Reencuentros

lucho-sergiMARIO BECEDAS | Uno se va haciendo mayor cuando suma más años que los ídolos del fútbol presente. Eso ya lo hemos hablado. Pero también cuando los mitos de la infancia deciden dar el salto al otro lado del banquillo y hacerse entrenadores. Es ese momento, cuando el antiguo héroe se pone la americana, llegan los otros reencuentros.

Se producen siempre igual. Con unos pequeños abrazos y toques en el brazo horas antes del partido y con el estadio vacío. Un saludo amistoso y un leve comentario de cómo va la vida. Fueron compañeros de equipo, rivales después, cromos nuestros siempre y ahora cabezas de dos equipos que se topan en la otra orilla del fútbol.

Después, el reencuentro se vuelve a materializar justo antes de que comience el partido. Un rápido desearse suerte y uno que coge la cabeza del otro para ello. Ese momento que antes pasaba desapercibido para nosotros, nos hace ahora parece abuelos cebolleta cuando nos emocionamos y sonreímos como bobos ante tales encuentros.

Si nos sucede ante una generación más joven de futboleros, éstos nos mirarán extrañados, pero tardarán año en entender cómo crepita la llama del recuerdo cuando el pasado, siempre mejor, vuelve a la televisión en forma de alguna cana incipiente, entradas más corrosivas y en la mayoría de los casos algún kilo de más.

Por eso, cuando Luis Enrique y Sergi coincidieron ayer en el Camp Nou, uno a los mandos de un Barça loco, el otro recién aterrizado en el Almería, un fragmento caprichoso de la memoria nos hizo viajar hasta aquellos años en los que el balón de la Liga era todo blanco y los jugadores podían llevar colgantes durante los partidos.

Las camisetas eran de un material que brillaba mucho más que el de ahora, quizá como los sueños, y los domingos tenían un aire de gloria y calor que no hemos conseguido que regrese del todo. ‘21’ y ‘12’, ’12’ y ‘21’, Luis Enrique y Sergi, Sergi y Luis Enrique fueron dos peones de brega en uno de los Barças más dolorosos.

Ambos jugaron la era post-Cruyff, resistieron al primer Van Gaal, envejecieron en un Barça con desierto en las vitrinas, vieron caer la era NúñezGaspart, lucharon juntos en la Selección, coincidieron después como rivales en el Atlético-Barça y junto a Abelardo o Guardiola fueron de esos nombres que De la Casa siempre locutó en nuestra cabeza.

En su abrazo de ayer, lejos de los problemas de su actual cargo, quedaba un tiempo que se fue, que no volverá, un reflejo verde la tele en nuestras caras que nunca podrá ser igual. Por eso, antes que desesperarse por el paso irremediable del tiempo, disfrutemos de la nueva perspectiva que nos brinda el fútbol: aún nos quedan muchos reencuentros.

09/04/2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s