Gin tonic

DouglasCostaJULIÁN CARPINTERO | Hasta este fin de semana sólo los seguidores más puristas de la Bundesliga habrían sabido identificar el nombre de Knut Kircher. Y es que este árbitro nacido en Hirschau hace 46 años ha sido el gran protagonista del fin de semana en Alemania después de pedir perdón públicamente por el incomprensible penalti que pitó a favor de un Bayern de Múnich que en el minuto 89 era incapaz de doblegar al combativo Augsburg en el Allianz Arena. Sin embargo, más allá del flagrante fallo que enervó a Markus Weinzierl e hizo enrojecer al mismísimo Guardiola —“no me gusta ganar así”, dijo en rueda de prensa—, los focos volvieron a centrarse en esa sombra inalcanzable que corretea arriba y abajo con el ’11’ muniqués a la espalda y que provocó la jugada de la discordia. Porque la gran sensación del fútbol europeo en este arranque de temporada juega en Baviera y se llama Douglas Costa.

A día de hoy pagar una entrada de un estadio merece la pena con tal de verle a él. Esprinta, dribla, caracolea, centra, dispara y ayuda en defensa. Y todo lo hace bien. Guardiola podrá tener muchos puntos fuertes, pero de sobra es sabido que acertar con los fichajes no es uno de ellos. Por eso mismo parecieron exagerados los 30 millones de euros que el Bayern desembolsó a principios de verano para hacerse con los servicios de aquel vertical atacante brasileño que tan buen sabor de boca había dejado en el Shakhtar durante las últimas temporadas. Probablemente Pep, que según cuentan los que le conocen se deja guiar mucho por las sensaciones que le transmiten los futbolistas, se quedara prendado de él en la eliminatoria de Champions League que su equipo disputó frente a la escuadra ucraniana el pasado mes de febrero. Porque aunque el escandaloso 7-0 de Múnich sea un motivo más que suficiente para pensar que el Shakhtar no plantó batalla, el empate a cero de la ida dejó bien al descubierto los problemas de Guardiola —y, por extensión del Bayern— para encontrar un plan B cuando no le funciona el A. En este contexto, el gran responsable del combate nulo que los dos equipos ofrecieron en el Donbass Arena fue un Douglas Costa que, como era de esperar, no pasó desapercibido para Pep.

No obstante, seguramente lo que más impacto ha generado haya sido su inmediata adaptación a un fútbol tan exigente como el alemán, pues en apenas un mes se ha convertido en indiscutible por todas las cualidades que atesora y por haber entendido a la perfección lo que Guardiola necesita de él. Con Ribéry fuera de combate por sus problemas de tobillo y con la incógnita de cómo responderán los músculos de Robben a lo largo de una temporada que promete ser larga, el ex de Grêmio, que por fin fue convocado por Dunga para la última edición de la Copa América, se ha echado el equipo a la espalda haciendo gala de un desparpajo y una personalidad impropias para un chico que acaba de entrar en uno de los vestuarios más exigentes del mundo. Prueba de ello son su partidazo contra el Wolfsburg en la Supercopa alemana, el espectacular gol que le hace al Hamburgo en su debut en la Bundesliga o la increíble lambretta con la que retrató a Julian Brandt el día del Bayer Leverkusen. Por cosas como éstas en Múnich ya le adoran y nadie reclama la presencia de Götze.

No en vano, aparte de los aficionados, que ante la prolongada ausencia de Thiago habían olvidado lo que era la fantasía, los grandes beneficiados del desembarco de Costa están siendo Lewandowski y Müller. Especialmente este último, que también está firmando un inicio de campaña propio de un futbolista de talla mundial como es su caso. Sea como fuere, la sociedad que el carioca está formando con los dos puntas del Bayern promete dar muchos réditos al gigante alemán: el primero pone el desborde y la precisión para que los segundos muestren su instinto y su hambre. Así, el pentacampeón de la competición ucraniana asoma como una versión mejorada de Pedro que Pep se ha inventado para su Bayern, un rol sin el que no se entenderían los éxitos del Barça que comandó el entrenador de Sant Pedor.

A fin de cuentas, Douglas Costa es la fresa que adereza el gin tonic que es el Bayern: sin él seguiría estando bueno, pero al sorberlo no dejaría un sabor tan dulce. Para desgracia de Weinzierl y del resto de equipos que no fueron capaces de apreciar el talento salvaje que se escondía en el este. Por eso, cuando salta al césped la mejor opción es disfrutar, con copa o sin ella.

14/09/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s