‘Sayonara, RG’

rgMARIO BECEDAS | No vine aquí para hacer amigos, pero sabes que siempre puedes contar conmigo. Me repito demasiado en el tópico de ‘Feo, fuerte y formal’, pero es que la canción de Loquillo le pega al fútbol. Y aunque el del tupé no lo sabía, se la estaba cantando muchos años antes a Raúl García, que la cumple a la perfección si exceptuamos lo de formal, que va en función de los barrios en los que se pregunte. Pasado el año electoral, el CIS determinará si el ya ex-futbolista del Atlético constituye una de las mayores preocupaciones de los españoles por detrás del paro y por delante de la corrupción.

No cabía en la mente del fornido navarro, allá cuando descollaba como promesa de Osasuna, que acabaría siendo el villano de medio país. Hizo caso del ‘vasco’ Aguirre y, sin ser un héroe de la plasticidad, fue capaz de convertirse en uno de esos jugadores que no son buenos, que no brillan, pero que saben dónde está el gol pese a jugar en la media. Raúl García, RG en adelante, aprendió a convivir peligrosamente con el área. El teléfono, claro, no tardaría en sonar. Se dice que hasta preguntó el Madrid. Se documenta que hubo feos al Athletic. Se sabe que se lo llevó el ‘Glorioso’.

Dispuesto a partirse la ancha espalda, RG acató, corrió, entrenó. Pero pronto se vio que no tenía caché. Tampoco cuajó unas grandes temporadas ni brilló como en Pamplona pese a los intentos de su Aguirre. “No se comió un cagarro”, me dice un analista. El Calderón, presunta mejor afición, le pitó sin compasión. Le bautizó como “Tucán”. No le querían. Unos palos de los que él después dijo que aprendió mucho. Quizá por eso empezó a dárselos a otros jugadores en el campo, pero eso vendrá más adelante. “Cherry” y “Cara Grifo”, en motejo de insignes abonados colchoneros, lo devolvieron por un año a El Sadar.

Exiliado, ascético, regresado a casa, comiendo langostas del desierto, RG reencontró la mística del gol y, cual Rocky, se preparó para el boxeo mayor: Simeone le iba a repescar en busca del todo. Le convirtió en su perro de presa, en el adalid de un primer juego canchero que a la postre fue encontrando el pequeño arte. RG siguió haciendo más goles de lo que cabía pensar, pero se granjeó la poco agradable fama de violento. Aunque decían ser los que menos faltas hacían, los del ‘Cholo’ llegaron a las alturas con una presión asfixiante y un esfuerzo encomiable, pero también al límite del reglamento y de la caricia expeditiva.

En esta filosofía, RG fue el hombre de Simeone para romper el bipartidismo de Madrid y Barça: el miedo cambió de bando. De ahí el círculo —protector— que ha trazado el colchonero de a pie en torno a un símbolo tan discutido otrora por su parroquia. Esta adoración a RG ha sido mayor si cabe tras su encaramiento en los encuentros con el 98% restante del fútbol español, especialmente con el Madrid. Azote de la casta futbolística, RG amenazó a  Xabi Alonso con verse a la salida, tronchó a Di María, abroncó a Cristiano por su ‘espaldinha’ y cavó media tumba de Ancelotti con dos goles decisivos en sendos partidos.

En calidad de flagelo de los poderosos, RG no se arredró ante un Neymar que ese día volaba en la Copa frente a un Atlético plateado. El brasileño se le escapó por mil sitios y RG sólo lo pudo frenar con el pico de barra de pan que tiene por codo. Acto seguido llegaba el beso soplado del culé precedido de un “hijo de tal…” que el bravo rojiblanco respondió con soberano empujón. Para las variopintas gradas del fútbol español, RG ha sido “hijo” de muchas cosas; pocas buenas. También hay que concederle que nunca se achantó.

La vorágine absoluta se produjo cuando El Marqués, mente preclara y ahora obstinada, lo llevó a la Selección para que se vistiera el siempre polémico ‘7’ de España. No es el primer Raúl G. que ostenta ese honor, logrando ambos dos la misma cantidad de títulos con La Roja: quizá le quedase mejor a Villa. En cualquier caso, esta peripecia de la internacionalidad dejó ‘bytes’ de cachondeo en Twitter y sirvió para que el país viviese otra gloriosa noche de greguerías en 140 caracteres: exquisita la velada con De Gea y los pantallazos de Concha Espina.

Cargado de odios pero nutrido de experiencia, RG hace honor a su rol de chicarrón del Norte y, tras haber hecho fama siendo el ‘Terminator’ de Melancólicos, pone rumbo a Bilbao con la expectativa bien alta: cuando le preguntaron en su día si recalaría en San Mamés se despachó con un  nada críptico: “Hay más equipos que no son el Athletic”. Desde la capital del Reino, unos le lloran en la M-30 y otros, a orillas de la Castellana, tachan domingos para volver a topársele aunque por un lateral de la boca escupan: “Sayonara, RG”.

04/07/2015

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