Pasarse de frenada

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JESÚS GUALIX | La historia entre Radja Nainggolan y las lesiones graves en rivales sumó este pasado miércoles un nuevo y escalofriante episodio. La víctima, un incipiente y joven Rafinha Alcántara que, al igual que su hermano Thiago, tendrá que visitar el quirófano y, por lo tanto, perderse toda la temporada debido a la innecesaria entrada del centrocampista de Amberes. Rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y adiós al sueño de despuntar en el segundo proyecto de la era Luis Enrique. El brasileño tiene que dar además gracias a que el 2016 sea un año sin Mundial y sin Copa América.

Pero es que no es la primera vez en la que el ex de Cagliari y Piacenza se excede a la hora de frenar a un rival. Nainggolan, batallador como pocos, peleó un balón dividido en el partido que le enfrentaba al Chievo Verona con tan mala fortuna que lesionó de gravedad al joven Federico Mattiello. Fractura doble de tibia y peroné para el jugador propiedad de la Juventus y un largo proceso de recuperación que, seis meses después, todavía sigue su curso.

En ambos casos el impetuoso belga se pasó de frenada en su intento de disputar la pelota. Tal exceso a la hora de luchar por el esférico puede deberse a alguna razón, como por ejemplo su difícil infancia, en la que tuvo que cuidar de sus hermanastros y de su hermana melliza que, por cierto, es uno de los baluartes del fútbol femenino capitolino. Riana Nainggolan es una de las estrellas del RES Roma y, como tal, goza el espíritu de lucha y sacrificio de su hermano.

También podría deberse tal agresividad a que el centrocampista romano sufrió en sus carnes el abandono de su padre cuando apenas estaba aprendiendo a sumar o a identificar colores. E incluso la fatalidad, reflejada en la muerte de su madre hará cinco años, debería ser otra cuestión a tener en cuenta. Nainggolan tiene sobrados argumentos para mostrar una combatividad y una fuerza fuera de lo común ante cualquier psicólogo que se precie.

Pero estas, aunque son razones de peso, no son suficientes como para andar por el terreno de juego sin medir, sin tener precisión y sin llevar consigo un mínimo de tacto a la hora de disputar ese balón que rueda sin parar en el Olímpico y en otros estadios de Italia y de Europa. Radja Nainggolan debería ante todo reflexionar acerca de su manera de jugar al deporte rey, solo así podrá bloquear los frenos de su carácter y ceder en su empeño de lesionar de gravedad al que se le cruce en su camino hacia ser un jugador mejor.

21/09/2015

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