Don Unai

EMERY

DAVID PALOMO | Emery no suena serio. Así, de primeras. Y eso que está siempre a “full”. O perdón, mejor dicho: “A full, a full, a full”. Pero es que él es así. Hace uso de anglicismos, que para eso es vasco, hostias. Y si tiene que repetir el mensaje, pues oye, lo repite. Con amabilidad y sin prisas. Como buen español, porque eso de decir cuatro o cinco veces la misma cosa es algo muy patrio. Y es que no es lo mismo que a uno le llamen “gilipollas” o que le digan que es “gilipollas, gilipollas, gilipollas”. La diferencia es cuantitativa y cualitativa. Eso lo saben ustedes e, incluso, los alemanes, que tras la primera rueda de prensa de Guardiola se miraron los unos a los otros preguntándose: “¿Por qué esté tío dice que algo está muy, muy, muy bien?”. Porque claro. Para ellos, o las cosas están bien o están muy bien. Y se acabó. Que nadie se ponga a adornar el lenguaje o a reiterar las cosas. Eso es perder tiempo, o sea, dinero.

Unai no es alemán, pero viene del norte de España, oiga. Y vive en Sevilla, cuidando su verbo entre el fervor de la Semana Santa, el rebujito de la feria y los canticos del Sánchez Pizjuán. Y de vez en cuando alguien le grita: “¡Mi arma qué haces!”. Y le da igual. Él trabaja, trabaja y trabaja. Tres veces. O cuatro. O cinco. Las que hagan falta. Él no se rinde. Ya ganó la Europa League la temporada pasada y este curso busca entrar en la Champions a ‘porta gayola’. Sin ceder. En una lucha de estoques con su anterior club: el Valencia. ¿El objetivo? La cuarta plaza.

Emery se peina. De toda la vida. Eso no es nuevo. ‘Pa’ atrás’, como le enseñó su madre. Ahora sin Nenuco, que para eso ha crecido. Y también gana más dinero. Y alguien le dijo que aquello de echarse colonia en el pelo no hacía ningún bien. Mucho mejor la gomina. Eso se lo enseñó Villa en el vestuario de Mestalla. “Giorgi, Unai, Giorgi”, le dijo. Y le tomó la palabra. Porque el ‘jodido’ David llevaba razón, aunque luego le dejara plantado. Como Silva. O como Mata. O como la directiva. O como el piperío valencianista. Todos en su contra, con lo que él había hecho por el club.

Unai ha visto mundo. Sí, entrenó al Spartak de Moscú. Y mira que hace frío allí arriba. Pues oye, se cogió las maletas, un vuelo chárter y se paseó por el Kremlin. No mucho tiempo, pero algo estuvo. De mayo a noviembre. Siete meses, para qué más. Con lo bien que se come en España. Y con su experiencia. Y con su metodología. No merecía la pena estar más entre la nieve. Le llamó el Sevilla y él aceptó. Y no se arrepiente de su decisión. Esta temporada lo vuelve a tener todo a su favor para hacerse con la Europa League. Ya le ganó al Zenit (2-1) en el Sánchez Pizjuán. ¿Ganar la competición y meterse en la Champions? Por qué no.

Unai y Emery. Emery y Unai. Como quieran llamarlo. Le da igual. Un tipo raro. O diferente. Vasco. De Fuenterrabía, para ser más exactos. El hombre que da saltos en la banda. O que hace sentadillas delante del banquillo. El entrenador de moda. A veces, con estilo. Y con percha. Y con coderas en la chaqueta, como cuando Felipe González se moceaba en los sótanos de la resistencia, entre una nube de tabaco, el sueño de un Habano y la promesa de la revolución. En Sevilla, también en Sevilla. La tierra que lo acoge como Don Unai. Eso sí, siempre que esté a “full”. Perdón, mejor dicho: “a full, a full, a full”.

18/04/2015

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