Juventud, divino tesoro

BayerLeverkusenJULIÁN CARPINTERO | Ninguno de los cuatro llega a los 25 años. Y, sin embargo, hace apenas tres semanas, entre todos volvieron loca a la legión pretoriana que es el Atlético de Simeone. Sus nombres serán recordados, ya sea por el exotismo que esconden entre sus vocales y sus consonantes o porque esta misma noche pueden consumar la que sería una de las mayores sorpresas de los últimos años en la Champions League, una competición en la que la experiencia y el aplomo suelen desequilibrar la balanza ante la juventud y la euforia. Por todas estas razones, Çalhanoğlu, Son, Bellarabi y Drmić tienen ante sí el reto más importante de sus cortas carreras. Al igual que Roger Schmidt, que a buen seguro que llevaba años soñando vivir días como el de hoy.

No es frecuente ver a Godín sobrepasado, a Tiago exhalar un suspiro de alivio por lo que ha podido ser y —afortunadamente— no ha sido, a Arda volverse loco tratando de encontrar un conejo en su chistera o a Juanfran perseguir sombras que, en este caso, vestían de rojo y negro. En cambio, algo más familiar fue comprobar cómo el ‘Mono’ Burgos amagaba con comerse a Schmidt mientras su primero de a bordo mascullaba algo sobre la señora madre del técnico de Kierspe. Pues bien, todas estas escenas serían una ilustrativa sinopsis de lo que vivió el Atlético en su duelo de ida de octavos de final de la Champions en el Bay Arena contra el Bayer Leverkusen, una escuadra que a golpe de contraataque e intensidad se encargó de desmontar todos los clichés que amenazaban con decantar la eliminatoria en favor del vigente subcampeón. En cualquier caso, el ‘equipo de la aspirina’ dejó en el armario el disfraz de conjunto anárquico y con carencias tácticas que tanto le ha definido en la primera mitad de la Bundesliga, tan capaz de pasar por encima del Colonia o vencer a domicilio al Borussia Dortmund como de perder 4-5 ante el Wofsburgo encajando tres goles en menos de media hora. No obstante, aquella noche de febrero el Bayer se puso el mono de trabajo y percutió al Atlético a base de empuje y garra, una faceta hasta entonces desconocida en una plantilla poco acostumbrada a vestirse para citas de tal enjundia.

Así y todo, es evidente que los rojiblancos están experimentado un importante bache de forma y de resultados desde que humillaran al Real Madrid el primer fin de semana de febrero. Desde entonces, los de Simeone sólo han ganado un partido, dejándose puntos en cuatro choques más que han permitido que el Valencia les adelante en la lucha por el tercer puesto. Más allá de esta realidad, la derrota en Leverkusen no fue tanto por demérito del Atlético sino por las virtudes que mostraron los hombres de Roger Schmidt, que tuvieron en Leno a un valladar infranqueable cuando la situación lo requirió; con un Spahić imperial que además de atar a Griezmann y a Mandžukić contagió a sus compañeros y pudo inaugurar el marcador con un tremendo disparo que se estrelló en la cruceta; y con el criterio y el trabajo silencioso de Bender y el abnegado esfuerzo de un Gonzalo Castro al que el cartel de polivalente empieza a quedarle pequeño. Pero, sobre todo, con los cuatro pistones de arriba. El surcoreano Son fue, vino y apareció por cualquier lado gracias a ese cambio de ritmo tan característico; Bellarabi caracoleó por la derecha asociándose con Hilbert para desgracia de un Siqueira que tuvo que ser sustituido por Gámez y que hoy verá el choque desde la grada; Drmić fijó a los centrales haciendo del juego de espaldas un arte; y Çalhanoğlu todo lo demás, que fue el gol y las portadas del día siguiente. Cuatro chicos marcados por el mestizaje de su sangre y el fenómeno de la inmigración global que tanto peso tiene en la Alemania futbolística de hoy en día, pues Son tenía sólo 16 años cuando abandonó Corea del Sur para enrolarse en las categorías inferiores del HSV. Por su parte, aunque su padre es marroquí, Bellarabi nació en Berlín y ha elegido jugar con la ‘Mannschaft’, del mismo modo que Drmić, suizo de ascendencia croata que optó por representar al país helvético. Todo lo contrario que Çalhanoğlu, natural de Baden-Württemberg pero al que sus raíces turcas le han llevado a debutar con el combinado otomano. Mientras sus chicos hacían un butrón en la firme muralla ‘colchonera’, en la banda Roger Schmidt hacía buenos los informes que le catalogaban como uno de los entrenadores con más proyección del continente desde que había revolucionado el fútbol austriaco con su Red Bull Salzburgo. A día de hoy existen pocas cartas de presentación mejores que sorprender a Simeone y dejarle sin argumentos.

Pese a todo, el reto al que hoy se enfrenta el Bayer Leverkusen es de los que cortan la respiración. El particular Annapurna de un equipo que intentará salir vivo de un estadio que en Europa se ha convertido en algo más que un fortín, pues el Atlético no sabe lo que es perder desde hace más de dos años (0-2 ante el Rubin Kazan en la Europa League 2012/13), que con el ‘Cholo’ en el banquillo nunca ha sido derrotado en Champions y que no recibe un gol desde que Kaká hiciera el 1-1 en la vuelta de los octavos de final de la temporada pasada. La sensación es que, a pesar del contraste tan grande de las dinámicas, el Atlético sigue siendo favorito, una etiqueta que se ha ganado a pulso a base de competir como pocos en los duelos directos. Por todo ello, de conseguir el pase a octavos, tanto el Bayer como la Bundesliga seguirían el sendero marcado por el Schalke a la hora de hacerse mayores.

17/03/2015

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