Il bambino terribile

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SERGIO MENÉNDEZ | Lapo Elkann es de esas personas que parece vivir en una resaca permanente. Sus ojos le delatan. Para quienes no le ubiquen, basta con imaginarse el estado que presentaría Diego Forlán al levantarse a la mañana siguiente de haberse bebido el Po. Como si el río, en vez de transportar agua dulce, llevara en su cauce litros y litros de Aperol.

Nieto de Gianni y Marella, sobrino de Umberto, hijo de Margherita, Lapo vendría a simbolizar el reverso tenebroso de los Agnelli, una de las familias más ricas, poderosas e influyentes de Italia. A ellos pertenecen (entre otros negocios) el Grupo FIAT y la mayor parte del accionariado de la Juventus. El primero, de hecho, está presidido por su hermano, John Elkann. Su primo, Andrea Agnelli, es el máximo mandatario del club turinés. Discretos y bien parecidos, fieles a esa estética de elegancia sobria que se requiere en los puestos de responsabilidad tanto en la industria automovilística como en el fútbol, constituyen la antítesis de ‘Mr. Different’, que es como se conoce a Lapo en la intimidad.

Devoto de las americanas de doble botonadura, las solapas como cartabones, los colores llamativos y aficionado a personalizar la pintura de sus coches con estampados de camuflaje, pata de gallo, cuadro Príncipe de Gales o raya diplomática, heredó de Edgar Davis – viejo conocido de la afición bianconera – la pasión por las gafas XXL. Todos estos detalles le otorgan, por un lado, un estilo inconfundible, muy en la línea de esa excentricidad refinada que en u día convirtió a su abuelo Gianni en un referente del buen gusto a la hora de vestir, y, por otro, una arrolladora y creativa personalidad, una simpatía, unas dotes para las relaciones públicas y un carisma que dista muchísimo de la imagen de tipo aburrido y simplón que proyecta su cejijunto primo Andrea, una especie de garante de la tradicional y centenaria filosofía de club serio y poco amigo de la farándula que siempre ha caracterizado a la ‘Vecchia Signora’.

Lapo es, en definitiva, el verso suelto de los Agnelli, un rebelde sin causa, el ‘enfant terrible’ de la aristocracia trasalpina, un “niño bien” con ganas de meterse en líos. O, por lo menos, lo era. Hasta hace no mucho tiempo, su vida era una concatenación de excesos que alcanzó su punto más bajo una mañana de octubre de 2005, mientras trabajaba como jefe de promoción de FIAT a nivel internacional, cuando los servicios de urgencia del hospital Maurizano de la capital piamontesa recibieron la llamada una prostituta transexual de 53 años que respondía al nombre de Patrizia informándoles desde la residencia del mismísimo Lapo Elkann de que a su lado yacía el heredero de los Agnelli haciendo esfuerzos sobrehumanos por respirar, fruto de una sobredosis de cocaína, heroína, opio y fármacos. Un atracón que le tuvo varios días ingresado en la unidad de cuidados intensivos y le obligó a pasar por desintoxicación. Así comenzaba para la Juventus una temporada horribilis que concluyó (por si no fuese escándalo suficiente) con la salida a la luz poco antes del inicio del Mundial de Alemania del Calciopoli, una trama de amaños arbitrales que salpicó a varios equipos italianos y cuya autoría se atribuyó, principalmente, al entonces director general de la Juventus, Luciano Moggi, que a la larga sería inhabilitado a perpetuidad para el desempeño de cualquier cargo futbolístico. Por culpa de aquel lío la Juventus se vio obligada a deambular durante una temporada por la Serie B antes de ascender y consolidarse de nuevo como el mejor equipo del país, tal como se demuestra con la obtención consecutiva de los últimos cuatro Scudettos. Algo parecido le ocurrió a Lapo. Como si de la personificación de la Juventus se tratara, tras la polémica por su empacho de tóxicos y hacer penitencia en una clínica de Nueva York, su ciudad natal, volvió a Turín para reemprender sus negocios con Maserati, Ferrari o Italia Independent (su marca de ropa y accesorios), reflotar las ventas de FIAT, a la espera de que este miércoles los hombres de Massimiliano Allegri puedan refrendar el buen momento de salud de la dinastía sellando su pasaporte a Berlín.

11/05/2015

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