Mateo, el evangelista

MateoKovačićJULIÁN CARPINTERO | Cuentan las Sagradas Escrituras que cuatro fueron los hombres que escribieron los evangelios que predicarían con la buena noticia que Dios le había transmitido a Abraham, Isaac y Jacob: Marcos, representado por un león; Lucas, por un toro; Juan, por un águila; y Mateo, por un ángel. Pues bien, como si de la Biblia se tratara, el Real Madrid anunció ayer mismo la llegada de Kovačić, su particular ángel, que, a falta de un Juan, se une a Lucas Silva y a Marco Asensio en la nómina de jóvenes que están llamados a liderar el centro del campo blanco en la próxima década. Y, aunque lo más probable es que sólo Mateo vaya a tener continuidad con Benítez durante esta temporada, su angelical rostro parece destinado a marcar una época.

Apenas habían pasado unos minutos desde que el rumor sobre el posible fichaje de Kovačić fue cogiendo forma cuando la prensa decidió sacar a relucir su célebre ‘teoría del sofá y la lámpara’. Esta misma, acuñada por el sector más crítico a Florentino Pérez, indica que cuando el entrenador de turno —en este caso Rafa Benítez— hace una petición al Presidente, éste hace caso omiso y ficha al ‘cromo’ que más le gusta. En este contexto, y siempre según periodistas de los medios nacionales, la semana pasada Benítez le habría transmitido al máximo responsable de ACS la necesidad de incorporar a un centrocampista de corte defensivo que cubriera las espaldas de Kroos y/o Modrić en el doble pivote del Real Madrid. Todas las informaciones apuntaban a que el nombre que el entrenador madrileño había puesto sobre la mesa era el de Lucas Biglia, capitán de la Lazio e internacional con Argentina, un perfil de jugador que roza la treintena, de carácter destructivo y poco dado a los alardes técnicos que podría encajar con la supuesta rigidez táctica del hombre que hiciera campeón de Europa al Liverpool en 2005. Sin embargo, mareados en este ir y venir con Biglia e inmersos en la guerra silenciosa entre van Gaal y De Gea, lo que nadie escuchó fueron los susurros de las negociaciones del Real Madrid con el Inter para hacerse con la joya de la corona del Meazza.

Pero, ¿quién es Mateo Kovačić? Sencillamente, el jugador más completo y con más proyección de su generación (1994) y la tercera punta de un centro del campo de ensueño que junta Croacia junto con Rakitić y el citado Modrić. Un futbolista con un gran sentido táctico, polivalente, capaz de jugar en cualquier demarcación de la medular, ya sea en la media punta, como pivote o interior. Prodigioso técnicamente, poderoso en el aspecto físico y con una conducción en carrera que recuerda a las del mejor Kaká en el Milan. Con 21 años ha sido capaz de echarse a la espalda a un equipo en constante zozobra como lo es el Inter sin pesarle ni un ápice el peso de su escudo ni la impaciencia de una afición caótica. Manda, ordena, tiene carácter y nunca se esconde; así las cosas, una de las grandes virtudes que ha mostrado en la última temporada ha sido su capacidad para sacar el balón jugado desde atrás, bajando a recibir prácticamente hasta su propio área e incrustándose entre los centrales: si encuentra pase, distribuye; si no lo ve con claridad, arranca. Un canalizador total.

Surgido del mismo vivero del Dinamo de Zagreb que su ídolo Modrić, Kovačić en ningún caso llega para ejercer de sustituto de Luka ni para formarse a su lado, sino más bien para dotar de más calidad, aún si cabe, el centro del campo merengue y tener más variantes tras la marcha de Khedira y el ostracismo al que se ha autocondenado Illarramendi. Y si el Real Madrid le ha fichado no es precisamente para tener un clon de Modrić, básicamente porque no son el mismo tipo de jugador a pesar de las similitudes que se puedan apreciar. Mateo tiene más llegada, más potencia física y se adapta mejor a distintas posiciones, aunque, como es evidente, aún no tiene la clarividencia ni la influencia del espejo en el que se ha mirado durante toda su vida. No obstante, si las lesiones vuelven a cebarse con el ’19’ del Real Madrid como lo hicieran el año pasado, Kovačić sí que tendrá que dar un paso adelante para intentar hacer sus funciones, un perfil de jugador del que careció Ancelotti hace unos meses en el momento clave de la temporada. Con Casemiro y con él, el fondo de armario de Benítez no sólo se amplía sino que también se mejora.

Una de las grandes losas con las que le harán cargar será, como viene siendo habitual, el precio. Tal y como está el mercado, ¿es desorbitado pagar 30 millones por un talento que apenas sobrepasa la veintena, que ya ha jugado un Mundial, con un futuro tan prometedor y que va a estar rodeado de los mejores futbolistas del mundo? En el mismo contexto, el Barça ha pagado diez más por Arda Turan, muy próximo a la treintena y que no podrá jugar, como mínimo, hasta el mes de enero, una operación que se ha catalogado como inteligente por parte del actual campeón de Europa por dar una alternativa a Iniesta y Rakitić y paliar la marcha de Xavi. Sólo el tiempo dirá cuál de los dos movimientos ha sido mejor y más acertado.

Por tanto, el gran reto de Benítez y del propio Mateo será encontrar su posición en el campo, un enigma que, a pesar de su buen rendimiento, no lograron descifrar ni Mazzarri ni Mancini, que le pasearon por toda la zona ancha de sus Inter. Minutos tendrá, porque la temporada es larga y es comúnmente conocido el gusto de Benítez por las rotaciones, por lo que el Bernabéu podrá disfrutar de las arrancadas y la sencillez de Mateo Kovačić, el ángel evangelista que cambió Linz por la Castellana.

19/08/2015

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