Identidad

LucasPérezJULIÁN CARPINTERO | 127 días. Ese es el tiempo exacto que ha pasado desde que el Deportivo de La Coruña lograra su agónica permanencia en la Liga BBVA en la última jornada del pasado curso. El calendario marcaba el 23 de mayo cuando los de Víctor Sánchez del Amo saltaron al césped del Camp Nou para jugarse el todo o nada ante un Barça ya campeón de Liga y que tenía fijada la vista en las dos finales que aún le quedaban por jugar —y ganar—. No tardaría Messi en robarle el protagonismo al homenajeado Xavi, pues un doblete del rosarino nublaba aún más el presente de un Depor que ya no podía disimular su cara de descenso. Pero fue entonces cuando apareció él para rescatar a su equipo, para darle esperanzas a la ciudad donde había nacido y para reconciliarse consigo mismo. El éxodo había terminado.

A simple vista, Lucas Pérez da la sensación de ser un chico normal. Se peina con raya, lleva barba de varios días y sonríe con facilidad. Transmite alegría, pasión y garra. Al fin y al cabo, debe ser lo normal para alguien que ha luchado tanto por cumplir su sueño de la infancia, que no era otro que defender el escudo del Deportivo, el equipo de su ciudad. Porque Lucas, que cumplió 27 años hace un par de semanas, creció con las gestas del ‘Súper Depor’ de Arsenio Iglesias, los tantos de Bebeto y el penalti de Đukić. Mamó el deportivismo y se hizo mayor con la Liga de Irureta, el ‘Centenariazo’ y la tarjeta roja de Andrade ante el Oporto. Y, como no podía ser de otra manera, mientras ondeaba al viento su bufanda en Riazor soñaba con ser protagonista algún día. Sin embargo, el destino no le iba a poner fácil ser profeta en la villa de María Pita.

A medio camino entre un mediapunta con gol y un delantero asociativo, el ‘7’ blanquiazul ya se ha erigido en el referente de los de Víctor en la presente temporada. Más aún después de los dos tantos que consiguió ayer en la victoria frente al Espanyol, dos acciones que mostraron a la perfección un compendio de sus mejores cualidades: en el primero lanzó un contraataque con una velocidad inusitada en la conducción y después se desmarcó con inteligencia antes de cruzar con precisión el balón en la meta de Pau López; en el segundo tuvo la ambición necesaria para acompañar la jugada y empujar el balón para el delirio del coliseo deportivista. Con este doblete, Lucas ya suma cuatro goles en seis partidos, más de la mitad (7) de los que consiguió en todo el ejercicio anterior, cuando su aportación fue vital para mantener la categoría.

No obstante, a pesar de que ahora se encuentre en el mejor momento de su carrera, las circunstancias que le han acompañado en su vida se asemejan poco a un cuento de hadas. Desde la polémica que le rodeó cuando sólo era un juvenil y Montañeros y Órdenes se disputaron su fichaje —la RFEF investigó un presunto caso de duplicidad de fichas— hasta su frustración por ver que nunca le llegaría una oportunidad en el primer equipo del Atlético o los impagos que tuvo que soportar cuando fichó por el Rayo Vallecano. La desesperación por la situación económica le empujó a buscar fuera todo aquello que no estaba teniendo aquí, por lo que en 2010 aceptó una oferta del inhóspito Karpaty Lviv ucraniano, equipo en el que brilló hasta tal punto de que llamó la atención del Dinamo de Kiev, uno de los dos gigantes de la antigua república soviética. Pero, una vez más, la suerte le iba a ser esquiva en la capital, donde ni siquiera llegó a debutar en partido oficial. Aun así, aunque le separaran miles de kilómetros, su corazón seguía estando con un Deportivo tan inestable que se convirtió en un equipo ‘ascensor’.

Grecia sería la penúltima estación de su viaje antes de regresar a su Ítaca particular. En el país heleno vistió la camiseta del PAOK de Salónica y, tras un muy buen año de debut, el Deportivo le llamó a filas. Y Lucas no dudó en volver, aunque fuera como cedido. Sin embargo, una lesión le apartó de los terrenos de juego durante las siete primeras jornadas de Liga; no obstante, la espera mereció la pena, ya que en su estreno en Riazor salió como titular e hizo un gol en la victoria por 2-0 ante el Valencia. El resto, especialmente la mencionada tarde en el Camp Nou, es historia.

La grandeza de Lucas Pérez es que su historia reconcilia a la sufridora afición deportivista con su equipo después de una época en la que el continuo ir y venir de jugadores ha provocado la despersonalización del club. Los niños tienen ahora un espejo en el que mirarse, puesto que Lucas representa la personalidad y el alma de una entidad que vive días felices. Y ninguno quiere que les bajen de la nube.

28/09/2015

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