Cuando el fútbol es ilegal

IMG_2315ÁLVARO MÉNDEZ | Somos una civilización curiosa. Todo aquello a lo que estamos acostumbrados tendemos a darlo por normal, cuando el resto del mundo vive en torno a unos parámetros muy distintos. Bajo esta ficción eurocentrista solemos tomar el todo por la parte y nos olvidamos de que la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta viven condicionados por situaciones que en ocasiones no caben ni en nuestra imaginación. Es la magia de esa pequeña pero dominante isla llamada Occidente.

Sudán no es un país cualquiera. Desde hace años viene sufriendo intensas guerras tribales y genocidios como el de Darfur. El islam más radical se ha hecho fuerte en las instituciones de Gobierno y comienza a llenar todos los huecos de un Estado sumido en la miseria y en los conflictos étnicos. De hecho, hace escasos cuatro años, el tropical sur —de mayoría negra y cristiana— se independizó del árido norte —principalmente árabe y musulmán— al no ser capaz de convivir en las mismas condiciones de igualdad.

En un terreno en que una interpretación fundamentalista de la religión de la media luna lo empieza a cubrir todo, algunas de las actividades más rutinarias —pero pecaminosas a ojos del salafismo— comienzan a estar en el punto de mira. Una de ellas es el fútbol, una actividad que, en un contexto hostil, se está viendo reducido a un ambiente exclusivamente masculino. De hecho, sólo existen dos clubes femeninos en todo el país, The Challenge y Al-Ahfad, y ninguno de ellos está reconocido de manera oficial por la Federación de Fútbol de Sudán.

El Estado se ahorra así las subvenciones a un sector del deporte que conviene, según la ideología del régimen, relegar a un segundo plano. Pero la falta de fondos no es la única traba que han de afrontar las integrantes de ambos clubes. El terreno de juego que sirve de campo de entrenamiento de The Challenge corre peligro al entender el Gobierno que está localizado en un lugar considerado como hábitat natural de simios y especies arbóreas muy particulares. Sin embargo, muchos ven en ello presiones desde las alturas para debilitar un fútbol femenino que, ya de por sí, subsiste únicamente gracias a donaciones privadas y al dinero que aportan las propias jugadoras de sus propios bolsillos.

Tradicionalmente, el deporte rey ha sido considerado como una disciplina fundamentalmente masculina en este gigante africano. Sadiya Hassan, una de las jugadoras de The Challenge explicó en una entrevista a Al Jazeera que recibió presiones de su propia familia para que dejara el fútbol. Pero, aun teniendo todo en contra, sueña con que el día de mañana exista incluso un combinado nacional femenino: “haré cualquier cosa para intentar representar a Sudán”.

La cuestión es hasta cuándo se prolongará esta situación de inestabilidad y si el Gobierno de Sudán, influido claramente por el islamismo, optará algún día por apostar por el deporte como herramienta de igualdad. A bote pronto, parece obviamente un imposible. Ahmed Babikir, entrenador del equipo, lo tiene muy claro: “es necesario volver a lo que existía antes. La FIFA no debería financiar a la Federación de Sudán si ésta no se compromete a ayudar a los equipos de mujeres ya existentes y a crear otros nuevos”. Pero, claro, encontrar refugio en una institución que regala un Mundial a un emirato islámico como Qatar es una utopía.

06/05/2015

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