Sinfonía Piqué

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DAVID PALOMO | Hay una corriente que trata de hacer del fútbol algo intelectual, sesudo y –se podría llegar a decir– incluso aburrido. Ante tal eventualidad, se agradece que aparezcan personajes como Piqué –aunque sea por la diversión–, capaces de tirar todo por la borda, agarrarse a unas ideas y escapar de las palabras bonitas para buscar la réplica adecuada a su pensamiento. Esa sinfonía, chillona y chirriante en los oídos de muchos, es música celestial para Gerard y todos aquellos que pregonan con su actitud que dichos rifirrafes sean incluidos como patrimonio del espectáculo: Ramos, Arbeloa, Guti, Mourinho Tipos que no se esconden, que se exponen sin filtros para que juzgue el aficionado. Es decir, lo que ha sido el deporte desde sus orígenes: rivalidades, piques y engaños. A veces, también hay que decirlo, exportadas en la memoria del mismo como frases celebres en boca de personajes de dudosa moralidad económica: Jesús Gil, Lorenzo Sanz, Núñez…

Apareció Piqué, envuelto en el runrún, para acabar con los pitos. O, al menos, para intentarlo. ¿Resultado? El contrario al esperado. El defensa no se arrepintió de nada. Dio argumentos, extirpó estigmas y se presentó como mártir: “Si quieren pitarme en el Bernabéu que lo hagan. Eso es sinfonía para mis oídos”. La frase, chocante en un primer momento, es un clásico, como los propios silbidos. Porque el último ha sido Gerard, pero antes, del lado blaugrana, ya fueron Luis Enrique y Eto’o; y en el merengue, Raúl, Guti, etc.

La actitud de Piqué, su pensamiento, sus ‘tonterías’ o sus ‘bromas’ pueden gustar más o menos, pero son de agradecer en el fútbol, un deporte cada vez más encerrado en sí mismo, donde los jugadores están atados bajo la mordaza del departamento de prensa de los clubes. Bajo ese prisma, que un jugador dé un paso al frente, se posicione y no pida perdón, sino que se ratifique con argumentos, es una alegría ante el típico discurso del “sí, bueno, no…” tan habitual.

Propuesta la perspectiva anterior, lo normal es que el ruido no cese, como no lo ha hecho nunca. El deporte, como disciplina, bebe del análisis, pero se alimenta de la caña del bar, el periódico y el debate continuado durante gran parte del día. Su esencia, tan táctica como animal, siempre que sea reflejada con ecuanimidad, no es soslayo de teóricos, pero huye, por parte del gran público, del razonamiento intelectual. El fútbol, además de dibujos y esquemas, se alimenta de la pasión, el impulso y la irracionalidad que acompaña al gol. Por tanto, de vez en cuando, la aparición de personajes que lo entiendan así es de agradecer. Y luego, ya digo, les pueden caer mejor o peor. Eso lo comentamos con una Mahou en la mano…

10/09/2015

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