Sobre Italia y sus raíces

Bulgaria vs ItalyJULIÁN CARPINTERO | Corría el minuto 84 de partido e Italia se desangraba en el Estadio Nacional Vasil Levski de Sofía. Poco importaba entonces que se hubiera puesto por delante nada más comenzar el encuentro, ya que los tantos de Popov y Mitsanski comprometían la clasificación de la ‘Azzurra’ —actual subcampeona— para la Eurocopa del próximo verano. Fue entonces cuando Éder recibió un balón en el balcón del área y, tras darse la vuelta, armó su pierna derecha descargando un disparo que entró por la escuadra de la meta búlgara. Curiosamente, el hombre que acababa de insuflar aire a los hombres de Conte no había venido al mundo en suelo italiano, una paradoja que se ha convertido en tendencia en la ‘Nazionale’ de los últimos tiempos y que ha terminado por definir la identidad de todo un tetracampeón del mundo.

“Los jugadores italianos merecen jugar con la Selección. En cambio, quienes no han nacido en Italia, aunque tengan parientes, creo que no lo merecen”. Así de contundente se mostró Roberto Mancini, actual entrenador del Inter de Milán, cuando conoció la noticia de que Antonio Conte había citado a Éder y a Franco Vázquez, (brasileño y argentino, respectivamente) para los partidos ante Bulgaria e Inglaterra. Pero parece ser que ‘Il Bello’, que vistió la camiseta italiana en 34 ocasiones, no conoce con demasiada profundidad la historia de su Selección, que a lo largo del último siglo no ha dudado en llamar a filas a los conocidos como oriundi, es decir, los hijos de aquellos italianos que a causa de las guerras y las crisis se vieron obligados a hacer las maletas y empezar una nueva vida en otro rincón del mundo. No en vano, especialmente llamativa es la importancia que este tipo de futbolistas han tenido en la demarcación de delantero, un puesto en el que Conte lleva experimentando desde que asumió como seleccionador tras la debacle de Prandelli en Brasil.

Sin contar a Giuseppe Rossi —en la prelista del Mundial aunque nacido en Estados Unidos— y a Insigne, Cassano, Cerci e Immobile —que sí estuvieron en tierras cariocas—, desde noviembre del año pasado hasta este mes de marzo Conte ha probado a 12 delanteros distintos, de los cuales la mitad o no son italianos (Osvaldo y los citados Éder y Franco Vázquez) o tienen raíces extranjeras (Balotelli, Okaka y El Shaarawy). Así, en lo que a atacantes puramente italianos se refiere, la nómina de Conte se reduciría a Quagliarella, Destro, Matri, Zaza, Gabbiadini, Giovinco y Pellé. No obstante, el que fuera arquitecto de la gran Juventus de los últimos años también ha recurrido en otras posiciones a ‘oriundi’ como Paletta, nacido en Argentina, Ogbonna, de padres nigerianos, Thiago Motta, nacionalizado italiano tras no recibir la llamada de Brasil, o Soriano, de ascendencia alemana. De este modo, parece más que evidente que la ‘Azzurra’ ha iniciado un camino similar al que tomó la propia Mannschaft cuando apostó por los Boateng, Khedira, Özil o Gündoğan, el núcleo de jugadores que la ha llevado a coronar el mundo por cuarta vez.

Sivori And Elsener

Omar Sívori, Balón de Oro en 1961 y argentino de nacimiento, jugó con Italia el Mundial de 1962.

Como contaba esta semana pasada el gran Enrique Julián Gómez, todos estos precedentes no sólo dejan en evidencia a Mancini, sino que, además, casi como si de una superstición se tratara, las cuatro selecciones italianas que ganaron la Copa del Mundo tenían a algún ‘oriundi’ en sus filas. En 1934, y por orden del mismísimo Duce —que ansiaba ganar el Mundial que se iba a celebrar en la Italia fascista— la FIGC nacionalizó a los argentinos Raimundo Orsi, Luis Monti, Attilio Demaría y Enrique Guaita y al brasileño Afilogino Guarisi; cuatro años después, para defender corona en Francia en los albores de la Segunda Guerra Mundial, el seleccionador Vittorio Pozzo contó con la ayuda extra del uruguayo Michele Andreolo y del austriaco Bruno Chizzo (que no llegaría a debutar); el triunfo de 1982 no habría sido posible sin la presencia de Claudio Gentile, el fiero defensor de la Juventus cuyo marcaje a Maradona es leyenda del fútbol y que, para más señas, había nacido en Libia; mientras que en Alemania 2006 Lippi confió en el argentino Mauro Camoranesi para hacerle el trabajo sucio a los Pirlo o De Rossi. Sin embargo, no fueron los únicos, pues mitos como Julio Libonatti, Renato Cesarini, Juan Alberto Schiaffino, Alcides Ghiggia, José Altafini o ‘el Cabezón’ Sívori también pudieron decir que, en algún momento, se enfundaron la ‘Azzurra’. Por no hablar de que el húngaro Lajos Czeizler y hasta Helenio Herrera, cuya nacionalidad no está muy clara, llegaron a dirigirla desde el banquillo. Y eso son palabras mayores.

Por eso, a los italianos más conservadores como Mancini les chirriará que en el país de los ‘capocanonnieri’ como Riva, Mazzola, Meazza, Baggio, Piola, Vieri, Del Piero o Totti el encargado del gol tenga que ser un extranjero. Pero, como se ha podido comprobar, ni son los únicos —basta con mirar a Klose, a Diego Costa o a Lukaku— ni es algo nuevo. Simplemente es cuestión de adaptación. Y en el fútbol italiano hay pocos personajes más darwinistas que Antonio Conte. No obstante, todavía falta un mundo para que la Eurocopa regrese a casa 52 años después y nadie puede asegurar que Éder o el mismísimo Conte vayan a estar en ella. Ni siquiera la Italia de la mezcolanza.

31/03/2015

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