Gonzalo Vázquez: “El ‘barçamadrismo’ es el nuevo opio”

gonzalo-vazquezENTREVISTA A GONZALO VÁZQUEZ | Su propia carta de despedida de la ciudad de Nueva York le convirtió en ‘Trending Topic’ allá por 2012. Y no es algo de lo que Gonzalo Vázquez se vanaglorie, precisamente, a pesar de que lo único que recibió aquellos días fueran mensajes de apoyo y cariño. Pero sí habla a las claras de la gran cualidad que esconde en su personalidad: la dignidad. Por el periodismo, por los ideales, por la vida. La NBA es su gran compañera cada madrugada, una pasión que convive con el balón de un fútbol que, por más que lo intente, no puede sino evocarle a Maradona. A un maestro como él se le escucha y se aprende. 

PREGUNTA: Teniendo en cuenta la crisis que golpea al sector, tanto por los problemas endémicos como por los coyunturales, ¿fue una buena idea estudiar periodismo?

RESPUESTA: Sí, no se me ocurre haber ejercido otra cosa.

P: Bajo tu punto de vista, ¿tiene la sociedad española el periodismo que se merece?

R: Te digo cómo lo veo. Nuestro mundo vive la democracia de la cifra, que en España equivale a una tiranía. Tenemos el periodismo de la mayoría, la televisión de la mayoría y los gobernantes de la mayoría. ¿Merecen los demás el modelo que impone esa mayoría? Esto, por ejemplo, se observa diariamente en las noticias más leídas de cualquier diario digital. Esa mayoría dicta lo que se impone. Esa mayoría justifica a los gestores y directivos a seguir pidiendo bazofia, a reducirlo todo a la anécdota, a revolver el escándalo, a aplastar así el trabajo de los profesionales, que creían en el periodismo y ahora se ven ahogados por la presión de producir más bazofia y más pinchazos. Esa mayoría es la responsable de todo. Esa mayoría y los gestores sin escrúpulos, los nuevos banqueros de la información.

P: Tú que has vivido en Estados Unidos podrás confirmar o desmentir el mito. ¿La profesión allí es como nos la ha contado Sorkin en “The Newsroom” o también existen, con todos los respetos, sus Marilós Monteros?

R: Naturalmente. Claro que también allí hay de todo. No verás aquí nada que no haya sido antes en Estados Unidos. Solo que en España nunca se ha tendido a copiar lo mejor, sino a agravar lo peor que allí pueda darse. En el gigante americano el periodista deportivo todavía viaja, acude al rincón de la noticia, porque aún se entiende importante el diferencial que ese profesional pueda aportar. De ahí que si un medio, grande o pequeño, cubre a un equipo se envíe al cronista a cualquier rincón del país. En el periodismo deportivo de allí no se da aún esto de admitir al recién licenciado, hincarle ante una pantalla y un teclado y hacerle ver que eso es el mundo, la realidad y la vida, que eso es periodismo y que rapidito a sorber de internet todo cuanto empuje al usuario a pinchar. Y cuantos más usuarios pinchen y más estafables sean, mejor. Y da igual todo principio de veracidad, de contraste, de relevancia, de absolutamente todo cuanto se enseña en la Facultad. Esta es la nueva realidad, para la que no hace falta el menor talento. Solo esclavitos digitales. De pocas piezas me he sentido más satisfecho que del Lazarillo de goles. Porque todo el mundo habla ahora del nuevo periodismo, se dan conferencias por aquí y por allá, aparecen los nuevos banqueritos de la información y su estúpida terminología anglosajona. Mentira todo. El nuevo periodismo es eso, todo menos periodismo. Nada más.

Un ejemplo. Hace poco, un diario de tirada nacional ha exigido a todos sus redactores abrirse cuentas de Twitter y emplear el estilo del más forofo de todos ellos. Exigirles, ojo, exigirles. Quien haya ordenado algo así es alguien a quien se la trae al pairo el descrédito que puedan motivar esos tuits, que se la trae al pairo el periodismo. Sólo le interesa la mayoría que suscitará esa polémica y la cantidad de gente y pinchazos que atraerán, aunque sea para ponerles a parir. Esa es la mayoría culpable. Esa es la que dicta el camino a seguir.

El gigante americano no vive al margen de todo esto. Pero allí el muestrario es tan abundante, la exigencia tan grande y el mercado tan atractivo, que los mejores ejemplos del periodismo siguen vivos en cualquier orden, sea ciencia, deporte, economía o arte. Súmale a eso que allí se aprecia el talento, la cualificación, la especialización y todos esos valores que aquí van a la cola. Ese es el gran drama de España, su gran fracaso: la incapacidad como país de hacer del mérito, la preparación y el talento valores reales, útiles y hasta deseables. En todos los órdenes de la vida.

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P: Sin embargo, parece que algo se mueve más allá de los medios tradicionales. JotDown, Cuadernos de Basket, Panenka… ¿Está el futuro del periodismo en publicaciones como éstas?

R: Me temo que no. Lamento desear que sí, pero más lamento creer que no. Aquí manda la mayoría y punto. Esos rincones de luz, gente como ellos, o Ecos, o Kaiser, o Perarnau, creen en la dignidad de lo que hacen. Esto no significa que todo cuanto hagan sea digno. Significa que creen en una cultura responsable. Se definen mejor por sus ideales que por sus realidades. Es gente que rechaza la esquizofrenia de una actualidad masiva, desquiciada, enfrentada, mentirosa y carnívora. Es gente que sigue creyendo en el consumidor como alguien respetable, como lector, como persona, como cosa inteligente. Esos proyectos tienen toda mi admiración. No sólo los proyectos. Toda esa gente aplastada por la mayoría que busca abrir la ventana y respirar aire libre de la infobasura. Ni uno solo de esos proyectos da para vivir. Porque la mayoría les da la espalda. En el periodismo deportivo los eruditos y apasionados del deporte son los poetas de hoy. Pretender vivir de su pasión es morir de hambre.

P: ¿No tienes la sensación de que es posible que el periodismo existirá siempre pero siempre en crisis?

R: No. Porque no siempre ha estado en crisis. Porque no siempre ha estado sometido a esta nueva dictadura de la mayoría y los buitres de la infobasura. Antes, en un periódico, hasta mandaban los periodistas. Quiero decir, eran los dueños de su trabajo. Ahora no. Les han arrebatado lo más sagrado. Y tragan. Porque de no hacerlo, a la calle. Eso es todo.

Y, por cierto, quisiera recordar a todos esos que cargan contra el periodismo porque no es de su equipo o de su partido, que en los peores años del periodismo, los más precarios y dramáticos, el oficio ha sido capaz de desnudar a este país como uno de los más corruptos de Europa. Es para quitarse el sombrero.

P: Es frecuente escuchar que la Premier League es la NBA del fútbol. ¿Estás de acuerdo?

R: Desde luego que en mercadotecnia, como imagen que exportar al mundo, mimo al aficionado, cuidado de horarios, honra a la tradición, presencia de estrellas, capital bien gestionado, y en general, atractivo del producto, lleva algún tiempo siendo lo más parecido. Pero, en el fondo, donde más se tocan Premier y NBA es en el respeto al espectador, que se siente parte del negocio. Aquí no. Aquí el espectador va de una patada al fondo de la cola. La infraestructura de la Premier es la razón de su éxito. Porque a nivel futbolístico, a nivel deportivo, todos sabemos que no es una NBA del fútbol. A mí me encantaría ver a equipos como el Sevilla o el Villarreal una temporada en la Premier. Hasta un Rayo Vallecano, fíjate, un Rayo en la Premier haciendo la de los Suns el año pasado o los Bucks este.

Sobre la cosa de venderse es sencillo. Lo hacen mejor que nosotros. Punto. Es como cuando entras a un supermercado neoyorquino y ves vinos de todo el mundo. Y no ves uno español. Ves aceite italiano y hasta griego. Y no ves uno español. Por eso cuando se quedaron sin representantes en cuartos de Champions me tiré un segundo a Twitter para ironizar un poco y concluir que la Premier es admirable. Porque se vende al mundo como una NBA sin playoffs. Y a precio de oro. Casi nada.

P: ¿Qué le falta a nuestra Liga para tener la vistosidad que le dan en las islas? Más allá del fútbol, ¿sabemos vender nuestro producto fuera de España?

R: No descubro nada si digo que a nuestra Liga le falta igualdad. Creo que a todas las ligas europeas les falta igualdad. Pero en España ese desequilibrio es estructural, admitido y hasta aplaudido como una tradición intocable. En política es posible acabar con el bipartidismo, el mundo vio caer la bipolaridad USA-URSS, pero en la liga española la emergencia de un tercero se vive como un hito porque con el duopolio no acaba nadie. Ni hay intención real de hacerlo. El ‘barçamadrismo’ es el nuevo opio. Total, esa rivalidad se vende bien, dentro y fuera. Y lo demás, ¿para qué? Lo demás no existe.

P: Exceptuando episodios aislados como la célebre pelea de Artest cuando estaba en Indiana o la reciente trifulca entre los jugadores del Bilbao Basket y el Laboral Kutxa, el baloncesto —y sus aficionados— parecen más civilizados que los que van a los estadios de fútbol. ¿Es sólo una percepción o tiene una explicación?

R: Hombre, no seré yo quien recuerde al fútbol como un deporte de masas con los recintos de mayor capacidad. En la práctica ese doble motivo, religión y militancia, lo explica todo. El mundo ultra sólo encuentra sentido en escenarios donde poder expresar su adhesión en sus debidos términos, sean de violencia o de viva tensión. Un pabellón cerradito, con la gente sentada, aburre al mundo ultra y las excepciones que el baloncesto europeo ha dado en Grecia o Turquía son eso mismo, excepciones en los usos y costumbres del deporte. Dicho esto, el aficionado medio al baloncesto y el aficionado medio al fútbol no deberían distinguir su perfil. Es en la masa donde ese equilibrio se rompe. Cuanto más numerosa es una adhesión, cuanto más intensa, mayor riesgo de infectarse por el virus de la violencia. Que, por cierto, en Estados Unidos es un fenómeno casi desconocido porque la cultura deportiva se vive allí de manera más infantil y el peso de la ley es mucho mayor.

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P: Siempre se ha dicho que el ‘soccer’ es el quinto deporte en Estados Unidos por detrás del fútbol americano, el béisbol, el baloncesto y el hockey. ¿Estás notando un cambio de tendencia con la llegada de grandes estrellas como Kaká, Raúl o Gerrard o el fútbol todavía es algo ‘hipster’ para los norteamericanos?

R: Los últimos informes indican que es el deporte que más ha crecido en el sector de población entre los 18 y los 34 años. Y, aunque despacio, sigue creciendo. Hasta hace bien poco el fútbol era considerado allí como un juego de universitarias y todavía esos prejuicios pesan mucho en el público veterano. Todo eso está cambiando por abajo, por las generaciones más jóvenes y no sólo por la inmensa colonia latina. Crece además en las ciudades de los grandes mercados, lo que supone un estímulo a la hora de extenderse por el inmenso interior del país. En los descampados de Central Park, por ejemplo, ya no es nada raro ver a chavales jugando al fútbol.

P: Estableciendo un paralelismo entre fútbol y baloncesto, ¿podría ser Villa el Gasol del balompié español al oeste del Atlántico?

R: No. Eso es imposible. Si la MLS fuera desde hace 70 años la mejor liga de fútbol del mundo, podríamos acariciar esa metáfora. Pero incluso si lo fuera, David ha llegado tarde, ha llegado para un retiro dorado. A lo sumo, Villa podría ser a la MLS lo que aquellos dinosaurios NBA como McAdoo, Gervin, Haywood o English suponían al baloncesto europeo. Un aliciente a la digna canasta de nuestro continente y un honroso cementerio para ellos.

P: ¿Ha sido el salto de los Gasol en el pasado All-Star un hito similar al gol de Iniesta en Sudáfrica?

R: A mí me gustaría explicar esto en términos de probabilidad. A mitad de los años 80, pongamos durante el Mundial de México ’86 porque estamos en una página de fútbol y porque la barrera extranjera en la NBA acababa de abrir su primer agujerito, era más probable que en las siguientes tres décadas España se proclamara campeona del mundo a que dos hermanos españoles, o franceses, o argentinos, partieran como titulares en un All Star NBA. La Selección española, aquella que siempre llorábamos en cuartos, participaba en todas las ediciones, recogía un puñado de jugadores de un país donde el fútbol era el primer deporte, donde una buena hornada de talento podía hacer saltar, algún día, la sorpresa. Y un cuarto de siglo después, saltó. Pero lo de los dos hermanos era y es un hecho más improbable aún que el Mundial. Repito, más improbable. No mayor. Porque para un aficionado medio al deporte, no son hitos comparables, las cosas como son. La historia del deporte se mide por victorias. Y cuanto mayores sean mejor. Y ganar un Mundial de fútbol, como ganar uno de baloncesto, pesa más en el imaginario que estas hazañas individuales, recordemos, en un deporte de equipo.

P: En su día, Xavi dijo que el Barça era como los Lakers de los 80. En caso de estar de acuerdo, ¿quién crees que serían ‘Magic’, Abdul-Jabbar, Worthy, Wilkes y Byron Scott?

R: Yo supongo que Xavi dijo eso por la fama y el espectáculo, que son nociones siempre relativas. Pero en realidad el Barça de Guardiola encuentra mucha mejor analogía en los Celtics del 86 y en los Spurs del año pasado. Ese equipo tocaba la pelota, mil veces si querían, la tocaban por vicio. Podían marcar un gol precedido de 40 pases y hasta tres en el área chica. Por eso encuentran mejor comparativa en esos dos patrones NBA. Xavi casi habría acertado mejor con el ‘Dream Team’ de Cruyff, que era mucho más directo, más disparado arriba. Los Lakers del ‘Showtime’ prodigaban el baloncesto más vertical de la historia hasta los Suns de 2005. Y si tuviera que encontrar algo así en el fútbol, nada mejor que el Ajax de Van Gaal de 1996. Tengo grabado en la retina el partido en el Bernabéu en la fase de grupos. Me quedé impresionado con aquella demostración de fútbol proyectil, apabullante. Aquellos Lakers eran eso mismo, la idea de que nada recorre más rápido el espacio que el balón. No a ciegas o al pelotazo. Sino a base de líneas maestras disparadas a una diana, sea una portería o una canasta. Curiosamente, en el Madrid de la pegada, el del cierre de 2014 y por momentos el de Mourinho, figuraba también esa verticalidad. Pero de forma algo irregular, sin una constancia que los dotara de una identidad firme, innegociable, que los hiciera pasar a la historia como cimas.

P: ¿Podría ser Jorge Mendes una especie de Jerry Buss a la portuguesa? No hay que olvidar que Mendes empezó alquilando películas en un videoclub y ahora se le considera la figura más influyente dentro del negocio del fútbol, igual que Buss, licenciado en Químicas, que convirtió a los Lakers en la gran franquicia que son hoy.

R: Sí, pero a Buss no fue la química la que le hizo rico. Sino el mercado inmobiliario. A mí Mendes me recuerda mucho más a David Falk, el hombre que estuvo tras los cierres NBA de 1995 y 1998. Es lo que ocurre cuando determinados agentes llegan a dominar el mercado a tal extremo que pueden paralizarlo todo. Es el precio del poder. Un poder que podría tener sentido en algunos dirigentes o en algunas estrellas. ¿Pero agentes? ¿Tipos cuya profesión consiste en mover jugadores? El deporte profesional entraña también estos riesgos, como cualquier otra aberración del mercado.

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P: ¿Con el duelo MessiCristiano estamos viviendo algo parecido a los Chamberlain-Russell?

R: Hay otra mejor. Porque el verdadero rival de Russell no era Chamberlain. Sino los Lakers. El duelo entre Messi y Cristiano, por liderar grandes equipos y por simbolizar individualmente la cima de su deporte y enfrentarse repetidamente, remite mucho más al duelo MagicBird de los mejores 80. En la NBA reciente, hubo un momento tras las Finales de 2012, en que pudo actualizarse esta rivalidad directa, incluso formar un hermoso paralelo presente con Cristiano y Messi, a través de James y Durant. Pero, por desgracia, los achaques del segundo nos están privando de algo así. Y como suele ocurrir, tal vez no seamos conscientes ahora de todo de lo que significa este duelo Messi-Cristiano. Cuando calcemos arrugas ya verás como sí.

P: Hace tan sólo unos días se cumplieron 20 años de la primera de las dos vueltas al baloncesto profesional que Michael Jordan protagonizó a lo largo de su carrera. ¿Qué jugador de fútbol te gustaría que volviera de su retiro y se calzara de nuevo las botas?

R: Me gustaría volver a ver a mis primeros ídolos, a López Ufarte y Sarabia, cuando todavía se regateaba en corto. Y a Arconada, que era como dos porteros en uno. Y también a Roberto Carlos, que me divertía muchísimo. Y a Figo, por cuyo fútbol no pasa el tiempo, como el de Laudrup o Zidane. Y, sobre todo, a Maradona. Al Maradona de México. Al Maradona en plenitud, al futbolista por el que sigo empeñando mi alma como el mejor que he visto en mi vida.

Y en la NBA, mataría por ver a Larry Bird en el baloncesto de hoy. Porque sería como resolver uno de esos grandes enigmas del mundo. Y algo me dice, o quizá quiero creer, que su versión real entre 1984 y 1986 en la actualidad podría, sabría, debería sobrevivir. Como la victoria de la inteligencia en un juego principalmente inteligente.

P: Dando por sentado que Jordan es el mejor baloncestista de todos los tiempos, ¿quién sería para ti su álter ego futbolístico?

R: De lo que he visto, la solución tiene que estar entre Maradona y Messi. Yo sí creo que Messi es capaz de hacer lo que hacía Maradona. A excepción de una sola cosa, una sola, puede que la más importante: hacerlo en un Mundial. En esto de las reencarnaciones técnicas hay que tener mucho cuidado. Bryant es una réplica de Jordan con matices nada despreciables. Pero la diferencia entre ambos es mucho mayor que la que pueda haber entre Messi y Maradona. Aquí sí que el molde parece haberse roto en dos.

P: ¿Está a la altura José Mourinho de grandes fanfarrones y bocazas del deporte como Charles Barkley o Dennis Rodman o todavía le queda mucho por aprender al entrenador portugués?

R: Claro que lo está. A mí me gusta que existan perfiles tipo Mourinho. Que por lo menos los haya. Figuras distintas, provocadoras, astutas, tipos que rompan esa vacía tibieza de los protagonistas del fútbol, donde horas de declaraciones pesan lo que un puñado de paja. Mourinho, guste o no, es mucho más inteligente que Rodman o Barkley, que a su vez fueron lo que el portugués seguramente soñó ser.

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El trono mediático de Barkley se explica de manera muy sencilla: Barkley es la Belén Esteban del deporte americano, sentido común de retrete, en su forma más venal y primitiva. Tan común y tan básico que un pasito más y toca con los dedos al pequeño fascista que todos llevamos dentro. Rodman no llega a bocazas. Es imposible con su edad mental. Pero Mourinho admite una inteligencia mayor que estos dos, más retorcida y sofisticada, aunque al final la impulse la vanidad de un ego infantil. De ‘yo soy mejor que tú y que todos vosotros’. A mí lo que más me alucina del fenómeno Mou es haber dejado en pie a todo un batallón en armas, una legión en permanente estado de guerra, una primera línea de Falange, un escuadrón alerta y en uñas, compacto, firme, presente, ‘a sus órdenes, mi general’. Eso no lo había visto jamás. No me molesta. Me fascina el fenómeno como pueda interesar a un sociólogo.

P: ¿Cuál es tu historia favorita que recoges en tu libro, “101 historias de la NBA”?

R: Sin duda la última. Me parece de las cosas más hermosas que he sido capaz de hacer, si es que alguna vez hice alguna. Es un homenaje a Naismith, al padre. También la primera lo es. Pero mientras la primera nos la cuenta él, la última se la contamos todos. Para resucitar al viejo creador y permitirle ver en lo que se ha convertido su creación. Si de pronto le sentáramos en la grada y pudiera contemplar dos minutos de juego real, tan solo dos minutos, y dudaría que eso que está viendo fue idea suya. Y si lo hiciéramos con lo mejor que ha dado el juego, así como en forma de ‘highlights’, el viejo colapsaría de emoción. Estoy seguro. Esa ficción no es bonita por mí ni por nadie. Es bonita por él.

P: ¿Qué sueños deportivos y periodísticos te quedan por cumplir?

R: El mismo de siempre. Poder vivir de lo que más me gusta. Llevo toda la vida luchando por ello y no dejaré de hacerlo hasta que lo consiga. Se hace duro. Pero me da sentido.

P: ¿Quién dirías que ha sido tu periodista de referencia?

R: No tengo uno. Tengo varios a quienes respeto y alguno hasta a quien admiro. Pero por encima de ellos, siempre, siempre, me han pesado más los escritores.

P: ¿Celtics o Lakers? ¿Riley o Auerbach? ¿Bird o Magic? ¿O ninguno de ellos?

R: Todos. Porque tal y como les hemos conocido, ninguno tendría sentido sin el otro. O ni remotamente el mismo. A lo sumo, Riley ha sabido sobrevivir mejor.

P: ¿Qué libro de temática futbolística recomendarías?

R: Pues no sé. Ahora vivimos una fiebre y eso es bueno. Yo recomendaría “El otro fútbol”, de Miguel Delibes. Eran los años del Mundial de España y ya entonces alertaba de los monopolios a que conducía el dinero. “En cada país el campeonato de Liga se dirime prácticamente entre cuatro clubes; los demás bastante tienen con eludir el descenso”. Cuatro, decía el maestro. ¡Qué generoso!

P: ¿Un falso 9 en cualquier ámbito de la vida?

R: Mi padre. Mi padre es todas las posiciones en una. Mi padre es un hombre de campo marcado por el trabajo y el sacrificio de posguerra. Nos sacó a todos adelante con sus propias manos. Ahora mi generación y las posteriores no sabemos qué hacer con ellas sin un teclado.

P: ¿El mejor falso 9 que hayas visto nunca?

R: Un montón. El mundo está lleno de falsos nueves anónimos. No marcan. Facilitan que otros se apunten los goles.

29/03/2015

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One thought on “Gonzalo Vázquez: “El ‘barçamadrismo’ es el nuevo opio”

  1. Lo primero que leo de fútbol en mucho tiempo… Muy de acuerdo con lo de Perarnau… y con todo lo que dice, con matices… La Premier ahora lo vende bien… pero los alemanes son como Pops… tienen un plan…
    Y cuando los alemanes tienen un plan… no paran hasta el final…

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