Decisiones

MORATA-3

DAVID PALOMO | Seguramente usted esté delante del ordenador. Imaginemos que sí. Se ha levantado de la cama, ha iniciado sesión y ha optado por leer este artículo. Es decir, ha elegido entrar en Falso 9. Quizás por azar o por gusto. Quién sabe. El caso es que ha tomado una decisión, la primera del día. ¿Qué hará después? Probablemente desayune. O se vaya a trabajar. O visite El Mundo. O El País. O busque trabajo. O saque un billete para irse a Londres a trabajar de camarero. Todo eso depende de su deseo. Cada mañana, usted está en disposición de cambiar su vida. Porque en eso consiste todo. El ser humano pasa sus días tomando decisiones, muchas de ellas erróneas y otras tantas encaminadas a sortear el fracaso. Lo cierto es que, de vez en cuando, uno acierta. Como le ocurrió a Morata el pasado verano, cuando eligió fichar por la Juventus y mandar al carajo al Madrid.

La otra opción es quedarse parado. Sí, como Illarmendi. O como Khedira. O como Mcmanaman. O como esos estudiantes que se pasan cinco años pensando si quieren dejar esa carrera que tan poco les gusta. O como ese par de novios que se miran aburridos pero no se atreven a cortar por lo sano. O como ese joven en paro que agota sus días en infojobs pensando si debe coger un avión y buscar una salida fuera. O como ese yonqui que todos los días se jura dejar de pincharse. Esa es la otra posibilidad. Perder la vida y dejar pasar el tiempo sin actuar.

Morata optó por lo primero. Decidió coger un vuelo desde la capital de España y aterrizar en Turín el pasado verano. Sin saber nada de italiano, con cara de pardillo, cuatro pelos en la cara y apenas experiencia en la élite. Así llegó él a la sala de prensa del Juventus Stadium, donde lo presentaron en sociedad como una estrella en ciernes, aunque los medios no lo tuvieran tan claro. “Viene para sustituir a Llorente, publicó la prensa. Y él pensó: “Ni de coña”. Y meses después, ya suma doce goles con la ‘Vieja Señora’ y, sobre todo, uno contra el Real Madrid, en las semifinales de la Champions. ¿Se les ocurre una venganza mejor?

Cuando uno es del Madrid, como bien escribió Jabois, se pasa su vida aspirando a hacer un Karembeu o a poner los cuernos como un Morientes. En ambos casos, para pasar a la historia antes hay que tocar fondo. Esa grandeza sólo se adquiere en Chamartín, donde todavía escuchan el “vamos, vamos” de Fernando, aquel chico que los eliminó de la Champions vestido con la camiseta del Mónaco. ¡EL MÓNACO! Pues eso.

Juanito, o su espíritu –hay que hablar con propiedad–, tendrá la última palabra en una semana que se va a hacer ‘molto longa’ –hay que recurrir a los clásicos para terminar un artículo–. ¿Y Morata? Algo podrá hacer. De eso no hay duda. En cualquier caso, todo dependerá de si Ramos vuelve a ser centrocampista. O si Allegri juega con defensa de once en el Bernabéu. Es decir, dependerá de las decisiones que tome cada uno, porque, al fin y al cabo, en eso se resume todo.

07/05/2015

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