La frente de Rakitić

rakiticMARIO BECEDAS | Fue el fichaje talismán para la era Luis Enrique —aunque ésta dure un año— y lo sabíamos. Fue el único acierto en la particular cosmología de Zubizarreta, y también lo sabíamos. Que aterrizara en el Barça desde el Sevilla por una cifra cercana a los 20 millones, la mejor garantía. Cada jornada que pasa, Rakitić confirma el sentido de su gigantesca frente: lleva el fútbol en la cabeza.

La dialéctica nos quiso rajar a algunos cuando consideramos un honor que el ‘4’ de Cesc pasara a su espalda. Luis Enrique ayudó dándole la manija en un Barça que empezó el curso valiente, atrevido, colorista, fiable. Un equipo lejos de la apatía del año pasado —seguiremos siendo del ‘Tata’ Martino— en el que los nuevos canteranos eran titulares y Alves había vuelto a correr más de un metro seguido 700 días después.

Pero la cosa se torció cuando Luis Enrique, harto de sí, decidió dispararse en el pie y meter a Rakitić en el baúl. Llegaba el Clásico y el entrenador optó por el equipo plano de la campaña pasada. Volvió a conformar un centro del campo con Xavi, Iniesta y Busquets que tanto nos ha dado y, por eso mismo, tanto nos puede quitar.

Faltaba la frescura del croata. Su mirada fría, analítica, ese gesto de policía duro pero comprensivo sobre el campo. Su último pase. Esa manera suya de aportar serenidad en el vestuario, como ya hizo en Sevilla, y a la vez ser relámpago en el cuadrilátero. En el peor marasmo de este Barça, cuando el equipo cayó en San Sebastián y Messi se enfrentó con Luis Enrique, o viceversa, poquísimos echábamos de menos a Rakitić.

Ni la prensa culé, ni la afición, ni el entorno, que siempre llama dos veces… Todo se volcó en el Messi sí, Messi no, en las normas y la Norma (Duval) de Luis Enrique. Nadie parecía querer entender que todo consistía en que Luis Suárez se adaptara a la geografía del Camp Nou y, sobre todo, en que Rakitić aportara un oxígeno que Xavi, agotado de 17 años de gloria, y Busquets, un cuadro del Greco ahora mismo, no podían generar.

Decidió ‘Lucho’ aplicar el ensalmo y la luz emanó de la oxigenada testuz del 4’. Iniesta parecía volver a fabricar el arte, Suárez encontraba una conexión nueva, la verticalidad del equipo espoleaba a un Messi que ha tenido que volver a la diestra —el eterno retorno del fútbol— para volver a sentirse un ‘19’. Hasta Piqué ha vuelto a ser un jugador y, en el contagio, Alves ha vuelto a cortar más de un balón por temporada pese a seguir regalando contras.

No todo es mérito de Rakitić, pero hay que conceder que las dos venidas del santo croata han coincidido con los dos grandes momentos del Barça esta temporada y que, tras su gol más importante como blaugrana, contra el City en la vuelta de Champions —entendimiento brutal con Messi, definición exquisita de media vaselina en carrera—, afronta el Clásico como su gran reto de la temporada, como demandante de una consagración por la puerta grande.

Atentos a lo que pase o a que, en un giro ciclotímico, Luis Enrique le vuelva a apartar sin motivo como en la ida en el Bernabéu, convendremos en que aún queda mucho fútbol en la frente de Ivan Rakitić.

19/03/2015

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