Sed de venganza

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FIRMA DE FÁTIMA MARTÍN | Toda Copa América parte con Uruguay, Argentina y Brasil como máximas favoritas para hacerse con el título. No en vano, entre las tres grandes selecciones acaparan un 86% de los torneos disputados. Sin embargo, cada edición cuenta con uno o varios aspirantes coyunturales, equipos que por su momento futbolístico aparecen como candidatos para destronar a los reyes del subcontinente. El campeonato recién comenzado tiene a Chile y Colombia como principales outsiders. Pocas cosas unen a ambos combinados: ni su estilo, ni su pegada, ni sus virtudes defensivas… Sin embargo, ambas aspirantes se encuentran ante la oportunidad de resarcirse de su actuación en el Mundial de Brasil, donde dieron mejores sensaciones que resultados cosecharon –las dos sucumbieron a manos de la rácana Canarinha de Scolari: La Roja, en octavos por penaltis; los cafeteros, en cuartos y con polémico arbitraje de Velasco Carballo–. Su meta es quitarse la espina clavada y reivindicarse. Su inconfesable deseo, derrotar a la verdeamarela.

Chile es la eterna aspirante del fútbol colombino, algo así como la Portugal de América: siempre a rebufo de las grandes pero con las vitrinas vacías. La anfitriona del torneo basa sus opciones de triunfo sobre la fuerza del conjunto. La velocidad, la presión incansable y el trato de balón son las principales virtudes del equipo de Jorge Sampaoli, digno heredero de Bielsa. Ordena sobre el verde en cada lance once guerreros que no eluden la refriega, pero prefieren protagonizar los partidos. La Roja explota con precisión las transiciones minuciosamente coreografiadas desde el banquillo. Los repliegues cuentan con la disciplina de cada futbolista. Nadie escatima un esfuerzo en las ayudas. Cuando atacan, el rival ve venir auténticas flechas cuya versatilidad y constantes intercambios de posiciones descolocan las marcas y destruyen cualquier parapeto. El infranqueable Claudio Bravo, el combativo Medel, la llegada en segunda línea de Vidal –a pesar de las dudas que existen sobre su estado de forma– y la polivalencia de Valdivia destacan dentro del bloque, aunque el que brilla con luz propia es Alexis Sánchez. Después de vivir en el Arsenal su mejor temporada, el de Tocopilla pretende convertirse en el mejor jugador del torneo. Para que sea posible, Sampaoli tendrá que renunciar a ubicarle como referencia y darle libertad de movimiento como segundo punta, aunque no confíe en la puntería de Vargas. La falta de efectividad, junto con la presión añadida de jugar como local, son el talón de Aquiles de una Chile, que no debería tener grandes problemas para liderar el grupo A –donde ya ha vencido por 2-0 a Ecuador y está capacitada para hacer otro tanto ante México B y Bolivia– y comenzar su particular revancha en las eliminatorias.

Colombia tendrá la oportunidad de dar la mejor medida de sí misma mucho antes. Los pupilos de José Pekerman tienen marcado en rojo en el calendario desde hace meses el 18 de junio. Todo hace indicar que ese día, ante Brasil, se batirán por el liderato de un Grupo C que completan Venezuela y Perú. Y pretenden que ese sea el primer escalón hacia el título. Colombia es pólvora pura, una selección netamente ofensiva que destaca por la letal efectividad de sus arietes. Falcao, Bacca, Jackson Martínez y Teo Gutiérrez tendrán que desplegar su mejor arsenal para hacerse con una de las dos plazas disponibles en el once titular cafetero. Por lo visto en la fase de preparación, los delanteros de Mónaco y River parten con cierta ventaja en esta vertiginosa carrera, pero sin margen para el error. A su espalda, Cuadrado –tras una temporada tan dudosa como la de Falcao– y, sobre todo, James Rodríguez ponen la creación, el descaro, el dinamismo y aún más artillería. El mediapunta, después de su sobresaliente temporada en el Real Madrid y tras ser Bota de Oro en Brasil 2014, aparece en todas las quinielas para ser protagonista de la Copa América. Todos estos argumentos ofensivos son más que sólidos para dar quebraderos de cabeza a cualquier rival, que, sin embargo, encontrará más asequible la zaga colombiana. La Roca Sánchez ayuda a fortalecer la retaguardia, pero la juventud de Murillo, la fragilidad de Zapata y la irregularidad de Ospina convierte la línea defensiva en el punto débil que el técnico argentino tendrá que minimizar para llegar lejos en el torneo.

Si el fútbol es un estado de ánimo, como afirmó Valdano, está claro que las ansias de revancha presiden el espíritu de Chile y Colombia. Reivindicarse ante las críticas, ante quien les derrotó, ante ante el propio pasado, ante las dudas… La sed de venganza será la mejor espuela de ambas selecciones para sacar fuerzas cuando todas las luces parezcan apagarse, una motivación tan sólida como el hambre de victorias. La Copa América dirimirá si es un impulso suficiente para imponerse a la Argentina de Messi, la Uruguay de Cavani y la Brasil de Neymar o ambos aspirante caerán víctimas de un exceso de vigor. El balón, de nuevo como árbitro de las pasiones humanas.

Fátima Martín es periodista ex del diario MARCA y futmi.com

14/06/2015

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