si bien resultan macabras, no son nuevas en los estadio de fútbol. En España, por ejemplo, en un acto que Santiago Segurola describió en una crónica con fecha de 28 de noviembre de 1994 como “aberrante, lleno de brutalidad y miseria moral”, lo de ahorcar peleles apenas ha vuelto a suceder desde que Ochaíta, lo más próximo a Tomás de Torquemada que ha pasado por la “grada joven” del Bernabéu, simuló la ejecución de José María García por sus constantes críticas hacia el Real Madrid. Por si el cartel de “García” que lucía en el pecho del monigote no resultaba suficientemente esclarecedor a la hora de identificarlo, el bueno de José Luis y sus camaradas de Ultras Sur se preocuparon de ataviarlo con una camiseta color naranja. Por lo de ‘Butanito’, más que nada, no fuese a ser que alguien se perdiera. Luego, como si de un ninot se tratase, le prendieron fuego.

Algo parecido le ocurrió a Beckham después de su expulsión durante la eliminatoria de octavos de final del Mundial de Francia 98 contra Argentina. Un episodio que, en última instancia, significó la eliminación de Inglaterra y, en lo que a la faceta personal de David se refiere, le instaló en el cuerpo el miedo que implica reconocerse a sí mismo por televisión colgado a manos de hooligans que aquella noche pasearon su cadáver de trapo por los pub de Londres y prácticamente le señalaban como único responsable del enésimo fiasco de su selección. Pese a la desilusión y el componente incriminatorio, por lo menos él no tuvo que sufrir en sus carnes el agravante que supone pasar de ser considerado por tu antigua afición como un héroe a la altura del mismísimo Napoleón (al igual que José María García, otro ilustre y talentoso bajito de gran carisma y probadas dotes de mando) a transformarte en un Schuster, un Laudrup, un Luis Enrique, un Figo o un Eto’o cualquiera.

30/09/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s