El ausente

neymar-brasilMARIO BECEDAS | No hará un año que salía de la selección brasileña en helicóptero y su ausencia vuelve a engordar la leyenda. Jugador joven, esquivo, rebelde, osado y caprichoso, del Mundial lo sacó un terrible rodillazo de Colombia y ahora ha sido la paciencia ‘cafetera’ la que le ha sacado de quicio: Neymar es incapaz de terminar un torneo completo con Brasil.

Si de algo se alimenta el imaginario colectivo del fútbol es de los mitos, que llegan tanto por asombro como por omisión. La grandeza de este deporte está tanto en las sublimes gestas del Brasil de Pelé, como en las trampas táctiles de Maradona o en grandes fiascos del calibre del ‘Maracanazo’, el de 1950 y el 7-1 de Alemania.

A este elenco se suma la vitola de la estrella que no puede acompañar a su equipo en el trance mayor de la competición, por el motivo que sea y, o bien el equipo gana y pasa a la historia, o bien se produce un halo en torno al ausente que esconde trazas de ucronía y sobre todo de autojustificación. Ese jugador se convierte en un metarrelato incólume.

Cuando Neymar era expulsado el otro día ante Colombia, mucha mente avezada del fútbol empezó a cavilar que no terminaría la Copa América. En su protagonismo picando a los rivales y amenazando al árbitro, uno no podía dejar de recordar en cómo hace 11 meses lloraba ante su himno mientras dejaba que se le tragase el césped de su tierra primera.

La sanción de cuatro partidos que Brasil no se ha molestado en recurrir, apuntando como niñato a su estrella, que hasta ha recibido el correctivo de Alves, lo que ve el que vive, conseguirá el efecto contrario en el aficionado de a pie si la ‘canarinha’ penca antes de la final. Aunque está Paraguay, en el cuadro le aguardan Argentina o Colombia. Poca broma.

Clemente era el chico que iba a revolucionar el fútbol español de no haberse lesionado de por vida. Qué habría pasado si Raúl hubiese podido jugar contra Corea. O si Ronaldo hubiese seguido en el Barça. O quizá si Sindelar no se hubiera topado con Hitler. Neymar ya lleva dos de dos con el escudo de su patria, presta al realismo mágico del fútbol.

Si en el Barça la suya es una evolución programada, basada en ganar músculo, adaptación continental, recorte del estrambótico entorno, protección ante las vanidades en el campo y pese al Athletic o a Gabi, aislamiento de la polémica por su fichaje, entendimiento con Messi y mucho más gol, la leyenda de Neymar con Brasil va por otro lado: se lo echa todo a la espalda para luego ser el ausente.

25/06/2015

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