#GraciasPedro

pedroMARIO BECEDAS | Sus dientes fueron a mejor mientras su fútbol se hizo pequeño. Pese a todo, nunca ha dejado de morder el campo. Se le bautizó ‘Don Pedro’ cuando alcanzó la proeza de marcar en todas las competiciones y aún desprendía algo de Masía para acabar siendo ‘Pedrito’, el carisma del jugador número 12 que fue el hombre de las finales y que cada vez se veía más abocado a mascota de un Barça posmoderno.

El as en la manga de un Guardiola aún capilar, el relámpago que Del Bosque supo sacar en Sudáfrica, el canario, el hijo del gasolinero, el español de los años 30 con pelo hacia atrás, el hombre de los 20 títulos conquistó a media España y concitó el odio de la otra media que no ahorró vituperios —‘Perro Rodríguez’ le han llegado a llamar— y que ahora le considera maltratado por su club cuando su morgue aún huele a los últimos guantes de Casillas.

Ojalá hubiese sido tan fácil como eso. No es mentira que la deriva primero del trágico Rosell y después del oportunista Bartomeu, el dúo dinámico e imputado, ha dejado La Masía y todo lo de que ella viniese en un bonito recuerdo del pasado, pero en el caso de Pedro ha habido un factor inexorable: el paso del tiempo. No fue sólo la tropelía de ficharle a Alexis por delante, que también, o hacerlo luego con Neymar, que igual; su brillo ya no era el mismo.

Pedro corría igual, peleaba más, defendía aún mejor, por amor al club quizá hasta pensó por un segundo en quedarse de lateral derecho, pero faltaba el algo de 2010, el espinazo letal de aquella MVP (Messi, Villa, Pedro) cuando la vida todavía dejaba soñar y etcétera. Pedro olía el fútbol y a partir de cierto momento sólo lo empezó a jugar. Tampoco se molestaron los dirigentes en permitirle más recorrido.

La cuestión es que con Messi, Neymar y Suárez arriba, Luis Enrique desterró, quizá injustamente, quizá no tenía otra, como suplente de lujo a Pedro, que tuvo la mala suerte de serlo en una temporada de triplete. Su renovación de peseta de madera por el mercader Bartomeu era una mueca para los que sabíamos que esto no iba a acabar bien. El drama del verano estaba servido y más cuando Pedro hizo el 5-4 al Sevilla.

La ruptura iba a resultar dolorosa sí o sí, y así lo ha sido. Respetuoso, educado, sacrificado, Pedro nunca protestó, nunca alzó la voz ni dejó de ser un gran profesional, se resignó y le convencieron de que la Premier era una salida. Pobre. Al menos en el último minuto vio que Van Gaal iba a ser una pesadilla —pregúntenle a De Gea o a Valdés— y se va al Chelsea para dejar de ser el jugador número 12 y ser el 16 o el 17 con otra joya: Mourinho.

Después de Cesc, el portugués se hace para su equipo con otro hombre de aquel Barça que tantos dolores de cabeza le dio en su mediática etapa al frente del Madrid. A este paso, el próximo fichaje del Chelsea podría ser Iniesta. O Messi, que para algo le votó como mejor entrenador hace tan sólo unos meses. Al final, con un trozo menos de fútbol en el hígado, con 2010 cada vez más lejos, digamos #GraciasPedro.

21/08/2015

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