Esencia ‘MaGiCa’

MaradonaGiordanoCarecaJULIÁN CARPINTERO | El paso de los años obliga a aceptar que el fútbol es incapaz de vivir sin los falsos mitos que le rodean, del mismo modo que no podría respirar sin los goles o sin el aliento del público. Algunos de los más extendidos nos hicieron creer que, aunque jugaran once contra once, siempre ganarían los alemanes; que un dictador le compraba las Copas de Europa a Di Stefano y a su cuadrilla de genios; o que las tandas de penaltis son una lotería. Casi tres décadas después, una de aquellas mentiras universales sigue repitiéndose, ya sea por envidia, por admiración o, simplemente, por pura diversión.

Ésta no es otra que la que dice que Maradona ganó, él solo, dos Scudettos, una Coppa y otra más de la UEFA para el Napoli. Hace unos días se cumplió un cuarto de siglo de la segunda liga que descansa en las vitrinas de San Paolo, un ciclo triunfal que se inició cuando el modesto equipo sureño dio la campanada fichando al astro argentino en el verano de 1984, un movimiento que sorprendió a propios y extraños por el hecho de que la escuadra celeste venía de pelear por no bajar a la Serie B cuando se hacía con los servicios del considerado mejor jugador del mundo en aquel momento. El presidente de la entidad, Corrado Ferlaino, era un importante empresario que no dudó en soltar sobre la mesa de Josep Lluís Núñez más de 1.600 millones de pesetas para poner al Diego a disposición no sólo de los aficionados del club, sino de todos los napolitanos.

Si bien es verdad que aquel Napoli no contaba ni con el prestigio ni con los medios de Inter, Milan o Juventus, tampoco es justo afirmar que se tratara de un club sin recursos para formar un gran equipo. La mentira de que Maradona ganaba a sus rivales saltando al campo en soledad se desmonta recordando la plantilla con la que contó Ottavio Bianchi en aquella temporada 1987/88, un año después del primer Scudetto, que, por extensión, acabó convirtiéndose no solo en el desvirgamiento del Napoli, sino también en del sur de Italia. Garella, Ferrara, Bagni, Carnevale… Pero, sobre todo, la delantera ‘MaGiCa’, como los medios italianos bautizaron a la vanguardia napolitana.

Y es que, disociando las tres sílabas de la palabra se obtenía, aparte de la inicial del ‘Pelusa’, las de Giordano y Careca, los dos compinches que tuvo el genio de Fiorito en aquellos gloriosos años. Según cuenta el propio Maradona en su autobiografía, tras un partido contra la Lazio se quedó impresionado por la habilidad de Bruno Giordano, un pequeño y habilidoso extremo que unía velocidad y técnica, por lo que se dirigió al propio Ferlaino para pedir su fichaje. El único inconveniente era que Giordano acababa de volver al primer nivel después de haber estado inhabilitado durante dos temporadas por verse inmerso en el escándalo del Totonero, acusado de participar en amaños de partidos con apuestas ilegales como fondo de la trama. Sin embargo, sus características eran ideales para practicar el juego a la contra que tan buenos resultados le dio al equipo de Bianchi en ese triunfal lustro.

El tercer miembro de esta Santísima Trinidad a la que rezaban en San Paolo era Antonio Careca, al que Maradona conocía perfectamente de sus enfrentamientos entre Argentina y Brasil y que llegaba de ganar campeonatos con el São Paulo. El brasileño era un ‘9’ al uso, con una gran capacidad para rematar y marcar goles, pero, sobre todo, con una increíble habilidad para el desmarque, por lo que su complicidad con sus dos socios fue prácticamente inmediata.

Pese a todo, el factor clave para que el Napoli saliera campeón aquella temporada no fue la irregularidad de las grandes escuadras. Tampoco que Maradona se encontrara en el mejor momento de su carrera —a pesar de que la cocaína ya se había convertido en esa ‘blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer’ que le cantaba el Potro Rodrigo—. El hecho diferencial se encontró en esa delantera, que si llegó a tener tal consideración fue precisamente porque las tres sílabas que la componían eran amigos dentro y fuera del campo, de manera que acababan encontrándose sin la necesidad de tener que abrir los ojos. Mentira desarmada: Maradona no ganaba solo, sino que el Napoli tenía una esencia MaGiCa.

PD: Mi objetivo inicial era dedicarle unas líneas a Steven Gerrard, pero en ningún caso habrían servido para honrar a una leyenda de su calibre. Basta con decir que seguramente sea el jugador que, sin ser de mi equipo, más me ha emocionado con su garra, su pundonor y su caballerosidad aquella noche de Estambul. Gracias, Stevie.

19/05/2015

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