El abismo de Heysel

heysel

SERGIO MENÉNDEZ | Hicieron bueno los hombres de Giovanni Trapattoni aquello de que a la tercera va la vencida. Tras los intentos de 1973 y 1983, en que Ajax y Hamburgo, respectivamente, se les impusieron por la mínima, el 29 de mayo de 2015, en Bruselas, la Juventus se hacía finalmente con su primera Copa de Europa. La victoria, que debía de haberse celebrado por todo lo alto, sin embargo, dejó un sabor agridulce en los aficionados turineses. A decir verdad, el mundo del deporte en su totalidad lamentó lo ocurrido esa noche en Heysel, que se convirtió en el escenario de una de las mayores tragedias que se han producido a raíz de un partido de fútbol, con permiso del incendio de la tribuna principal de Valley Parade, en Bradford, al norte de Inglaterra, que apenas un par de semanas antes había causado la muerte de 56 personas, y, por supuesto, Hillsborough, que cuatro años después, volvió a sembrar el miedo en las gradas.

El Liverpool, por su parte, se presentaba en Bélgica para afrontar la que sería su quinta final de Copa de Europa en menos de diez años. A diferencia del club italiano, Joe Fagan y los suyos lo hacían con la seguridad de quienes representaban un escudo que nunca había sido derrotado en semejante cita. Probablemente, eran el mejor equipo del mundo en esos momentos.

Por entonces, de hecho, el fútbol inglés, en general, llevaba ya varias ediciones dominando la competición. Desde la temporada 1976/77, en que el Liverpool derrotó al Borussia Mönchengladbach para adjudicarse su primer título continental, hasta la fecha de este encuentro, sólo el Hamburgo, en el curso 1982/83, había sido capaz de interrumpir, a costa de la Juventus, la hegemonía de los conjuntos británicos en Europa. En ese tiempo, aparte del Liverpool, que se impondría más tarde a Brujas (1977/78), Real Madrid (1980/81) y Roma (1983/84), tanto el Nottingham Forest, que se impuso a Malmö (1978/79) y el propio Hamburgo (1979/80), como el Aston Villa, que hizo lo propio con el Bayern de Múnich (1982/82), se incorporaron a su nómina de campeones.

Una etapa, los años dorados del Liverpool, que coincidió con el apogeo del fenómenohooligan’, un estilo de vida que se propagó con rapidez desde Reino Unido al resto del continente y se reprodujo de manera particularmente exitosa en Italia a través de los llamados ultras’, que se tomaron el partido como una oportunidad para demostrar que ellos, al igual que harían sus jugadores sobre el césped, también se encontraban en condiciones de cuestionar el liderazgo de sus homólogos británicos en el orden de grupos de aficionados al fútbol más violentos del mundo. Lo peor fue cuando el enfrentamiento entre rivales pasó de librarse en las calles de la capital belga al interior del estadio. En concreto, en una parte de la grada teóricamente neutral, pues se había reservado a los aficionados locales, cuya finalidad era servir de separación entre las dos hinchadas, que terminó siendo ocupada en su mayoría por bufandas de la Juventus.

“Nada más llegar, me di cuenta de lo extraño de la situación. Porque en la cola para entrar al estadio había muchos hinchas ingleses. Era muy extraño que algunos belgas y familias italianas estuviéramos tan cerca de ellos. Les teníamos, literalmente, al lado”, comenta Simone, un aficionado ‘bianconero’ que tuvo la suerte de vivir para contar el desastre. “Lo único que nos separaba era una pequeña valla metálica como las que utilizan en las granjas para mantener a raya a las gallinas”, prosigue, indignado. Se trataba de la famosa ‘zona Z’, anexa a otra plagada de aficionados al Liverpool, que no tardaron en ponerse a increpar a sus nuevos vecinos. A medida que se aproximaba la hora del pitido inicial, sin embargo, los ánimos se fueron caldeando y las agresiones verbales dieron paso, en primer lugar, al lanzamiento de objetos y, en última instancia, a la invasión de la ‘zona Z’ por parte de los hinchas del Liverpool, que saltaron de un sector a otro sin que ningún miembro de la policía se lo impidiese. Incluso, hubo algunos que no dudaron en abandonar su localidad y atravesar el terreno de juego pertrechados con barras de metal a modo de refuerzos. A los aficionados de la Juventus y los belgas, por su parte, además de enfrentarse a la marabunta ‘red’ que se les venía encima, no les quedaron más opciones que ir reculando y atrincherarse contra las vallas que quedaban a su espalda. Fue su sentencia de muerte: la mayoría, como era de esperar, perdieron la vida aplastados y asfixiados contra los barrotes, el suelo o los cadáveres del resto de hinchas.

En total, cerca de 600 de heridos y 39 fallecidos. Cuerpos sin vida que fueron retirados y apilados a la vista del público en un extremo del campo para que el partido, que decidió no suspenderse ante el miedo de que se incrementará el nerviosismo entre los espectadores, pudiese dar comienzo casi una hora y media después de la hora establecida. Jornada a la que Michel Platini trató de poner una nota de luz con ese gol desde el punto de penalti al filo de la hora de partido que dio a la Juventus su primera Copa de Europa, pero permanecerá para siempre teñida de negro en la memoria de sus aficionados.

01/06/2015

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