Batistuta ya no quiere ser Pistorius

batistuta-golFIRMA DE SERGIO DE LA CRUZ | En la guerra de guerrillas que Uruguay (ese equipo con alma de orgulloso malo de película) le planteó a Argentina en esta Copa América, antes del gol del ‘Kun’ Agüero, más de uno y más de dos aficionados de la albiceleste estarían dándole vueltas a la situación, con el rostro contraído. Imaginen la escena por un momento, ficticia, pero bastante probable: frente al televisor, un aficionado de una casa cualquiera de Buenos Aires se pregunta sesudo cómo hincarle el diente a esa sinfonía coral de piernas y pulmones encabeza por Giménez y Godín desde la retaguardia. “Mal asunto, ojalá lo resuelva Messi, analiza en paralelo otro hincha en Rosario. Casi de forma simultánea, en la localidad de Reconquista, no uno, sino decenas, cientos, incluso miles, lo tienen claro y le replican a sus compatriotas: “Batistuta habría arreglado esto, pelotudos”.  Pero en ese momento, su vecino ‘Batigol’ estaba desmintiendo que le fuesen a amputar las piernas.

Porque, si ustedes o yo tenemos que salir al paso para negar a la pareja los excesos de la noche anterior o al jefe la hora tardía de entrada al trabajo, el máximo goleador de la historia de la selección argentina tiene que gritar a los cuatro vientos que no, que sus dos extremidades inferiores van a seguir donde están desde que en 1969 saludaran al mundo con un talento en ellas. Hace tan solo unos días, el bueno de Gabriel —56 goles con la albiceleste, pichichi en dos Copas América y máximo artificiero argentino en la historia de los Mundiales— protagonizó sin quererlo un bulo atrajo la atención de todo el país: Batistuta iba a perder las dos piernas. El revuelo fue tal que tuvo que salir a desmentirlo.  “Estoy haciendo vida normal”, decía a todo aquel que quisiera escucharle. El matiz era importante, pues si nos remontasemos atrás ni él mismo se reconocería. Y es que hubo una época en la que Batistuta quería que sus dos piernas, simplemente, se volatilizasen.

La causa era el terrible dolor que sus tobillos le infligían, en una tarea ardua, constante, irritante hasta el punto de que el ‘9’ prefería orinarse encima antes que afrontar un trayecto de varios metros al baño. Casi como castigo por haber dejado el fútbol, a las pocas semanas de hacer efectiva su retirada y tras apurar su ocaso en Catar apenas podía mantenerse en pie. Su cuerpo había dicho basta, sus cartílagos también se habían retirado. Lo que siguió fue un bucle de desesperación y autocompasión, un cóctel tremendamente nocivo para un jugador que, acostumbrado a fajarse con los defensas más duros del fútbol, a salir indemne de marcajes más duros que un interrogatorio de la CIA, se veía irremediablemente condenado a no aguantar más de media hora de pie.

El sufrimiento alcanzó un punto tan alto que Batistuta llegó a pedir a su doctor que le cortara las piernas. No podía seguir así. Se fijó en el ejemplo de un joven sudafricano que luchaba por ser olímpico con dos prótesis por piernas. Oscar Pistorius aún no estaba en las páginas de sucesos de los periódicos y era elevado por unos y otros como el ejemplo máximo de la superación en el deporte. A ‘Batigol’ no le pasaron desapercibidos esos artilugios casi venidos de otro mundo. La respuesta de su médico fue tajante: ni le cortaría las piernas, ni le implantaría un par de prótesis.

Ahí comenzó el desmarque más importante de su vida. No se trataba de alejarse de los dolores, sino de una época tan oscura que llevó a la estrella a un estado de autocompasión que por poco acaba consigo mismo. También era una huída de los propios fantasmas, los más difíciles de eliminar. El remedio no fue a base de agua bendita, sino con un armazón de tornillos que le apuntaló esa pierna derecha con la que devoró porterías. Como en el tramo final de su carrera, se apagó su presencia menos en los días de partido. Su encuentro duró varios años y lo jugó en la sombra. El futbolista que llegó a decir que sin dolor no metía goles cambió la estrategia: ahora, el gol, el objetivo, era tener el menor dolor posible. Ese recordatorio físico que le atormentó día tras día se fue suavizando entregándose de forma incondicional al tratamiento de los médicos.

A día de hoy, espera una prótesis (para su tobillo izquierdo), pero su realidad es muy diferente a la de años atrás. Casi a carcajadas, y después de insistir en que sus dos piernas no se van a separar del resto de su cuerpo, aseguraba que había vuelto a jugar al fútbol. A pasos cortos, a menudo dubitativos como su Argentina en la Copa América, Batistuta avanza. Y ya no quiere ser como Oscar Pistorius.

21/06/2015

Sergio De la Cruz es periodista y redactor de ‘elEconomista.es’.

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