Transición verdiblanca

1977ÁLVARO MÉNDEZ | Eran días de miedo. Y de esperanza. De incertidumbre. Y de ilusión. De mirar hacia el frente. Y de dejar atrás el pasado. Una paradoja de imposible cumplimiento en la historia que, sin embargo, se hizo carne en nuestro humilde país. Tiempos del Ya, Diario 16 y El País en los quioscos y del Mundo Obrero en la boca del metro. De Radio Nacional en el salón de casa y de la Pirenaica en la oscuridad de la noche. De Mocedades y Massiel en la televisión, de Labordeta y Serrat en la intimidad. El dictador acababa de morir —de viejo, sí, pero muerto— y España trataba de sobrevivir en una huida hacia adelante con la vista puesta en el retrovisor y con un apuesto chófer de mirada serena, mente lúcida y nervios de acero al volante.

Se trataba, al fin y al cabo, de “elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”, como dijo en su primer discurso el propio Presidente Suárez. El objetivo estaba claro, aunque el medio se presentaba difuso. Pero ya se sabe que la improvisación es el mejor recurso del que puede hacer gala el virtuoso. Y si no, que se lo digan a ese Santiago Carrillo que salió del sepulcro en un Domingo de Resurrección de 1977 por obra y gracia de un dios cebrereño.

Los ajustes que la sociedad estaba llevando a cabo se dejaban sentir también en los terrenos de juego, donde la Copa del Generalísimo fue sustituida por la nueva Copa del Rey para enaltecimiento de don Juan Carlos, la otra pata sobre la que se asentaba la joven democracia española, símbolo de la regeneración y la estabilidad. Mientras que la Liga era cosa del Atlético dirigido por ‘Zapatones’ y del Barça de Johan Cruyff, la nueva competición copera dejó como semifinalistas a Athletic Club, UD Salamanca, RCD Espanyol y Real Betis.

Pero antes de los partidos de vuelta, nuestro país se jugaba su propia final en las urnas. Las elecciones de 1977 supusieron la primera oportunidad que tuvimos los españoles de decidir nuestro futuro después de los años negros del Franquismo, un ejercicio de libertad propio de la democracia que se estaba gestando muy a pesar de los atentados perpetrados por los hijos de puta de ETA, los trasnochados Grapo y los resacosos pistoleros de Fuerza Nueva. Era el momento de los altavoces en los coches, de las octavillas y los panfletos volando a través de las ventanillas y de los miles de carteles que empapelaban las calles. Nada podía detener —ni a la postre pudo detener— la dinámica soberana en que el pueblo estaba inmerso.

Suárez venció, aunque la figura de un joven abogado laboralista sevillano con chaqueta de pana y verbo elocuente ya empezaba a despuntar. Tocaba redactar una carta magna que recogiera los derechos de los ciudadanos, pero entre tanta política pura y dura hubo tiempo para un paréntesis balompédico. Betis y Athletic lograron clasificarse para la finalísima de la Copa del Rey y más de 70.000 personas se congregaron en las gradas del Vicente Calderón para ver a verdiblancos y leones bregar en el césped y al joven monarca presidir el palco.

Carlos adelantó a los bilbaínos cuando no se había cumplido todavía el minuto 15 del encuentro, pero López empató para los heliopolitanos al filo del descanso. El marcador no se movió en toda la segunda mitad y la final se fue a una dramática prórroga en la que ambos equipos anotaron sendos goles —Dani para los vascos y López de nuevo para los andaluces— que sólo sirvieron para añadir una dosis más de dramatismo en el coliseo rojiblanco. La final hubo de decidirse tras una tanda de penaltis eterna que acabó coronando al Betis del exathlético Rafael Iriondo como el ‘otro’ rey de España. Como toda historia de la Historia requiere de un plus de tragedia, el destino quiso que aquel técnico que llevara al equipo sevillano a la consquista de su primer gran título desde tiempos de la Segunda República fuera en los años cuarenta uno de los integrantes ‘segunda delantera histórica’ del Athletic, el mismo club al que había privado del éxito.

Es lo que tiene el pasado, tan contradictorio en ocasiones y otras veces tan clarividente. De ahí que se pueda aprender tanto de él y sirva de reflejo para lo cotidiano. El recién ascendido Real Betis de hoy en día intentará buscar su inspiración evocando a aquel mágico equipo que, pionero en la gloria de la postfranquista Copa del Rey, culminaba su travesía para convertirse en un grande. O, en otras palabras, su particular transición hacia la madurez. Mientras, la de España, con mayúsculas, acababa de empezar.

27/05/2015

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2 thoughts on “Transición verdiblanca

  1. Ayer el Real Betis triunfó. Hoy el Sevilla F.C. también va triunfar en Polonia por culpa de la máxima competición europea.

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