Primarias

primariasMARIO BECEDAS | España, o el concepto que tuviese entonces el hecho nacional, quizá mejor estatal, si lo hubiere, fue algo gracias a Flandes, donde también se hundió para siempre. Algo así ha pasado en el fútbol. Si la cima fue un Mundial ante las patadas voladoras de Holanda, la caída se ha consolidado en dos tortas ante los tulipanes con el ‘plis’ en Brasil y el ‘plas’ de esta semana. Los tercios no fueron ni medios frente el enemigo naranja.

Un traspiés el último que no pasaría de la anécdota si la hoja de servicios de la Selección no hubiese pasado a ser una hoja de serios vicios. Juego plano, coladero defensivo, desastre en la prevención de la segunda jugada, hombres que apenas juegan con su club y una falta de enjundia que desembocan en un Del Bosque que se marca un Rosa Díez y no quiere irse y un equipo que recupera la esencia del Barça del ‘Tata’ Martino.

Fuimos algunos los que criticamos a Del Bosque en 2010 —era legítimo no querer a Xabi Alonso en Sudáfrica— y nos callamos. Fueron otros los que ya se lo querían cargar en 2012 pese a la Eurocopa que suponía el triplete de ‘La Roja’. Fuimos algunos los que defendimos que estuviera en Brasil y que se marchara después. Fueron otros los que para entonces ya echaban espuma. Ahora todos creemos que debe dejar paso.

No se le puede quitar mérito a Del Bosque. Supo mantener caliente un legado colosal (Luis) y no le tembló el pulso ante un mourinhismo feroz. Se puede decir que, en ese crítico momento, salvó el fútbol español. Y por eso hay que honrarle. Pero también hay que entender que el crédito y los ciclos se agotan. No es que ningún entrenador nuevo vaya a llevar mejor jugadores porque éstos son los que hay ahora, pero faltan ideas.

Burocracias como no saber pararle los pies a un Casillas que debería dar un paso atrás para no pisar más ascuas, llamar a Pedro y Albiol o tener que aguantar las perradas que llegan desde el Chelsea son códigos rojos para un combinado que necesita un respiro. El eterno retorno holandés, que con jóvenes promesas del banquillo (Van Gaal, Hiddink) y del campo (Sneijder, Robben) se reinventa cada dos años, es inasumible para nosotros.

Tiene la Selección el mal del Barça que algunos diagnosticamos en la era Guardiola: para ganarlo todo hay que hacerlo perfecto todo. Aquí no valen los milagros de la vieja Italia o los goles en los descuentos de Alemania. Para volver a resurgir, el juego tiene que empezar de cero, y si no, que se lo digan a Luis Enrique. Pocos son los que quieran entender que en cuanto Guardiola se fue, la Selección se hundió. Echen números.

En tanto en cuanto se produce el cambio y el tetrapartidismo llega a ‘La Roja’ —¡elijamos al seleccionador por primarias!—, estamos abocados a un equipo flácido y perdido en el que sólo brilla la ambición desmedida de Morata, que de repente parece ese jugador que lo dribla todo en el FIFA. Mal asunto cuando en España 10 miran y sólo corre un ‘7’ que viene del Madrid. ¿Ya no se acuerdan? Cesc no quiere ni mirar.

02/04/2015

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