Planeta Stegen

ter-stegenMARIO BECEDAS | Cuando el verano pasado apareció, en medio del tedio informativo, la noticia de que Ter Stegen odiaba los tatuajes, el prejuicio ya estaba fijado: este jugador no es de fiar. Si a eso se le sumaba que venía avalado por el propio Zubizarreta y por un traspaso de 12 millones, el buen culé se echaba las manos a la cabeza. Ni comentar el hecho de que al portero alemán sólo le conocieran los miembros de su familia más íntima.

Alguna voz fuera y dentro del Barça consideraba que era una atrocidad sustituir al ya añorado Víctor Valdés por un perfil tan desconocido. Unas corrientes pidieron a Keylor Navas para contrarrestar. Otras, oyendo que ‘Zubi’ se derretía por el juego de pies del nuevo arquero, casi se cambian de equipo. Al final, la solución intermedia, para alivio inicial de Luis Enrique, fue Claudio Bravo, el Amador Rivas chileno.

Se encontró ‘Lucho’ en el principio de los tiempos con dos metas nerviosos. Ante el temor a un regreso a las épocas de Baía, Bonano, Rüstu o el malogrado Enke, el asturiano, aprovechando la lesión de Ter Stegen, optó por dividir el peligro tras una movediza pretemporada: uno la pifiaría en Liga y el otro en Copa y Champions. No sería baladí la elección de Bravo para el torneo de las 38 jornadas, 36 Villar mediante.

Más cuco que nadie, Luis Enrique aprovechó el conocimiento de Bravo de la Liga española para darle esa puerta. El entrenador llegó al Barça sabiendo que quería ganar precisamente la Liga y a partir de ahí construir el resto de la temporada. Ése ha sido su gran acierto. Lo que quizá no esperaba es que el chileno fuera tan resolutivo y, tras su tragada ante el Nápoles, nadie le haya colado un misil desde la veintena de metros.

Quizá se esperasen menos aún ‘Lucho’ y el culerío rampante que Ter Stegen jugase con aplomo toda la Champions y la Copa hasta que, al llegar mayo, de repente, se haya descubierto que proviene de otro planeta. Teutón con pelo rubio y peinado de cepillo de dientes, imposibilitado para la sonrisa, extra de película de Vietnam, el joven Marc, 23 años contantes, bajó al reino bávaro de Guardiola y empezó a congelar balones para pasmo de propios y ajenos.

No sólo fue despejar el cabezazo envenenado de Müller con el que el balón ya sacaba la lengua para burlarse del portero y lamer la escuadra, ni los otros cien paradones, sino su mano imposible, al puro estilo de aquella de Seaman con el Arsenal, llamada la mejor de la historia —son ingleses, hay que dejarlos—; un guante imposible ante el remate del atacante a boca de jarro que deja el esférico muerto en la raya para luego desviarla con la yema y quizá con los ojos.

Muchos, en ese instante, porque la Champions son instantes, se empezaron / nos empezamos a preguntar que quién era ese tal Ter Stegen y que qué diantres estaba haciendo en la portería del Barça. Admiración, sorpresa, exclamación y, posiblemente, una disculpa sincera para Zubizarreta, bajo cuya pachorra vinieron también Rakitić y Luis Suárez. De buscar una respuesta, que él mismo nos resolviera el misterio: ¿De qué planeta viniste, Ter Stegen?

14/05/2015

Foto: FC Barcelona.

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