Volviendo a amanecer

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FIRMA DE JESÚS GUALIX | Aquel 20 de mayo de 1998 fue un día inolvidable para todo el madridismo. Fue el día del ser o no ser. El día del vencer o perder. El día del David contra Goliat, o lo que es lo mismo, el de un Real Madrid que treinta y dos años después –se dice pronto, pero fue una larga y tediosa espera– ganaba la Copa de Europa frente a una Juventus de Turín, que por aquel entonces se paseaba por Europa como si esta fuese su propio cortijo.

Lo cierto es que los de Chamartín no rindieron a su mejor nivel en la Liga de aquel año, siendo finalmente cuartos en el campeonato doméstico, y fiaron toda la temporada a una sola carta, la de la Champions League. Mientras, la ‘Vecchia Signora’ ganaba de nuevo el ‘Scudetto’ y practicaba un fútbol de quilates a las órdenes de Marcello Lippi. Alessandro Del Piero, Zinedine Zidane, Filippo Inzaghi, Edgar Davids, Didier Deschamps… demasiados nombres de altura para un Real Madrid que llegó de tapado a la final tras doblegar al campeón del año anterior, el Borussia Dortmund –caída de portería mediante–.

Pero tenía que ser en Ámsterdam donde, finalmente, la historia hizo justicia al que es denominado por la FIFA “Mejor Club del Siglo XX”. Fue una final de muchos nervios en la que a partir de la defensa, comandada por Fernando Hierro y el capitán Manolo Sanchís, se comenzó a cimentar el título. Entre ambos secaron a ‘Pinturicchio’ y dejaron en una mera caricatura al que por entonces era uno de los tres mejores jugadores de Europa.

Después fueron Fernando Redondo y Clarence Seedorf los que pusieron el temple necesario en el centro del campo. Sin ellos la ‘Séptima’ no hubiese tenido sentido. Y posteriormente el gol, aquel tanto en el minuto 66 de partido, un minuto que jamás olvidarán los madridistas. Pedja Mijatovic, que no se había estrenado como goleador en la competición, aprovechó un rechace a tiro de Roberto Carlos para batir a Angelo Peruzzi y llevar el éxtasis a la grada. Nunca sabremos si Gianluca Pessotto estaba o no en el córner cortando el fuera de juego, pero lo que sí sabemos es que ese momento pasó a la historia del fútbol. El serbio había conseguido encontrar la llave de un candado que estaba cerrado desde 1966.
Las acometidas posteriores de la Juventus de nada sirvieron. Davids tuvo en las postrimerías del encuentro el pintar el empate en el luminoso, pero un inconmensurable Bodo Illgner lo impidió. Se pasó de la taquicardia a la euforia y de los nervios a la celebración. La Copa de Europa volvía a casa, y en el Santiago Bernabéu, una vez más, volvió a amanecer.

06/04/2015

Jesús Gualix es periodista, ex redactor de Expansión.

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One thought on “Volviendo a amanecer

  1. Lo de que el Madrid volvía a amanecer como en el puto Cara al sol ha estado bastante feo, la verdad. Y es un poco cansino ya.

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