La patera

FOOTBALL : Entrainement - Equipe de France - 13/08/2012ÁLVARO MÉNDEZ | Una de las máximas del periodismo de sucesos dice que la dimensión de una tragedia origina más interés cuantas más víctimas genera. Sin embargo, la misma teoría dice que, a partir de cierto número, la desgracia alcanza tal magnitud que se hace incomprensible para el intelecto humano. Además, algunos gurúes de la comunicación también han estudiado a cuántas decenas de vidas de africanos o asiáticos equivale la de uno solo de nuestros hermanos europeos con resultados cuanto menos alarmantes.

Mucho se ha hablado de estos factores al tratar un tema tan sensible como lo ocurrido esta última semana en ese Mar Mediterráneo mutado en infame cementerio de desesperanzados. El penúltimo capítulo se vivió hace tres días, en esa barcaza que partió de Libia y que nunca llegó si quiera a la tétrica Lampedusa. De nuevo, centenares de sueños que se ahogaron a la deriva emitiendo unos débiles pero perceptibles gritos de dolor que chocaron, una vez más, contra el infame muro de la indiferencia septentrional. Ochocientos. O novecientos. O mil, los que sean. Total, no es otra cosa que un número más que se guardará en algún archivo perdido de Estrasburgo y que servirá para engordar unas estadísticas que, al cabo del tiempo, nadie recordará.

Y es que la realidad siempre superará la ficción. O, al menos, a la imaginación. Muy pocos son capaces de hacer aparecer en su mente la imagen de tantos inmigrantes pidiendo auxilio al ver que su cayuco se hunde. Pero son realidades que desde Occidente nos esforzamos por relegar a un segundo plano para no incomodar nuestras conciencias, pero que, de vez en cuando, nos salpican con dureza. Aunque en alta mar nunca se sabe como va a soplar el viento.

Muchos recordarán a Rio Mavuba como una de las grandes promesas del fútbol galo. Criado en las categorías inferiores del Girondins de Burdeos, pronto dio el salto al fútbol profesional y sus grandes actuaciones en el centro del campo a las órdenes de Michel Pavon le abrieron las puertas de la Selección de Francia. Sin embargo, Raymond Domenech no fue el único que se fijó en su capacidad para contrarrestar el empuje rival y su incansable trabajo sobre el césped. El Villarreal del ‘ingeniero’ Pellegrini acababa de perder a Tacchinardi, que acababa de volver a su querida Juventus, y el técnico chileno pensó en Mavuba como recambio en el corazón del ‘Submarino Amarillo’.

No obstante, Rio contó con muy pocas oportunidades en una medular repleta de calidad con futbolistas de la talla de Senna, Pirès, Cani o Cazorla. Sin disputar apenas minutos regresó de vuelta a la Galia para fichar por el Lille, club en el que ha permanecido hasta la actualidad. Allí, convertido en capitán del equipo, ha vuelto a sentirse imprescindible y a saborear el éxito de los títulos con el mágico doblete de Liga y Copa en 2011. Su nivel de juego además le ha permitido regresar a ‘Les Bleus’, con quienes disputó el Mundial de Brasil el año pasado.

Pero Mavuba guarda en su pasado algo muy poco común. Su padre, Ricky, fue toda una estrella balompédica de la Selección de Zaire campeona de África en 1968 y 1974 que acabó viviendo en Angola junto a su mujer, Therese. Pero, como siempre ocurre en África, el cuento de hadas del matrimonio Mavuba no tuvo un final feliz. La crueldad de la guerra llamó a sus puertas un año después y en 1975 estalló el conflicto civil de Angola, un drama que se prorrogaría hasta 2002, que acabaría con la vida de un millón y medio de personas y que dejaría 400.000 refugiados. Incluso sin conocer lo que se desencadenaría después, Ricky y Therese —que estaba embarazada de varios meses— buscaron la forma de huir del horror que se cernía sobre ellos.  En un primitivo buque con centenares de compatriotas hacinados en cubierta y camarotes, los Mavuba trataron de encontrar la respuesta en el mar. Y fue precisamente en aguas internacionales donde Therese dio a luz a su pequeño. Rio fue su nombre.

La embarcación llegó a Marsella y el resto de la historia ya la conocemos. “La gente sonríe cuando ve que en el pasaporte pone que nací en el mar”, contaba el apátrida Mavuba en una entrevista concedida a ACNUR. Pero, aunque Francia sea su país de adopción, el ahora insigne mediocampista no ha olvidado la humildad de sus orígenes. De hecho, hace seis años fundó la asociación Les Orphelins de Makala —Huérfanos de Makala en castellano—, un orfanato ubicado a las afueras de Kinkolé, un suburbio de Kinshasa, exactamente en el mismo edificio en el que vivió su padre con el firme objetivo de ayudar en todo lo posible a los niños más necesitados de la capital de la antigua Zaire.

Éstas son las paradojas de la humanidad. Cuesta creerlo, pero es así. Las aguas que sepultaron las vidas de un millar de inmigrantes africanos hace tres días fueron las mismas que un día dieron a Mavuba una oportunidad.

22/04/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s