¿Viste el golazo de Crespo?

HernánCrespoFIRMA DE FÁTIMA MARTÍN | Fulvio se despierta sobresaltado, envuelto en sudor y con el cuerpo enredado entre las sábanas. Queda media hora para que suene el despertador y empiece su jornada de viernes. Alarga la mano para parar la alarma del reloj y evitar que su esposa, que duerme plácidamente, se desvele. Lentamente, sale de la cama evitando que cruja el cabecero de madera. Entra en el baño de puntillas, cierra la puerta con pestillo y sumerge la cara bajo un buen chorro de agua fría. Al levantar la cabeza contempla su imagen en el espejo, casi como si no se reconociera.

¿Quién te ha visto y quién te ve? Reconócelo, Fulvio, estás hecho un asco. Marinella tiene razón, el fútbol te va a costar la salud. Dónde vas con esas ojeras, si te pareces a papá. En las últimas dos semanas, desde que el equipo no juega sus partidos, te han caído encima 20 años. Es ese maldito sueño, noche tras noche… La bufanda del Parma cayendo lentamente por el hueco de la escalera, y tú detrás, como un bobo, devorando peldaños hacia abajo, tratando de agarrarla inútilmente. Y, aunque no la distingues , un pálpito te dice que es la bufanda más antigua de tu colección, la que te compró papá a regañadientes minutos antes de la vuelta de final de Coppa del 92. Eras un renacuajo insoportable y sabías volver loco a ese viejo tacaño para que te diera todos tus caprichos. Comenzó el partido y él aún estaba pensando cómo le explicaría a mamá cuánto se había gastado en el regalito. Dudo que disfrutara de la primera parte. La Juve dio mucha guerra. Eso sí, el gol de Melli, al filo del descanso, le sacó de sus pensamientos. Te cogió en brazos y te lanzó al cielo varias veces, con toda su pasión desbordándosele por los ojos. Él, que te había inculcado los colores, te levantaba al cielo como si fueras su trofeo más valioso. La noche en que fuimos campeones por primera vez. Y eso que aquel cabezazo sólo empataba la eliminatoria, pero hacía justicia porque los blanquinegros se adelantaron de penalti injusto en Turín. El Ennio Tardini olía a victoria. Todos nos veíamos ganadores antes del definitivo tanto de Osio. Hasta Melli. El desgraciado de Alessandro Melli. Con todo lo que le costó a él y a sus compañeros construir aquel Parma campeón… Por Dios, Sandro, ¿qué nos ha hecho Ghirardi? ¿Qué director deportivo permitiría plantillas de más de 200 futbolistas? Dime, ¿nadie pudo denunciar eso antes?

¡Pobre papá! Cómo lloramos hace siete años, cuando los médicos nos dijeron que estaba perdiendo la cabeza. Aún se te pone un nudo en la garganta cuando le ves con la mirada perdida, ausente del mundo que le rodea. Pero reconoce que, en el fondo, le tienes envidia. Vive anclado en aquellos días en que éramos los mejores. El mes pasado, el día que logró reconocerte por última vez, te dio un beso en la frente y te dijo: “Fulvio, hijo, ¿viste el golazo de Crespo?”. ¡¿El golazo de Crespo?! Quisiera saber a cuál de todos se referiría el viejo loco. Tiene que ser alguno de los de su primera etapa en Parma. No creo que recuerde cuando volvió para evitar que descendiéramos. ¡Bingo! Tuvo que referirse al que le marcó al Marsella en la final de la UEFA del 99. Porque aquella final no la vimos juntos. La viste con Enrico. Tras la goleada no había quién nos llevara a casa ni al día siguiente quién se levantara para ir a clase. Aunque, pensándolo bien, no pudo ser ese gol. Porque no fue un golazo. Fue uno de esos mil goles del listo de ‘Valdanito’, que le robó la cartera a Blanc en una mala cesión de cabeza al portero, que vestía de negro. ¿Cómo demonios se llamaba? Da igual. La cuestión es que ése no fue un golazo. Pero si se refiriera a ése, sabrías que papá es feliz allá donde está. Tienes que pensar que es ese gol y no la tijera con la que mató al Cagliari en la temporada de su debut, cuando aún le estábamos conociendo. Fue un buen chicharro, pero marcar al ‘rossoblu’ no es lo mismo que triturar a los Blanc, Pirés y compañía en pleno apogeo del fútbol galo. Quienes dieron al Olympique como favorito no tuvieron en cuenta que el mejor francés era nuestro. ¡Bendito Thuram! ¡Vaya jugada se cascó en 3-0 de Chiesa! ¡Ese negro corriendo la banda, driblando rivales como si no costara, desde su área hasta la contraria, dándole el pase a Fuser en el momento adecuado! ¡Teníamos un equipazo! Buffon, Sensini, Cannavaro, Dinno Baggio, ‘la Brujita’ Verón… Y había vuelto Asprilla. Papá se ha quedado varado en esos años. Allí estará feliz.

Si te oyera Marinella te diría que cómo puedes alegrarte de la demencia de papá, que nunca conocerá a su nieto, aún en camino. Ella no lo entiende. Porque si el viejo viera cómo está el Parma y lo que nos han hecho, si sintiera la angustia de pensar que estamos a punto de desaparecer, si viera a Hernán pagando los viajes del juvenil y casi lavándoles las equipaciones para que puedan defender dignamente nuestros colores… Esto acabaría con papá. Si desaparece nuestro Parma, ¿qué crees que pasará con su nieto? ¡Dios, se hará de la Juve! ¡O, aún peor, del Bologna! No, eso papá no lo hubiera soportado. Y tú, Fulvio… Pues lo llevaras mal, no nos engañemos. Te hubiera encantado sufrir con tu hijo cada domingo, comprarle su primera bufanda o hablarle de los maravillosos 90. De la UEFA que Dino Baggio arrebató a sus ex compañeros de la Juve, de Minotti levantando la Recopa en Wembley, de la Supercopa de Europa que le quitamos al Milan, en la prórroga y en su casa, al igual que la Supercoppa del 99… ¡Cómo rabiaban!

¡Joder, porque éramos un equipo de la leche! Concretamente, de la Parmalat. Hoy nadie se haría una foto con Calisto Tanzi ni el logo de su empresa, pero hubo un tiempo en que lucía en el pecho de todos los grandes. Desde Peñarol hasta Benfica, desde Boca hasta Madrid. Medio mundo se mataba por participar en la Copa Parmalat. ¡El sinvergüenza de Tanzi, lo felices que nos hizo! Construyó aquel equipo a golpe de talonario, pero nadie podía sospechar que lo hizo inflando las cuentas de la compañía, defraudando a los inversores y evadiendo capitales. Y si alguien lo sospechaba, calló. Ese canalla jodió a mucha gente, pero ni el día que entró en la cárcel conseguiste odiarle. Y, visto lo que vino después, es normal que le guardes cariño. Sí, era un golfo, pero le dio todo al Parma. Los que vinieron después eran igual de canallas, pero nos lo quitaron todo hasta dejarnos en esta agonía. Dime tú si Ghirardi no es un malnacido. ¿De qué forma explicas ese ir y venir de centenares de futbolistas mediocres o acabados sino es que se hinchaba los bolsillos de comisiones mientras nos llenaba de deudas? Y eso sí se sospechó desde muy pronto, pero nadie hizo nada para pararlo. Ni la UEFA ni la Lega, que bien que nos masacran ahora impidiéndonos participar en la Europa League o restándonos puntos de la clasificación liguera. Aquellos que no fiscalizaron la venta a Ghirardi ni su gestión ahora aprietan con fuerza los clavos de nuestro ataúd. Libertad de mercado, lo llaman. Ni siquiera han puesto trabas a la llegada de Manenti. Le compró el club a Rezart Taçi, que jamás fue visto en la Romaña. Por un euro. ¿Y nadie sospechó? ¡Maldita sea! No han puesto ni una lira y no dejan de vender activos del Parma. Parece un castigo del cielo. ‘La Parca’ enviada para liquidarnos. Enrico dice que soy un cenizo, que la Sky está presionando para que la Federación nos rescate hasta final de temporada y después nos subastarán al mejor postor. ¿Cómo se defenderían nuestros futbolistas en el campo si nadie les promete cobrar todo lo que se les debe? No son la mejor plantilla que hemos tenido, pero, ¡demonios!, parecen los únicos que mantienen algo de dignidad en todo esto. Sin embargo ya no crees en nada.

Hay que reconocerlo, todos los parmesanos hemos sido unos ilusos durante años. La pasada temporada aún volvimos a soñar con pasearnos por Europa. Con Cassano, Marco Parolo y Amauri dirigidos por Donadoni. ¡Cómo celebramos aquella sexta plaza tras casi una década coqueteando con la Serie B! Ahí sí que quisiste que papá recuperara la memoria y explicarle que habíamos vuelto. Pero fue un espejismo. Por unas semanas te olvidaste de las apreturas económicas, de los problemas en el trabajo y, en plena euforia, compraste los billetes para las vacaciones. Dos meses después te enteraste de que ibas a ser padre y lo primero que pensaste fue en hacer socio a tu hijo. Si se obrara el milagro y volviéramos a jugar algún partido, tienes que ir al Tardini como sea. Aunque Marinella esté a punto de parir. Tal vez sea nuestro último partido y tienes que conseguir algún souvenir que puedas regalarle a tu hijo. Porque, sea lo que sea lo que nos depare el futuro, el Parma no morirá mientras esté en nuestros corazones. Con papá viviendo donde aún resuenan los goles de Crespo o con tu hijo regalando a tu nieto la última bufanda del Parma. Ahora, Fulvio, ¡espabila! Vas a llegar tarde al trabajo y, además de seguir con sus malditas bromas sobre el Parma, Roberto, ese jodido boloñés, se lo contará al jefe.

08/03/2015

Fátima Martín es periodista ex del diario MARCA y futmi.com

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