Iñaki

williamsMARIO BECEDAS | “Técnica, precisión y exactitud. No, no estamos hablando de un reloj suizo, sino de…”. Manolo Lama habría terminado la frase en el FIFA con “un gol antológico”, pero aquí lo vamos a hacer con Williams, Iñaki Williams. Tras obtener el primer gran rugido de San Mamés ante el Real Madrid, bautizo necesario para todo canterano del Atheltic, Williams, el ‘león’ más africano que ha galopado por la sabana de Lezama, ya no es que sea un ídolo de masas, ni siquiera un ídolo de Comunio, es algo más que eso: un ídolo local.

De padre ghanés y madre liberiana, con la fuerza del ébano en sus genes, para ‘La Catedral’ Iñaki es de los Williams de Bilbao de toda la vida. Palabra de Rodrigálvarez. Nacido en 1994, su historia tiene el componente emocional de los progenitores que se conocieron en un campo de refugiados en Ghana y hallaron la tranquilidad en la cómoda España de los 90. Le alumbraron en Bilbao, pero fue en Pamplona donde Iñaki se empezó a coser al balón para rellenar las tantas horas de ocio. Bendito acierto.

Ya en la cantera rojiblanca, Iñaki empezó a jugar como los prodigiosos africanos de la Premier entre chavalines del Norte. Su zancada no podía pasar desapercibida. Se quiso salvaguardar su calidad en el tarro de las esencias y planificar muy mucho su llegada al primer equipo. Finalmente, Valverde se decidió a sacarle frente al Córdoba en uno de los muchos traspiés que los leones han tenido en casa esta temporada. No importó, la grada asentía.

A partir de ese momento, Iñaki se convirtió más en predio de la prensa, carne de reportaje y víctima del ‘storytelling’ que en patrimonio creativo de su equipo. Que si el primer jugador negro del Athletic, que si su madre era de Monrovia, un barrio a las afueras de Bilbao. En el rompeolas de esa incipiente fama tuvo algún minuto más y en la despedida del Athletic de Europa le hizo un gol al Torino. Pero le faltaba el rito iniciático, el aplauso metalúrgico que debe llevarse todo neófito que quiera ser alguien entre la vigas de ‘La Catedral’.

Cómo no, el milagro se produjo ante el Real Madrid. Zorros viejos, los bilbaínos arreglaron —no es la primera vez— la temporada en un par de semanas, Patxi. Pase a la final de la Copa del Rey —la Federación se ahorraría mucho celebrando un Barça-Athletic cada año— y victoria balsámica frente a unos merengues en desinfle. La puntilla la puso un Iñaki en estado de gracia. Una omnipresencia en el campo, la cobertura de todos, el descaro del veterano y la velocidad relámpago que faltaba desde Zarra y ‘Piru’ Gaínza. Todo conecta.

Iñaki, primer paso hacia el ‘lehendakari’ de color, lo hizo todo, lo fue todo. Hundió a Pepe, se atrevió con el caño a Cristiano, espoleó a un equipo que ha arqueado las espaldas a Aduriz de tanto llevarlo a cuestas este año y quién sabe si más. Oxígeno africano, golpeo inglés y visión alemana en la fábrica del Athletic. Las ‘txapelas’ no pudieron más que rendirse a la evidencia y sujetar el puro con los dientes para aplaudir y corear al joven Williams en medio del festival rojo del estadio más bonito de la Liga. El futuro ha vuelto a Bilbao, pues.

12/03/2015

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