El doberman albino

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SERGIO MENÉNDEZ | Decía el otro día José Ramón de la Morena desde su pecera de Gran Vía 32 sobre Patrick Ebert que “el alemán viene con un cable pelado”. Lo hacía justo después de ironizar con la pésima actuación de su compañero en el Rayo Vallecano, el central Antonio Amaya, durante el encuentro del lunes frente al Deportivo de la Coruña, sugiriendo que el madrileño se había mostrado sobre el césped bastante más lento que en el asfalto, en clara alusión a la pillada que la Guardia Civil le hizo al futbolista hace escasamente una semana mientras circulaba a bordo de su Porsche Panamera a 234 kilómetros por hora por la M-301. El límite de velocidad de la vía era de 100 km/h.

Lo hacía, el ingenioso hidalgo de las ondas de Brunete, a propósito de la expulsión del jugador nacido en Potsdam en el transcurso del partido. Faltaba menos de un cuarto de hora para el final del encuentro cuando se produjo el cortocircuito en la cabeza de Patrick. Entonces el conjunto visitante ganaba ya por 1-3 gracias a los tantos de Borges, Luis Alberto y Lucas Pérez, que anularon por completo el amago de reacción que consiguieron los locales con el gol de Embarba.

Trataba el Rayo en esos momentos de apurar sus últimas opciones de rescatar algún punto y maquillar un poco un resultado que no variaría en absoluto, por desgracia para los hombres de Paco Jémez. Fruto de un rechace de la defensa gallega, salió el balón despedido a la frontal del área y terminó de casualidad en los pies de Ebert. Un muchacho impulsivo, el bueno de Patrick, que no se lo pensó dos veces a la hora de armar el tiro y rematar a portería, en un tímido intento por demostrar a la afición franjirroja que bajo el calentador de su pierna derecha se esconde todavía ese mortero letal que se recuerda de su estancia en Valladolid. Habrá que esperar, sin embargo, para comprobarlo, pues su disparo lo desvió a saque de esquina uno de los chicos de Víctor Sánchez. O, por lo menos, así lo entendió el tudesco. No lo apreció de igual manera, sin embargo, Ricardo de Burgos Bengoechea, juez de la contienda y sobrino del agente de la Guardia Civil conocido como ‘el cabo del anorak’ que participó junto a Antonio Tejero en el golpe de Estado del 23-F, y le ordenó a Adolfo Suárez que ni se le ocurriese levantarse de su escaño, que señaló saque de puerta.

No se sabe con certeza si fue un chispazo originado por ese cable pelado al que se refería ‘Joserra’, que lo mismo se soltó y empezó a pegar latigazos contra las paredes de la cabeza del alemán, desencadenando en el futbolista un proceso de enajenación mental similar al que dicen que sufren los doberman llegados a un punto en que el tamaño cerebro excede las dimensiones del cráneo y se vuelven completamente locos y agresivos, o si el problema radica simplemente en que es un grosero, pero el caso es que Patrick Ebert empezó a reprocharle al colegiado su indicación dirigiéndole toda una sarta de improperios y descalificaciones que el trencilla bilbaíno optó por aplacar mostrándole la tarjeta roja. La cosa, de hecho, no quedó ahí. Faltaba, por un lado, saber la valoración de Paco Jémez en torno a la expulsión. “Todos saben que son cosas que ni me gustan ni las voy a permitir. Voy a hablar con él. Se ha equivocado gravemente. Ha dejado al equipo con diez y eso repercute en el equipo. Son cosas que hay que intentar no cometerlas”, declaró el míster en sala de prensa justo antes de sentenciar con un rotundo “tendrá que pagar por ello”.

Y vaya si tendrá que hacerlo. Ayer mismo se conoció la sanción de cuatro partidos que la federación ha decidido imponerle al futbolista por acordarse de la madre del árbitro y atribuirle un puesto de trabajo en la profesión más antigua del mundo. Nada nuevo, por otro lado, visto lo visto a raíz del episodio de Piqué con el linier de la vuelta de la final de la Supercopa de España. Triste, en cualquier caso, que la calidad de este futbolista de pelo rubio y piel blanca se vea a veces minimizada por ese pronto irrefrenable, digno de un doberman. Un doberman que, si bien en esta ocasión ha sacado a relucir su reverso más fiero y tenebroso, cuenta en su pedigrí con anécdotas que reflejan una humanidad y solidaridad especiales, como aquella noche de 2010 durante su etapa en el Hertha de Berlín en que bajó del coche alertado por los gritos de socorro de una mujer y se tiró a las vías del metro para evitar que un hombre que se había arrojado desde el andén tras varias jarras de cerveza y después de haber discutido con su novia terminase hecho chucrut. La duda es si Paco Jémez será capaz de lidiar con él y convertirse en ese encantador de perros que nos haga disfrutar de la mejor versión de un jugador con una personalidad tan indómita como su talento.

17/09/2015

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